FRANCIS RIVERA
No voy a mentir, no estoy en El Salvador únicamente por motivos personales, he venido por negocios también, por metas laborales que incluyen al país más seguro de LATAM como un reto personal. Con tantas reformas y consolidación del gobierno Salvadoreño es imposible creer que exista algun canal de transferencia aquí.
El negocio se expande cada día, y como dirigente del área debo encargarme de conseguir la materia prima.
Estrecho la mano de quien es mi encargada de conseguir y transportar la mercancía a México, Ana Sandoval, ex Miss Universo con la banda del país que visito. Una mujer que representó la esencia y valores de una mujer latina pero que ahora, estando en quiebra, representa la desesperación pura.
Y una mujer que lo tuvo todo cuando ya no tiene nada es capaz de lo que sea con tal de recuperar su estatus.
Sonríe y sus arrugas se acentúan. La felicidad con la que recibe el maletin que mis hombre le dan no le cabe en la cara, es su primer pago. Hay mas billetes allí de los que alguna vez vio en toda su puta vida.
—Sigue trabajando, habra más de donde vino eso.
Me ha funcionado los últimos dos meses, su falta de empatía y sentimentalismos la hacen perfecta para el puesto.
—Claro que sí, jefa.
Salgo del departamento sosteniendo mi sombrero, afuera el sol está en su punto más alto y respiro el aire de la tierra que llevo contaminando desde hace ocho semanas. No se imaginan lo rápido y fácil que es dañar las manzanas buenas y dulces del bowl.
No hay nada que el dinero no compre.
—Señora, el avion ya espera por usted —Me avisa mi asistente.
Es momento de regresar a México.
Pero antes hay algo que necesito hacer, saco las llaves del vehículo y conduzco junto a Pepe hasta el lugar donde se hospeda mi hija. No me estaciono frente a la casa sino que sigo de largo cuando la veo salir con el hombre atractivo con quien estuvo casada hace años, ambos entran al auto aparcado enfrente y a juzgar por el bamboleo y los vidrios empañados asumo que estan pasando un rato agradable. No obstante, la situación pasa a ser incómoda cuando una mujer les toca el vidrio de la puerta del copiloto. Entonces, el auto arranca a toda prisa y no me queda más opción que seguirlos con cuidado.
No iré a Mexico sin antes volver a intentar mantener una conversacion menos fallida con mi hija. Sé que he sido una mala madre y que no tengo ningun tipo de derecho sobre ella, pero la culpa sobre lo que vivió en China me jode la existencia. Y quiero, necesito, redimirme, alivianar de alguna forma lo que sucedió.
Pepe no dice ni una palabra mientras conduzco y no me detengo hasta que el vehículo se estaciona frente a una farmacia. Es el hombre quien baja y aprovecho para descender, dejando el auto encendido destras de mí.
Biana es quien maneja, baja los vidrios buscando aire, se ve asustada. Pega un salto cuando me ve al lado de la ventana.
—¡Carajo! ¡Me has asustado!
—Lo siento... No ha sido mi intención, solo quiero hablar.
Y extrañamente su respuesta es diferente a la que esperaba.
—Yo también.
Ya me veía persiguiéndola por meses durante una constante entradera al Salvador, pero ha sido mas fácil.
—Vale, ¿Te parece si vamos a otro lugar?
Titubea, echa un vistazo hacia la farmacia pasando saliva y asiente. No está segura, pero al menos cede.
—Eh, ahora yo necesito hacer algo...
Imagino que su ex esposo debe estar comprando pastillas de emergencia, a juzgar por el interior del vehículo y las toallas regadas en el suelo del copiloto no creo que hayan parado acá para comprar productos de higiene.
—¿Te importaría esperarme un momento?
La frente le suda y el joven con rasgos árabes marcados y sumamente apuesto sale de regreso con una bolsa blanca que cubre los productos internos.
Asiento.
—Esperaré en el carro de atrás.
Ella asiente muchas veces, todas rápidas. Mira por el retrovisar al vehículo que tiene a sus espaldas y yo regreso, convencida de que su aventura con el hijo de puta que la introdujo en el movimiento organizacional de trafico humano fue un simple error. A simple vista se nota que está enamorada de quien la acompaña ahora.
Lástima que pequeños tropiezos terminen en fracturas abiertas.
—Su hija es algo atrevida, ¿no le parece?
Pepe tiene una expresión burlona
Y sonrió, orgullosa.
Biana era una niñata tonta, tímida y santurrona. Me agrada verla siendo libre. Digna hija mía.
—Yo la parí, algo debia heredar de mí ¿no te parece?
El avión no despegará sin mi, asi que tengo todo el tiempo del mundo para organizar un poco mi vida personal antes de partir.
●●●●●●●●
BIANA TORRES
Las manos me tiemblan y termino de tomarme el agua que Nader me trajo. Ser pillados por Margot y luego por mi madre recien aparecida me ha puesto al borde de los nervios.
—Cálmate un poco, no pasa nada.
Efectivamente, no hay nada de malo en follar con mi ex marido. Somos conocidos, hay confianza.
Respiro profundo y asiento.
—Necesito que sigas el vehículo de atrás cuando me suba a él —alza una ceja extrañado—. Allí está mi madre, no quiero quedarme a solas con ella... Hay algo que no me cuadra.
—De acuerdo.
Deja su mano sobre mi rodilla, en un gesto de apoyo que me hace sentir mejor.
Tengo mis dudas con respecto a la mujer que me parió, pero por alguna razón voy como mosco directo a la luz. Quiero creer que puedo tener una vida normal, que puedo tener una madre después de mucho para ayudarme a sanar las heridas de mi infancia.
Me bajo, insegura, viendo a Nader que me da ánimos y obligándome a creer que todo estará bien. En el auto donde aguarda la señora que me gestó hay un sujeto que está al volante, ella espera atrás y es quien abre la puerta desde adentro. Al subir noto el olor dulce de su perfume, todo luce ordenado, impecable.
Miles de preguntas saltan en mi cabeza, ¿dónde estuvo todo este tiempo? ¿Por qué apareció ahora? ¿qué hace con su vida?
—Te debo muchas explicaciones, Bi —empieza, su voz es tranquila. Que hable tan pausado me genera cierto tipo de mala energia, pero lo dejo pasar—. Pero antes quiero saber cómo has estado tú, que ha sido de tu vida.
No sé como tomar lo que dice.
—¿En serio te desapareces por años y esto es lo prinero que vas a preguntar?
—Biana...
Mierda, mierda, mierda.
—Lo siento, ¿vale? —Estoy a la defensiva, necesito calmarme si quiero que esto funcione—. Yo... Ehm, estoy bien, he estado bien.
Es al final lo que necesito para estar en paz con mi niña interior.
—¿Cómo está mi mamá?
No puedo creer que esté teniendo esta conversación, parece irreal.
—La abuela tambien está bien, hemos estado bien... Nuestras vidas han mejorado un poco.
Despues de regresar a Costa Cruz, luego del rescate en China, obtuve una beca completa en la universidad. Con el intercambio temporal me hice espacio en España y pude mudarme con ayuda de Spence Lombardo. Tuve suerte, Massimiliano había dejado pago varios semestres por adelantado antes de todo el desastre, así que los meses que perdí pude recuperarlos.
Sonríe, y por primera vez la percibo real, genuina.
—Estudié en la universidad, me gradué con un sobresaliente en relaciones internacionales —Es lo único que se me ocurre decir—. Yo... me he esforzado mucho para mejorar la calidad de vida de la abuela, y la mía.
Y sus ojos se llenan de lágrimas.
—Lo sé, mi cielo, has sido una guerrera. Una mujer capaz de todo.
Ya no sé que más decir, y asiento como una tonta, esperando que se me ilumine el cerebro para añadir algo más a la conversación que rápidamente muere.
No hallo palabras, ni siquiera pienso. Entonces ella empieza a hablar.
—Cuando decidí irme lo hice por tu bien —Suelta, hasta parece un cliché de las madres que abandonan a sus hijos
Todas dicen la misma frase—. Me fue difícil lidiar con mi adicción a las drogas, conseguir un motivo para querer mejorar.
—¿Tu propia hija no era un motivo suficiente? —me llena de rabia su confesión.
Niega.
—No, no eras suficiente. Yo era una enferma dependiente, fue mas fácil para mi tirar la toalla y abandonar a mi familia, a mi hija, a mis padres... Después de todo, tú estabas mejor cuidada por ellos que conmigo —Observo con cuidado cada gesto, cada expresión, y por más que trato de conseguir mentiras en lo que dice solo hallo palabras sinceras, y me duele—. Lo siento mucho, hija. Tú no merecías nada de esto.
El auto que sigue andando se dirige a las afueras de San Salvador y mi madre, limpiándose las lágrimas suelta lo que jamás llegué a pensar en escuchar salir de su boca.
—Soy la dama de México y, antes de que interrumpas quiero que sepas que no tenia ni idea de lo que pasaste en China.
Me quedo callada.
—Me enteré recientemente —Finaliza.
Estoy muda, impactada y paralizada.
Ni siquiera sé bien como tomar lo que ha dicho.
Tiene que ser una puta broma.
La risotada que suelto le arruga la cara. Que me vea fijo y a la espera de una respuesta me hace saber que lo que ha dicho es en serio.
En la base de Madrid escuché muchas veces acerca de la mujer que manejaba la mafia Mexicana, misma que al parecer asesinó a su marido, quien era antes el Patron, amo y jefe de la movida. Nunca me interesé por saber más sobre el personaje, tampoco tenía una cara asociada, había un grupo que la investigaba a ciegas. Nadie sabe cómo se llama, solo que es una mujer poderosa quien tiene al gobierno de Mexico agarrado por la barba, manipulando a su antojo todo el territorio y extendiendo raices venenosas por toda Latinoamerica y el resto del mundo.
Mis ojos siempre estuvieron fijos en la Yakusa y en la Mafia Italiana por el tráfico humano.
—Cómo sabes lo que sucedió en...
Me callo, todavia no asimilo bien lo que acaba de decir.
Qué tiene que ver ella con la Yakusa exactamente. Por qué sabe lo que me ocurrió.
—Mi ex marido se alió con la Yakusa en 2003, al morir yo tomé el control de todo. Mi gente se encarga de conseguir mercancía: mujeres, niños...
Dejo de escuchar. La taquicardia no tarda mucho en aparecer, el hormigueo que toma mi cara me hace parpadear para tratar de reaccionar y salir del trance nervioso al que acabo de entrar. Los músculos de mi brazo izquierdo se contraen y aprieto tanto la mandíbula que la presion en mis muelas amenaza con partirlas.
Tenía un año exactamente sin atravesar tantos ataques de pánico seguidos, tener una recaida despues de tanto tiempo es agotador, me noquea.
Mi primer movimiento es abrir la puerta del auto para bajar de allí, sin importar que vaya en movimiento. El vehículo se detiene, escucho las bocinas de los autos que vienen detras. Mi madre grita mi nombre detrás tratando de hacer que regrese. No titubeo ni un segundo, mis pies se apresuran.
Debo alejarme de aquí.
Respiro demasiado rápido y no veo a los lados cuando atravieso la calle donde enseguida las bocinas resuenan, llamando la atencion de los transeúntes que ven a la loca atravesarse en medio.
—¡Biana!
Me niego a volver.
—¡Biana! —No sé en qué momento me alcanza, cogiendo mi brazo para que me detenga. Su expresión es serena, no le veo ni un atisbo de pena, o arrepentimiento... Tan siquiera un poco de empatía. No hay nada, solo unos pozos oscuros y frios que me observan bajo sus copadas y artificiales pestañas.
No puedo creer que este monstruo es mi madre.
No me pesa la mano y tampoco lo dudo para voltearle la cara de un bofetón. Estoy temblando, ella apenas se mueve.
—¡En tu puta vida vuelvas a buscarme!
El grito que le pego es fuerte, no dejo de estremecerme con la ansiedad que tiene a cada fibra de mi cuerpo en contracción, temblando y con la piel de gallina.
—¡Olvídate de mí, eso lo sabes hacer muy bien! Y regresa a ese maldito pozo de enfermos de donde saliste. El papel de la buena madre no te queda.
Le doy la espalda y no vuelvo a mirar hacia atrás. Espero que no me siga y agradezco cuando llevo tres cuadras caminando con el pecho apretado y no hay alguien que me aborde. Me detengo en una esquina y Nader se estaciona delantebparabque suba.
Le agradezco que no diga nada durante todo el camino de regreso a su casa. Necesito estar sola y asimilar lo que acabo de descubrir, cuando esté mejor lo hablaré con él y Margot.
Al llegar conseguimos a Margot, Candel y Valentín charlando en la sala. Tienen una pizarra con datos anotados.
Barro el espacio, analisando sus caras. entonces mi mejor amiga habla:
—Debemos partir a Pekin, hemos perdido mucho tiempo ya.
No respondo, tampoco celebro.
Ellos se ven entre sí y Nader avanza hasta sentarse al lado de Candel.
—El origen de todo no está en China —Suelto, y me maldigo por cagarla en grande. Acabé de arruinar la entrada más segura que teníamos para romper desde adentro toda la red de tráfico humano—. Carajo...
Evado al grupo, necesito acostarme un rato. Tal vez una siesta mejore mi estado de ánimo y oxigene mi cerebro.
Soy una bruta, una impulsiva.
—Hey, hey, hey —escucho la voz de Candel—. ¿Esta a donde se va?
—Ni idea.
Corro por las escaleras directo a la habitación donde me quedo, por más que piense no hallo salidas. Fui bastante clara, le dije que no volviera a buscarme, y ademas le pegué... ¡Le pegué! Tal vez su cargo de consciencia la hagan volver a mí, pero una mujer que entregue a niños en manos de depredadores no debe tener ni una pequeña chispa de consciencia, mucho fue que quisiera volver a verme después de abandonarme.
—¡Ah, maldita sea!
No podemos ir a China para meternos en la cueva del lobo sin la protección de Spence cuando mi maldita madre es la cabecilla de toda la red. Es un riesgo innecesario teniendo otra opción. Una más directa y segura.
Margot no tarda nada en aparecer. Sus ojos analíticos se posan sobre mí.
—¿Que coño fue eso? ¿Qué te pasó?
—Es mi mamá —Me tiro sobre la cama, agarrándome la cabeza, frustrada—. Es mi mamá la Dama de México, se enteró que fui secuestrada y expuesta en la red de trata de blancas y quiso redimirse por ser ella quien lidera todo.
Sus ojos se explayan.
—Es la entrada perfecta, ¿no? Fingir querer a mi madre, volver a relacionarnos y meterme en su mundo.
No dice nada.
—Pero hace veinte minutos le pegué la mejor cachetada que he dado en toda mi vida, sin pensar en nada.
Apenas y parpadea.
—¡Dime algo!
Y rompo a llorar.
Cómo es posible que mi madre sea la causante de tanto dolor y angustia a nivel mundial. Podría aceptar que venda drogas, que robe piezas de arte, incluso, que fuese la Madame de un burdel ¿Pero dirigir una organización que secuestra y prostituye mujeres y niños? Eso jamas podría perdonárselo.
Me llena de tanta rabia saber que la mujer que me trajo al mundo apenas y era cruel antes de abandonarme. La odiaba sin saber que su versión actual es la peor de todas.