Aron Montana.
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Después de la cirugía de Estrellita, trate de contactar a Irina pero no obtuve éxito, incluso la fui a buscar a la casa de su padre pero fue en vano, triste por la pequeña tuve que volver, ya era tarde por lo que no había mucha gente en el hospital, entre al ascensor y estaba apunto de subir cuando a lo lejos veo venir a Kylie agachada distraída en el celular, mis ojos se perdieron en ella y de mis labios salió una pequeña y discreta sonrisa "Kylie tan linda como siempre" pensé mientras la veía acercarse.
Cuando kylie entro al ascensor, presionó al piso #14 y al instante el ascensor comenzó a subir, yo estaba detrás de ella y por unos segundos me quede congelado, con los ojos cerrados disfrutaba ese olor a flores que inundaban todo el lugar, el olor a Kylie.
-¿Cómo has estado.?- Pregunto inseguro recargado en la esquina del ascensor.
Kylie se estremeció al escuchar mi voz en seguida voltea para mirarme con sus enormes ojos verdes como un par de hermosas y perfectas esmeraldas.
yo le sonreí con nervios, su suave y tercio rostro se sonrojo y su pecho se movía con rapidez -me alegra tanto que estés bien, luces impresionante- aseguro rompiendo con el incómodo silencio.
Kylie no respondió hasta unos segundos después - oh, claro siempre, yo siempre luzco impresionante— balbucea nerviosa para luego volver a mira su celular.
Está claro que no hay tema de conversación pero quiero intentarlo una vez más, quiero saber más de ella.
-kylie yo... Yo ya no tuve la oportunidad de hablar contigo, en el pasado pasaron tantas cosas... Yo... de verdad perdóname-. Titubeo como un verdadero idiota, Kylie con una sonrisa forzada voltea a verme.
-solo eras un títere que tú padre movía a su antojo, no te preocupes que todo está en el pasado, ya vez hoy tenía la oportunidad perfecta de vengarme de ustedes y no lo hice, espero eso te aclare tus dudas- habla fría y sin sentimientos para detener el ascensor en el piso #13 y salir rápidamente.
Quería salir corriendo tras ella, quería tomarla entre mis brazos y no soltarla nunca más, lleno de rabia y de impotencia cerré con gran fuerza mi puño izquierdo y le di un fuerte golpe al ascensor, podía sentir el dolor en mis huesos pero prefiero el dolor en mi mano que en mi corazón, trate de controlarme o de lo contrario seguridad me sacaría del hospital, tome una bocanada de aire y trate de convencer a mi mente y a mi corazón que es imposible tenerla de nuevo ahora ella tiene una familia, lo mejor es mantenerme alejado.
Pero me niego hacer eso, ví su mirada su reacción, tengo que averiguar qué tan sólida es su relación con William y si tengo la más mínima oportunidad no la desaprovecharé, o al menos intentaré obtener su perdón.
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*Kylie Anderson.
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con los ojos cristalizados corrí hasta el baño, me mire al espejo y ví mis lágrimas bajar por mis mejillas -tonta Kylie Anderson ¿Que estás haciendo.? ¿Por qué aún te duele? Todo es pasado tu ya lo perdonaste, al menos a Aron, el era muy joven y no pudo protegerte, todo fue culpa de Sergio, además tu amas a William ok- me regaño tratando de aclarar mi mente, me limpio las lágrimas y regreso al ascensor tengo que subir a cardiología.
Esa noche tuve mucho trabajo, tuve que hacer a un lado mis pensamientos y concentrarme en lo que realmente importaba.
A la mañana siguiente mi turno había terminado, pase a saludar a mi padre y luego recogí mis cosas para irme a casa, antes de eso pase a la biblioteca por un libro, tenía dudas acerca de un tema (resonancia magnética cardíaca) y decidí investigar.
Estaba tan inmersa en la lectura mientras caminaba hacia la puerta del hospital que sin darme cuenta tropiezo con alguien provocando que su café se derramará sobre mi chaqueta.
-¡Por Dios! perdóname-. escucho disculparse a una voz basta familiar, de inmediato levanto la mirada para encontrarme con Aron un tanto sonrojado.
-¿tú? - musita sorprendido - de verdad lo lamento- dice apenado para luego sacar un pañuelo y me ayuda a limpiar.
y yo quedó como una estatua de piedra incapaz de moverme o articular alguna palabra, mi corazón latía con rapidez y mis ojos se perdieron en su rostro, en sus ojos, en su perfume que aún recuerdo a la perfección y su voz ronca que aún hace erizar mi piel.
estaba apunto de decir "no te preocupes" pero cuando volteo veo a William parado el la entradas del hospital con su mirada llena de rabia y decepción.
Mi corazón dolió al verlo, no había hecho nada pero sentí que lo estaba traicionado, bueno en realidad si lo traicione al desear a otro hombre.
-¿sucede algo? nena - Pregunta William, con la mandíbula tensa.