«Si que sabe pelear el loco»―dijo Mely con admiración. —Bueno a ti te secuestró, Ezra y a mí... —comenzó Melanie con voz que se había vuelto más pequeña, más vulnerable—, me secuestró Hamsa. Sus dedos se apretaron alrededor del brazo de Mely mientras los dos hermanos estaban completamente consumidos por su batalla física ahora. Rodaron por el piso en masa de extremidades que golpeaban, pateaban, y se agarraban con violencia que era mitad entrenamiento profesional perfeccionado durante décadas, mitad furia fraterna pura que no conocía límites apropiados. —¡Te ibas a casar antes que yo! —gruñó Ezra, con sus manos cerrándose alrededor de la garganta de Hamsa en agarre que amenazaba con aplastar su tráquea completamente. Sus dedos se hundían en la carne con fuerza brutal, con sus nudillos

