Minutos más tarde... Se habían separado finalmente, aunque ninguno de los dos realmente quería hacerlo. Hamsa debía volver a la realidad brutal que lo esperaba afuera. el muelle, los contenedores llenos de mercancía ilegal, Zadok esperándolo con esa paciencia infinita que solo él poseía, los negocios que no podían posponerse sin importar cuánto su cuerpo y su corazón le gritaran que se quedara aquí, en este apartamento silencioso, con esta chica que estaba destrozando sistemáticamente cada una de sus defensas cuidadosamente construidas durante años de soledad autoimpuesta. No quería irse. Cada fibra de su ser protestaba contra la idea de abandonar este refugio temporal donde, por primera vez en su vida adulta, había experimentado algo parecido a intimidad genuina que iba más allá del s

