Mely lo miró durante varios segundos con expresión que permanecía completamente neutral. —Qué será estúpido loco. Sentía curiosidad, no podía negar que Ezra cada vez salía con cosas. Así que abrió la cajita y cuando vio su contenido, sus ojos verdes se ampliaron, con sus pupilas dilatándose mientras procesaban lo que veía. Su boca se abrió ligeramente, con sus labios separándose en jadeo silencioso que fue pura sorpresa genuina, sin filtros ni máscaras que la ocultaran. La cadenita. La cadenita de plata que el Dr. Webber le había dado antes de partir. «Mi… brazalete» El pensamiento resonó en su mente con mezcla de incredulidad y algo más cálido, más vulnerable que hacía que su pecho se apretara dolorosamente. Había creído que la había perdido para siempre esa noche cuando golpeó a Ez

