Capítulo 2: Una gran noticia.

1672 Words
Narra Melody —¿Cómo te sientes? —Mentiría si digo que me siento bien, la verdad no me gusta llegar a casa y encontrarme con estas cosas. —Vi la entrevista y la verdad las redes no ayudan, pero no te preocupes, todo estará bien, ya lo verás. —Gracias por apoyarme y entenderme, de verdad. Prometo hablar con mis padres antes de volver a Madrid. —Está bien, no llamo para presionarte, tú sabrás cuando será el momento indicado para dar la noticia. Mi corazón se agita y muerdo mis labios. —Espero verte pronto, ya te extraño. —Yo te extraño mucho más. Corté la video llamada y me senté en el borde de la cama, dejé caer mi cuerpo y observé el techo unos minutos, luego reparé mi antigua habitación y muchas cosas seguían en su lugar, pero no dejaba de sentirme extraña. Recuerdo el día que empaqué mis cosas para irme a la universidad, quien diría que luego de ese día, la visión de todo lo que pensaba cambiaría. No volví a mi hogar, una vez me gradué de medicina con honores, viajé directo a Madrid a hacerme cargo de la clínica de mi difunto abuelo y me radiqué en un apartamento a seguir viviendo de manera independiente. Este es mi hogar, pero el lugar a donde actualmente estoy, ya se siente mucho más cómodo para mí. La mañana siguiente desperté muy temprano como es costumbre para mí, bajé a la planta principal y saludé a las personas que trabajan con mis padres. Casi todos llevan muchos años aquí con nosotros y me han visto crecer a mí y mis hermanos. —Señorita Melody, que bonita está. Siempre que viene luce más radiante —dice el jardinero entregándome un par de guantes. —Oh, es que soy como el vino. El hombre se ríe y me genera mucha ternura. —¿Quiere que le ayude a recoger las flores o puede hacerlo sola? —Está bien, puedo hacerlo sola. Vaya a terminar lo que hacía. Muchas gracias. Recogeré flores que más tarde llevaré al cementerio, iré a visitar a mi abuelo Octavio Alamar quien hace dos años partió de este mundo. Fue sepultado aquí en New York, pues aquí vivió sus últimos años y los que él decía, los más felices de su vida. Esta fue su última voluntad, pidió que sus restos estuvieran aquí para que sus nietos pudieran visitarlo con frecuencia y llevarle flores. Por eso, cada que vengo esto es lo primero que hago. —Mi pequeña madrugadora —escucho la voz de mi padre. —Papá, buenos días. Él me abraza y deja un beso en mi cabeza. —¿Cómo dormiste? —Bien, tuve un sueño reparador —mentí, pero no quiero causarle angustia. —¿Tú cómo estás? Él no responde, solo hace un gesto que su boca y es todo. —Papá, sé que Made hizo mal con decir esas cosas, pero quiero que la entiendas. Hablé con ella y me ha dicho que mamá y tú no han parado de discutir, ¿Qué pasa? —No lo sé —responde negando con su cabeza—. Estamos en terapia de pareja, ambos decidimos hacerlo. Eso fue un golpe a mi pecho, no tenía idea que mis padres estaban yendo a terapia. —Bien, me gusta que están intentando hallar solución a sea cual sea su problema. Él asiente y da un paso al costado para marcharse. ¿Qué demonios pasa aquí? Lo miré alejarse y en medio de su camino aparece mi madre, ambos se observan y una vez más ella le da esa sonrisa que me confunde. —¿Estás lista? —me pregunta ella. —Sí, ya estoy terminando de recoger las flores. Durante esa mañana traté de hablar con mamá, pero no fue mucho lo que pudo decirme, mencionó lo mismo que mi padre. —¿Cómo están manejando el asunto de sus redes con todo esto que pasó en la entrevista? —Su equipo se está haciendo cargo, no te preocupes, ellos saben cómo manejar estas cosas. —¿De verdad no hay nada de qué preocuparse? —Sí, tu padre no tendrá problemas, tranquila. Estoy en la edad para saber que miente y que lo único que intenta es no preocuparme. También, estoy en la edad de fingir y sonreír asintiendo como si le creyera. Más tarde estábamos en casa, mi hermana, mi madre y yo estábamos preparando la cena. Sabía que este plan de hacer algo juntas podría mejorar el ambiente y creo que lo estoy logrando. —¿A qué hora llegarán los gemelos? —le pregunté a mi madre metiendo el pavo relleno al horno. —En una hora y media aproximadamente estarán aquí. Tengo dos hermanos que acaban de cumplir la mayoría de edad, Luka y Caleb. Ambos acaban de irse a la universidad, vendrán unos días a casa luego de estar fuera un tiempo. —¿Cómo les estará yendo en sus clases? —Creo que bien, Edward habla mucho con ellos, ahora más porque como ambos quisieron estudiar ingeniería, se han apoyado mucho en tu padre para comprender algunas cosas. Asentí poniéndolo en duda, no es que les tenga ponga fe, solo que los conozco muy bien y siempre se viven metiendo en problemas. —Eso me alegra mucho. ¿Y tú Made? ¿Cómo van tus clases? —Bien —responde sin más. Made tardó un poco más que mis hermanos en escoger una cerrera, empezó con negocios y luego de un mes no quiso seguir lo que enfadó mucho a mi padre, luego intentó algo más y tampoco estaba segura. Mi padre quería enviarla a una universidad en California, pero ella se negó y al final quiso quedarse en casa para estudiar lo mismo que mi madre, arquitectura. —Huele muy bien, ¿qué están preparando? Mi padre aparece y su semblante luce mejor. —Melody planeó una cena familiar, nosotras mismas estamos preparando la comida. —Como los viejos tiempos —dice con una pequeña sonrisa en sus labios. Hasta ahora las cosas iban bien, tal como esperaba, necesitaba que todos estuvieran relativamente bien y en especial mi padre, para que escuchen lo que tengo por decirles. Un par de horas más tarde, los gemelos llegan a casa. Mis padres se veían más iluminados con todos nosotros de regreso en nuestro hogar. Como en los viejos tiempos, estábamos todos sentados en una misma mesa esperando disfrutar de una buena comida. —Cariño ¿Isabella sabe que estás en la ciudad? Isabella es mi mejor amiga, es hija de la mejor amiga de mi madre, Clara. —No, no lo sabe, espero mañana darle la sorpresa. —Isabella está trabajando ahora en la empresa que David construyó, se la llevan muy bien. Eso me dijo su madre la última vez que nos reunimos. Clara no vive tan lejos de casa, por lo que entre ellas se la mantienen en constante contacto. Hablábamos de todo, menos de aquel tema con Madelyn, intentaba evitarlo para que la armonía no se perdiera. —Me alegra verlos a todos en casa, me hace feliz que al final del día, todos retornar a su nido. Estoy orgulloso de ustedes —dice mi padre—. Aunque tenga mis decepciones de vez en cuando. Made deja de cortar su proteína y deja los cubiertos en un lado. —Bien, también me encuentro muy feliz, no saben cuánto los extrañaba. No dudé un solo segundo en viajar cuando tuve mis días libres —comenté desviando el tema—. En la clínica todo marcha muy bien, recibimos un reconocimiento el mes pasado, no sé si les había comentado. —¡Vaya! ¡es asombroso, hermana! —suelta Caleb. —Sí, también estoy pensando en hacer mi doctorado. Espero a final de año poder hacerlo, estoy nominada a recibir una beca. Esa era una de las noticias, la primera de dos muy importantes. —¡Dios! Mi madre se levanta de su lugar y corre a mi asiento para darme un abrazo. —Siempre nos das esas buenas noticias —dice ella con voz entrecortada—. Mi pequeña niña genio, muy bien. —Cada vez dejas la vara más alta para el resto de nosotros —menciona Luka—. Ahora papá será dos veces más exigente. —No, claro que no, cada uno tiene un ritmo diferente. Ustedes sigan su propio proceso, no tiene que ser igual que el mío, ni menos iguales que yo. Eso ultimo lo dije mirándolo a él. —Felicidades, mi amor. —Gracias, papá. Estaba buscando un momento de la cena para comentar eso otro que tengo dentro de mí y que me está matando, pero era casi imposible. La cena estaba por terminar y yo no encontraba un espacio coherente para hacerlo. —Tendré que buscar una asistente próximamente porque la que tengo está a punto de dar a luz —dice luego de darle el primer bocado al postre—. Si conocen de alguien capacitado y que tenga buenas referencias, me lo hacen saber. —¿Ya está embarazada? Esa mujer se casó hace poco. —Sí, así es. —Se casó su asistente que es una señora casi de la tercera edad y aún ella no lo hace. —Luka, no digas esas cosas. —Lo siento, Melody. —No te preocupes —dije con una sonrisa nerviosa. —No te presiones, mi amor. Desde siempre hemos respetado tu decisión de no querer tener hijos y no querer comprometerte, así que no le hagas caso a tu hermano. —En realidad, voy a casarme —dije sin mirarlos y lo que vino después, fueron risas de parte de ellos. —Claro, el matrimonio de Melody sucederá cuando llueva para arriba —dice Made entre risas. —Es real —respondí algo apenada—. Voy a casarme. Las risas paran de repente, luego escuché cuando el tenedor de papá cayó en su plato.
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