“Ayúdame, por favor”, te ruego que me salves”
Desperté al sentir un frío intenso, observé a mi alrededor y me di cuenta que estaba en el lugar de castigos. Dios y el ángel celestial estaban atrapados en celdas hechas de fuego al igual que yo, entonces recordé lo que había pasado.
-¿Qué ocurrió?, ¿por qué estamos aquí?
Dios no respondió, solo se quedó mirando el horizonte como si estuviera congelado.
-¿Dios?
-Fue el rey de los demonios-dijo el ángel celestial-él nos encerró aquí y secuestró a todos los ángeles.
-¿Lucifer?, hay que detenerlo, si nos apuramos.
-Ya es tarde Angie, ya ganó. Todos los ángeles se pusieron de su lado.
-No puede ser…¿incluso Alice?
-Ella ya no está Angie.
-¿Cómo que ya no está?
-Lucifer la quemó hasta convertirla en cenizas, no es más que polvo.
-No…
-Temo que sí.
No podía ser cierto, Alice había muerto por mi culpa y me sentía como una criatura peor que los demonios.
“Ayúdame, por favor”
Humberto, me había olvidado de él. Estaba en problemas y debía ir a salvarlo. Pero debía descubrir la forma de salir de la celda antes de hacerlo.
-¿Tuviste una buena siesta Angie?
-Itan, ¡sácanos de aquí!
-¿Crees que te sacaré de allí tan fácil?
-Entonces sácame a mí.
-Hay un ejército de ángeles oscuros allá afuera, dudo mucho que puedas hacer algo tú sola. Y si pensabas ir al infierno, mejor olvídalo porque ya no puedes hacerlo.
-¿Cómo que ya no puedo?
-Lucifer te quitó tus poderes de demonio y ahora solo eres un simple ángel común y corriente.
-¿Ya no soy un demonio?
-Por cierto, lamento lo de tu amiga, ella era muy buena en la cama.
-¡Cállate idiota!, ¿cómo pudiste dejarla morir?, tu, que tanto decías amarla.
-Yo nunca la amé. Era bonita, pero no era mi tipo.
-Eres un idiota, ella confió en ti y tu solo la utilizaste.
-¿No me digas que estabas celosa?
-¡Cállate imbécil!, agradece que estoy encerrada porque si no…
-¿Si no que?, estando allí no puedes hacer mucho.
“Por favor, ayúdame”
Humberto, discúlpame. En ese momento una serpiente se lanzó sobre Itan y le mordió el cuello provocando que se quedara inconsciente. La serpiente tomó su forma de demonio y nos liberó de las celdas.
-Aisha, ¿Por qué me ayudas?
-Siento lo que te hice amiga, no quería hacerte daño, pero me obligaron a hacerlo.
-¿Cómo está afuera?-le preguntó el ángel celestial.
-Está repleto de demonios, no pueden salir de aquí así-Aisha nos convirtió en demonios al ángel celestial y a mi.
Le dije a Dios que saliera, pero no me hizo caso.
-¿Qué le pasa?
-No reacciona Angie, hace días que está así.
-Apúrense.
-Entonces, me quedo con él.
-Pero…
-Ve a salvar a tu protegido, yo me quedaré con Dios.
-De acuerdo.
-Vamos, apúrate.
-Sí.
Seguí a Aisha y cruzamos el portal que estaba en el cielo.
-Que desolado.
-Sí, el infierno ha estado algo vacío desde que los portales se abrieron.
-¿Sabes dónde está Humberto?
-Tú sígueme.
-¿Puedo confiar en ti?
-Júzgame.