Así que, Zadok se quedó ahí observando aquello con mucho dolor, con sus ojos clavados en las sombras del segundo piso. Se imaginó este escenario hace días atrás, había visualizado cada momento horrible, pero verlo... Verlo era completamente diferente. Era la diferencia entre anticipar el dolor y sentir el cuchillo hundiéndose en carne viva. Sus manos temblaban sobre la mesa, cerrándose en puños sin objetivo. Las lágrimas habían dejado rastros en sus mejillas que no se molestó en limpiar. Observó cómo Sebastian se inclinaba más cerca de Anhelina. Observó cómo el hijo del presidente tomaba su mano nuevamente en gesto que se estaba volviendo demasiado familiar. «No puedo seguir así» No podía continuar existiendo en este limbo donde Anhelina era suya pero no era suya. Donde la amaba, pero

