—Soy su… yaaa… —respondió ella con voz rota, la boca abierta, la lengua apenas asomando entre los labios, saliva mezclándose con el agua.—Aaaah… aaaah… —otro gemido más agudo, más desesperado. Sus piernas temblaban en el aire, con los muslos abiertos al máximo, el agua cayendo por su vientre plano y resbalando por la unión de sus cuerpos, donde "Martillo" entraba y salía con un brillo viscoso de jugos y jabón. Hamsa no le quitaba los ojos de encima. La veía temblar, la veía abrirse, la veía perderse. «Me está apretando… ya se viene» —pensó él, sintiendo cómo "Rosita" se contraía en espasmos alrededor de su pene, succionándolo, pidiéndole más. Y entonces llegó. Melanie hizo una mueca que ni ella sabía que podía hacer: los ojos en blanco, la boca abierta en un grito ahogado, el cuerpo ten

