—Entonces... puede ser Harrison —volvió Zadok al primer sospechoso con tono circular. Anhelina suspiró con frustración que tensó sus hombros: —No lo sé. De todas maneras, vamos a ver a Ezra primero. Escuchar su versión directa. Luego a Chen para mantener las apariencias diplomáticas y averiguar si sabe algo. —Está bien —aceptó Zadok con tono que se había vuelto más tenso—. Vamos a ir a ver al chino ese de mierda. Espero que no te toque ni un pelo. —Claro que no me va a tocar, Zadok —aseguró Anhelina con voz firme—. Sé que soy su amor platónico desde hace años, toda la organización lo sabe. Pero no voy a dejar que lo haga. Además, mi gatito estará ahí. Mientras decía esto, su mano comenzó a deslizarse desde su muslo hacia arriba, acariciando la tela del pantalón con dedos que conocían

