Allen Acostando en la cama, escucho el celular que no deja de sonar, algunas son llamadas y otras, por el tono de voz, son mensajes de w******p. Bajo la mirada hasta mi celular, que descansa a unos centímetros de mí, se enciende y se apaga con cada llamada que entra y finaliza, pero a mi cargo de consciencia, no pienso responder a alguna de ellas, sé que muchas de esas llamas y mensajes son para buscar, al menos, una impresión de mi parte. Cierro mis ojos, intentando dejar mi cabeza en blanco, dejar de pensar en el escándalo que el señor Anderson provocó, y, aunque la duda me invade del por qué hizo tal cosa, no hay que ser muy inteligente para discernirlo, todo se debió a la tardanza de la firma del divorcio, y por querer retener a Gala a toda costa. De esa misma manera, con un sinfín

