«Espera» —pensó, sintiendo cómo algo se acomodaba en su mente como pieza de rompecabezas encajando perfectamente—. «Esto... esto puede servirme para mis planes. Si le dejo quedarse con el perro, si le doy lo que quiere en este momento, ella estará agradecida conmigo. Ahora entiendo a Absalón con Saleema» Sus ojos la estudiaron con renovado interés estratégico mientras continuaba su proceso mental, con su cerebro trabajando a velocidad máxima calculando probabilidades y resultados: «Necesito que sea mi novia primero, antes de hablarle de matrimonio o del mandato de papá o de tener un hijo. Si le suelto todo de golpe—"hola, te secuestré, ahora cásate conmigo y dame un heredero"—la asustaré» La idea se expandía en su mente con lógica que empezaba a tener sentido perfecto, como estrategia m

