Mientras Zadok estaba con Absalón, Anhelina en su cita con Sebastian estaba desesperada porque el hombre no le contestaba. Zadok siempre le respondía casi al instante en todas sus conversaciones desde siempre, pero esta vez no había nada. Ninguna respuesta. Ambos estaban en la terraza del restaurante, con la vista de Central Park extendiéndose bajo ellos como manto oscuro salpicado de luces. Los violinistas que Sebastian había contratado tocaban una melodía romántica cerca de su mesa, con sus instrumentos produciendo notas suaves que flotaban en el aire nocturno. «¿Qué pasará? ¿Por qué no me contesta?» Anhelina miraba su celular bajo la mesa, con su pulgar deslizándose sobre la pantalla para revisar por quinta vez si había algún mensaje nuevo. Nada. Solo sus propios mensajes sin respues

