Capítulo 4: El gran día.

1604 Words
Narra Melody Llegó el día, el gran día. Mi familia lo aceptó, lo asimiló… mi padre creo que aún lo sigue procesando, su mirada esta mañana era de total confusión. Me preguntó que, si estaba segura de querer casarme, más bien creo que trató de persuadirme, pero estoy segura que esto es lo que quiero, es lo que anhelo. Estaba sola en la habitación, las personas que me ayudaron con el maquillaje y mi peinado salieron hace unos minutos. La wedding planer por fortuna se está encargando de ayudarme porque por mi cuenta no hubiese podido resolver nada. Tocaba mi vestido con cuidado, era tan delicado, perfecto y sencillo, era como los pétalos de una rosa blanca que debía tocar con cuidado. —Voy a casarme —dije en voz baja. Sentía que estaba soñando, no parecía mi realidad. Ha pasado un mes desde que hablé con mi familia, en ese mes planeé muchas cosas para que mis padres conocieran a Paul y a su familia. Por fortuna, él es un hombre maravilloso, encantador, inteligente y demasiado meticuloso. Mi padre no lo dice, pero sé que le cayó bien, de lo contrario hubiese puesto el grito en el cielo. Solté un suspiro y me dirigí a la ventana del hotel, veía desde la habitación a mi padre charlando con el padre de Paul, aquel tema que tocaban parecía interesante porque movía sus manos como si le explicara algo que conocía muy bien. —Aquí está el ramo —dice mi madre entrando a la habitación. —Oh, no tardaste nada. Le quité los ojos a los hombres que estaban abajo y me dirigí a mi madre. —Estás hermosa, mi pequeña niña. ¡Por Dios! Mírate, mi pequeño pedacito de nube. Que hermosa, no puedo creer que mi hija mayor esté a punto de casarse. Mi madre sonreía de oreja a oreja, sus ojos estaban ligeramente cristalinos a pesar de que adornaba su rostro con una sonrisa. —Muchas gracias. Abrí mis brazos y la rodeé. —Espero que te guste, usé tus flores favoritas para hacer el ramo. —Oh, mamá —Respondí con la voz en un hilo tomando las flores. Me miré en el espejo sosteniendo el ramo de flores. Aquel ramo tenía una mezcla de todas las flores que amo; Rosas, gardenias, jazmines, peonías y orquídeas, todas eran blancas. —En la mañana las recogí, lo hice a primera hora para que estuvieran frescas. Que ella las haya cuidado este tiempo para hoy cortarlas y que luzcan relucientes para mi boda, es encantador. —Significa mucho más para mí y son mucho más especiales. Mamá toma mi mano y deja un beso en su respaldo. —Preciosa, mi amor. Respiraba profundo tratando controlarme, no quería llorar porque corría el riesgo de que todo el maquillaje se rodara por mis mejillas. —Paul parece nervioso —dice mamá—. Bueno, eso me dijo su madre, me la topé en el pasillo cuando venía aquí. —¿De verdad? —Debe estar muy feliz, se nota que te ama, mi amor. En sus ojos se nota que está loco por ti. Recuerdo cuando tu padre, me pidió matrimonio. —También lo recuerdo —respondí viéndola sonrojarse. No sé si este sea el momento, pero tenía que preguntarlo. —Mamá, ¿tienes algún consejo para mí? Para esta nueva vida que empiezo necesito de tus sabias palabras. —Que nunca falte la comunicación, siempre se deben usar las palabras indicadas en el momento apropiado; no dejes nada para después, nunca. Muchas veces nos callamos cosas y el día que los sentimientos explotan, no controlamos lo que luego puede pasar y ese momento destruye más de lo que imaginas, pues el enojo nos hace decir cosas que realmente no queremos. Por eso, no se debe dejar engrandecer una pequeña inconformidad. Denle prioridad al respeto y la confianza, planeen muchas cosas a futuro y, sobre todo, amarse cada día más. La mirada de mi madre me transmitía tanto que, si seguía diciendo esas cosas, terminaría llorando. —¿Eso fue lo que hicieron papá y tú? —Sí… o al menos eso intentamos. Ella suelta mis manos y da un paso atrás. —Mamá, ¿Qué pasa? —Pasa que hoy es el día más importante de tu vida, pasa que estás hermosa y que Paul se enamorará una vez más de ti. Pasa, que quiero que disfrutes esta experiencia como nunca y que no te preocupes por nada más que no sea tu matrimonio. —¿Tú estás bien? Digo, con papá todo está bien. Ella no responde con su boca, solo asiente y da un paso más atrás. —¡Es hora! —grita la wedding planer estresada—. Hay que salir, vamos, dense prisa. ¿Dónde está el papá de la novia? Espero que no se haya desmayado, eso suele pasar con frecuencia, si no son alguno de los novios, es el padre de la novia. Tragué sonoramente y di un paso fuera de la habitación, estoy a punto de empezar mi nueva vida, la vida de una mujer casada. Un rato más tarde estaba caminando hacia el altar sosteniendo el brazo de mi padre. —¿Te sientes bien? —Sí, papá ¿tú cómo estás? —Bien —responde mi padre de manera cortante, pero no parecía estar tan bien, tenía un rostro de pocos amigos—. Si algo no te gusta, quiero que me llames de inmediato. Si él llega a gritarte o se atreve a levantarte la mano, quiero que lo golpees con lo primero que encuentres, una vez esté en el suelo tendido, dale un golpe más, porque si corres él tratará de alcanzarte. Cuando esté inconsciente, asegúrate de encerrarte en un lugar seguro, luego me llamas a mí, ¿de acuerdo? No llames a la policía, quiero que me llames a mí. Miré a mi padre asombrada por sus palabras. —Está bien… lo voy a… lo voy a tener en cuenta. Gracias, papá. Miré hacia el frente y vi a Paul mirándome ansioso, me sonreía y al tiempo contenía pucheros. Mis ojos iluminaban todo con solo verlo. ¿Cómo olvidar aquel día que me pidió que fuera su esposa? Un tiempo atrás… —¿Hasta cuándo me tendrás oculto? —dice Paul en medio de una cena romántica. —No te estoy ocultando, solo estoy esperando el momento adecuado para contarle a mi familia. —¿Cuánto tiempo falta ¿Cuándo será el momento —Vaya, te escucho ansioso. —Lo estoy, ya quiero que me presentes con tus padres. Creo que no estoy en edad para tener de esas relaciones infantiles, ¿no crees? —Lo sé, solo esperemos un poco más, dijiste que no había problema en reservarnos las cosas solo para nosotros. —Sí, yo dije eso, pero lo dije hace casi un año atrás. Ahora mis pensamientos son otros. —¿Por qué le das tanta importancia ahora así de repente? Pensé que así estábamos bien ¿no? —No, no estamos bien, no sabes cuales son mis sentimientos ahora. —¿Ya no me quieres? —pregunté en tono sarcástico. —Todo lo contrario, te amo mucho más. Mi amor por ti evolucionó a otro nivel de amor. Por eso no quiero esperar. Así que, dime ¿Cuándo le dirás a tus padres? —Veo que no es chiste, lo dices enserio. ¿verdad? —Sí. —¿Por qué? ¿pasa algo? —Quiero que te cases conmigo, quiero que hagamos una familia, vivir juntos, quiero una vida junto a ti; eso pasa. Y por eso tu familia necesita saber de mí. Entonces, ¿quieres casarte conmigo? En un abrir y cerrar de ojos, mi vida dio un giro completo. Cuando estábamos a un paso de llegar al altar para tomar la mano de Paul, mi padre vuelve a decir. —Recuerda, con lo que sea que tengas en la mano; con todas tus fuerzas —dice haciendo un gesto con su mano. —Está bien —respondí. Mi padre me entrega a los brazos de mi futuro esposo, pero antes me da un abrazo y un beso en la frente. —Te entrego la luz de mi vida, cuídala y no la hagas sufrir. Melody fue quien me enseñó y me mostró un tipo de amor que no conocía. La he cuidado con recelo todos estos años, espero verla siempre feliz y dichosa. Como padre, siento que una parte de mí se va, pero de eso se trata la vida ¿no? Preparar a nuestros hijos, convertirlos en seres útiles para la sociedad y luego entregárselos a alguien más para que hagan su vida. Cuida de mi hija y de sus sentimientos, ahora ella es tu responsabilidad. Eso estuvo bien, pensé con alivio. Juré que diría algo más, gracias a Dios tenía un lindo discurso para este momento. Mi padre estaba por soltar la mano de Paul, pero se detuvo. No, no, ¿Qué haces? ¿por qué te detienes? Mi padre reafirma su agarre y mira a Paul a los ojos. —Si algún día la veo llorar, sea por lo que sea, iré a buscarte y te romperé todos y cada uno de los huesos de tus dedos con un martillo, ¿me entiendes? —¿Eh? —¿Lo entiendes? La mano de Paul se veía blanca por la presión que mi papá ejercía en su pobre manito. —Sí, lo entiendo señor Lennox. —Bien, muy bien —dice mi padre dándole unos golpes en el hombro acompañados de una sonrisa.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD