Mely se puso roja como tomate maduro, con el rubor extendiéndose desde su pecho hasta las orejas en ola de calor abrasador que la quemaba desde adentro. Su cuerpo, maldito traidor, tenía ideas completamente diferentes a su mente sobre cómo responder a este gran asalto sensorial. «¡Mierda, mierda, mierda!» —pensó con pánico creciendo en su pecho como marea subiendo—. «¡Contrólate!» Pero su cuerpo no escuchaba razones. Sentía una especie de humedad en su zona intima, ese calor líquido que no podía detener, que se intensificaba con cada segundo que Ezra permanecía presionado contra ella. Su vag1na se estaba mojando con aquella fricción constante del "Titán" restregándose contra su centro, y no había forma de negarlo o esconderlo. «¡Aaaah!»―pensaba teniendo el cuello rojo con su mirada fija

