Comida. ―Mmmm, que rico huele.―dijo adormilada. Comida deliciosa que flotaba por el apartamento como llamado de sirena, penetrando bajo la puerta cerrada de la habitación. Olor a carne asada con hierbas, pan recién horneado, algo dulce que hacía que su estómago gruñera con urgencia renovada. Se dio cuenta con claridad abrupta que no había comido absolutamente nada desde el desayuno en la mansión Harrison. El almuerzo en el restaurante había sido interrumpido brutal por balas y sangre. Tenía hambre, hambre real que hacía que su cuerpo protestara. ―Tengo hambre. Fue entonces cuando notó la pequeña nota al lado de ella, descansando sobre la almohada como si la hubieran colocado ahí con cuidado deliberado. Era papel blanco doblado una vez, con escritura visible a través de la luz tenue.

