Capítulo 3: “Voy a casarme”

1690 Words
Narra Melody —No quiero casarme, no quiero tener un compromiso que me limite. Disfruto mi vida así, me gusta como estoy. Sé estar sola y prefiero seguir invirtiendo mi tiempo, mi energía y todo lo demás, en mis estudios. Amo mi vida así tal cual como está. Cosas como esa, respondía siempre. Digamos, que acostumbré a mi familia y todos a mi alrededor, a esa mentalidad. Así que, por eso no me sorprende su reacción. Desde que era muy pequeña jamás fantaseé con nada que estuviera relacionado al amor, me atrevo a decir que no creía en el. Lo que no me convierte en un ser insensible, tampoco un ser arromántico, digamos que es algo intermedio o que quizás ni yo sé al final de cuentas. Desde que tengo conciencia soy un poco más racional que emocional ante todas las cosas que hacía. Creía en aquello que la ciencia comprobaba, no en lo que los sentimientos les hacían a las personas creer. Podía justificar las sensaciones hasta de un simple beso, más que compartir fluidos y bacterias con otra persona, sucedían más cosas que las personas comúnmente no ven, por ejemplo, besar a una persona provoca la liberación del neurotransmisor serotonina para sentirse bien. A medida que aumentan los niveles de serotonina en el cuerpo, el estado de ánimo mejora y nuestros cuerpos también aumentan la producción de una hormona llamada oxitocina durante un beso. En fin… Tuve un par de novios, pero, mis relaciones no fueron duraderas; creo que no éramos tan compatibles a final de todo, digamos que suelo fijarme en muchas cosas que pueden ser mínimas para algunos, pero para mí pueden ser una razón para terminar con alguien. Para terminar con esta breve introducción de mis ideologías, eso del amor a primera vista, las mariposas en el estómago, la historia del hilo rojo que une a las personas que están destinadas a ser almas gemelas, a mi parecer podían ser verdades absolutas que cualquier persona podía creer; pero para otras, como yo, el amor y todo eso del enamoramiento, eran mitos que se inventaban aquellos que tenían emofilia y poseían una "promiscuidad emocional". Por tal razón le daban tanta importancia a vivir etapas amorosas y ansiosas por enamorarse y se sentían enamoradas con bastante frecuencia. —Al menos eso lo dijo un investigador, Jones, en dos mil diecinueve. La niña que no toleraba ver esas parejas exageradamente empalagosas y que no compartía esas creencias, que veía el matrimonio como una asociación poco conveniente porque luego de unos meses o años de casados, aquel efecto del cuerpo termina y los defectos del otro se hacen más evidentes. “La supuesta magia del amor” se acaba y luego terminan separándose para enfrentar traumas de la separación. Los gastos del abogado, la división de bienes, las consultas con el terapeuta, más el tiempo de depresión, creo que quiero saltármelos. Gracias, pero next. Esa niña, conoció a alguien llamado Paul Longworth y se terminó enamorando. —Es real —respondí algo apenada—. Voy a casarme. Las risas paran de repente, luego escuché cuando el tenedor de papá cayó en su plato. —Está bromeando, lo hace todo el tiempo, no le crean —dice Luka señalándome con su cuchara llena de relleno de chocolate. No asentí, pero tampoco negué. —Espera, ¿es enserio? —dice mi madre borrando la curva en sus labios. —En realidad, sí, no estoy bromeando, familia… Sorpresa. Sonreí, pero nadie compartía esa “emocionante noticia” —¿Desde cuándo mi pequeña hija…? ¿Cómo que te vas a casar? —¿Por qué me miran así? —cuestioné reparando a todos. Los ojos de mis hermanos estaban de par en par, mi hermana dejó de mascar y creo que mi padre no respira. —Ay Dios, en mi mente esto parecía más sencillo, incluso los visualicé festejando. Qué difícil es. ¿Alguien quiere más postre? Nadie dice nada, todos eran mudos. Un rato más tarde, estábamos en la sala de estar, ya no con un postre, sino con una copa de vino. Todos estaban sentados frente a mí, era como si estuviera en un paredón. —¿Cómo se llama? —pregunta mi padre. —Paul Longworth —respondí sin pensar tanto, es como si me analizara en su interrogatorio. —¿Qué hace? —Es empresario e inversionista —¿Dónde lo conociste? —En Madrid, fue el inversionista de la expansión de la clínica. En realidad, me enseñó cómo funciona esto de los negocios y estamos asociados en varios proyectos. Mi madre se impresiona por eso que digo. —¿Tiene hermanos? —No, es hijo único. —¿Cómo se llaman sus padres? —Timothy Longworth y Selena Dorian. —¿Qué hace su familia? —La familia de Paul es dueña de una multinacional. Mi padre parece que está convencido con el perfil del Paul, pero al tiempo no. —¿Qué…? —Papá, no es un interrogatorio —dice mi hermana interrumpiendo a mi padre lo que hace que se gane una mala mirada—. ¿Te gusta? ¿De verdad te gusta? —Sí —respondí sintiendo mis mejillas sonrojándose. —¿Eres feliz con él? —es la única pregunta que hace mi madre. —Sí mamá, muy feliz. —¿Te ha gritado algún día? ¿te ha levantado la mano? —Papá, no digas eso, claro que no. —Amar no es ocultar nada, no hay que romantizar malos tratos —dice uno de mis hermanos. —No me ha pegado nunca, nunca me ha gritado es un hombre amoroso y me respeta. De verdad, no miento. Cuando lo conozcan… —¿Por qué no vino contigo? ¿Dónde está? —Bueno, yo le pedí que no viniera. Fui yo quien pidió tener este momento en familia antes de que lo conocieran a él. —Él tenía que venir aquí y pedir tu mano —dice mi padre cruzándose de brazos. —Estamos en otras épocas, papá. Made seguía diciendo cosas que mi padre no quería escuchar. —¿Cuánto llevan de relación? Cuéntanos un poco de ustedes, ¿Qué quieres compartir con nosotros? Mamá era un poco comprensible. —Un año —respondí. Un nuevo silencio llegó a la sala—. Lo sé, es mucho tiempo y está mal no haberles dicho nada, pero pensaba que sería como los otros chicos, que luego de unas semanas o meses terminaríamos. —¿Qué chicos? —pregunta mi padre en tono serio. —Cariño, déjala terminar. Papá parecía un tomate. Edward llegó a mi vida de manera inesperada, recuerdo esa mañana que apareció en mi consultorio con ese bonito traje azabache. Tuvimos una reunión de negocios, él me resulto tan inteligente por su manera astuta de proceder ante las cosas, lo meticuloso que era y lo higiénico que se veía a leguas. Las veces que lo vi inicialmente siempre lucía fresco, como si estuviera recién bañado, su cabello bien peinado, sus uñas cortas y limpias, su aroma a perfume y jaboncito de aloe vera. Qué decir de su aliento, siempre tenía un olor mentolado. Sus labios rojos e hidratados que relucían cuando sonreía y mostraba su perfecta sonrisa. Creo que desde ese momento supe que con él había algo diferente, me envió muchas señales que traté de ignorar, pero los nervios que me daban cada que debía reunirme con él, no mentían. —Lo siento, cariño. Por favor, continúa. —Bueno, con el tiempo nos entendíamos mucho más, somos muy parecidos; tenemos el mismo sentido del humor. Sonará extraño, pero así es. tenemos casi que los mismos hábitos. Deberían verlo limpiar cada una de sus uñas cuando se ducha. Mi padre abre sus ojos y estaba por refutar, claro, igual mis hermanos. —¿En la du…? —Cariño, por favor —dice mi madre tomando su mano—. Tranquilo, tranquilo… —Bien, no quiero extenderme más, pero somos como almas gemelas, nos complementamos muy bien. Me di cuenta que cada día las cosas iban más enserio, nos acercábamos más a eso que no compartía y… Dios, es muy loco contarles, y entiendo que me miren con rareza, hasta yo misma me contradigo. Quise reírme, pero no es momento para chistes malos. —Familia, los entiendo. Todo esto, todo va en contra de lo que yo decía que no haría, por eso… por eso preferí no decirles nada porque pensaba que esa fecha de caducidad llegaría, es que ¡Dios! ¡Melody Lennox comprometida! ¡ja! Hasta para mí sonaba imposible, pero si soy honesta, no quiero que esa fecha de caducidad llegue. Me enamoré, papá. Me enamoré de Paul. Los ojos de mi padre estaban ligeramente cristalinos ¿va a llorar? —Bien, eso es suficiente para mí —dice mi padre levantándose de su lugar—. Permiso, tengo que revisar algo en mi despacho. —¿Qué? ¿te vas? Él no dice nada y se va directo a las escaleras. Miré a mi madre y esta levanta sus manos para que no me preocupe. —Tranquila, necesita un momento a solas para llorar —susurra—. Estará bien. —Lo decepcioné ¿verdad? —No, claro que no, es que… Dios, nuestra pequeña niña va a casarse. Estoy feliz por ti. —Lamento no decirles nada, no pensé que… —No tienes que justificar nada, es tu vida, estás viviendo tu vida y tomando tus decisiones. Lo importante es que estás teniendo una vida feliz y encontraste un buen hombre con quien compartir esa felicidad. Dile a Paul, que tienes nuestra bendición. Mamá se levanta de su lugar y abre sus brazos para abrazarme, eso me generó un nudo en la garganta. Mis hermanos y mi hermana también se ponen de pie y se unen a ese cálido abrazo familiar. —¿Creen que deba ir con papá? —pregunté. —No —responden todos al unísono. —Está bien. —No, no, déjalo desahogarse. Él solito te buscará cuando esté más tranquilo —dice mi madre dejando un beso en mi cabeza.
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