La tarea que me dio Angie, era una locura. Nunca iba terminar de limpiar todo el infierno, ni aunque trabajara 100 años. Por cada área que limpiaba, aparecía otra distinta, no sabía si lo hacían a propósito para hacer mi castigo más largo o si de verdad el infierno era mucho más grande de lo que imaginaba. Cansado dejé mi castigo para pedirle a Angie que me diera alguna otra actividad que pudiera hacer, pero cuando llegué a su lugar, ella estaba postrada cerca del trono gritándole algo que solo ella podía ver. Quise acercarme, pero me gritó que me fuera, no le hice caso e intenté hacerla reaccionar, estaba en un estado de ansiedad extrema. -Cálmate Angie, estoy aquí. -Humberto, ¿eres tú? -Si, tranquila. -Oigo más voces de las que escuchaba antes. -¿Quieres que me quede contigo?

