Narra Melody
Aquel hombre alto, de piel blanca, cabello castaño, barba espesa y ojos cafés claro, estaba rodeando mi cintura con su brazo velludo. Veía la sortija en su dedo y me sentía extraña, era el mismo hombre, pero a la vez era como si fuera alguien más.
—Buenos días —escucho su voz ronca.
—Buenos días —respondí acariciando su mano.
—¿Cómo se siente despertar al lado de tu esposo?
—Extraño, pero me gusta, es como amanecer con otro hombre.
Él se acomoda en la cama y me mira con las cejas encontradas.
—Justo iba a decir lo mismo, que casualidad.
Él conoce mi sentido del humor, así qué no se molesta, solo se ríe junto a mí.
—Fue una noche loca —dice pegado a mi hombro.
La boda fue de ensueño, la ceremonia fue un espacio íntimo tal como quería al lado de mi familia, personas más cercanas a nosotros; y la celebración, más emocionante de lo que esperé. Estaba feliz con todo, vi a mis padres bailar juntos, eso no lo veía hace mucho tiempo. Mis hermanos también se veían felices, eso sin duda hizo que fuera aún mejor.
—Lamento que no podamos irnos de luna de miel en este momento —escucho un susurro cargado de tristeza.
—No tienes nada que lamentar, mi cielo —respondí girándome hacia él para ver su rostro—. Entiendo que ahora no sea posible, pero sé que los días pasarán muy rápido. Solo ocho días, podemos esperar.
Paul es un hombre muy ocupado, bueno, ambos tenemos trabajos que demandan mucho tiempo, pero hemos sabido llevar la relación. Somos muy flexibles en ese aspecto y ponemos por encima las prioridades que tenemos de manera individual y las que tenemos como pareja.
—De verdad quería que nos fuéramos ayer mismo, estaríamos despertando en una isla paradisiaca, abrazados, desnudos y… y estaría en el balcón de la habitación haciéndote el amor.
—¿Qué te lo impide que lo hagamos aquí? —pregunté rosando mis labios con los suyos.
Esa sonrisa amplia que muestra sus dientes blancos y perfectos aparece para relucir, sus mejillas se tornan ligeramente coloradas y sus manos traviesas bajan a mis glúteos para apretarlos con fuerza.
—Te sigo deseando igual que el primer día, las ganas de hacerte mía no se apagan. Me gustas mucho, Melody.
Mi corazón se acelera como si fuera la primera vez que lo menciona.
—Te amo —dije desde el fondo de mi corazón.
No sabía cómo se sentía el amor de verdad, pero esto que ahora vivo con él, se siente como un sueño o como vivir en una burbuja que explota cada que estamos separados; ambos tenemos una linda comunicación, además, nuestros cuerpos se entienden a la perfección.
—Te amo mucho más, eres quien le da sentido a todo, eres el amor de mi vida.
—¿Para siempre? —pregunté.
—Para siempre y por siempre serás la melodía más hermosa de mí vida.
No quiero despertar de ese sueño en el que solo estamos él y yo.
Paul baja sus manos por mis muslos y me hala con fuerza para subirme sobre su cuerpo. Ambos estábamos desnudos porque la noche anterior nos devoramos sin piedad.
Después de la celebración nos despedimos de nuestras familias y nos vinimos a un hotel que está un poco retirado de la ciudad, decidimos casarnos en New York porque era mucho más fácil para nosotros y porque nuestras familias radican aquí; pero en realidad, queríamos que la boda se diera en Madrid, ciudad en la que decidimos darnos una oportunidad.
—¿Irás a despedirte de tus padres en la noche?
—Sí, les prometí ir antes de volver a España. ¿y tú?
—Me despedí de ellos en la fiesta, me queda mucho más lejos, si voy a visitarlos hoy puedo correr el riesgo de perder el vuelo.
—Bien, entonces puedes venir conmigo ¿Qué dices?
—No, está bien… sé que necesitas tiempo con tus padres a solas.
—¿Por qué no quieres acompañarme?
—Creo que no soy de total agrado para tu padre.
—¿Qué dices? No me digas, ¿le tienes miedo a papá?
—No, claro que no. Ni más faltaba, tu padre es un hombre genial. Yo no… yo no le tengo miedo.
—Estás forzando la sonrisa, entonces mientes.
—Deja de analizar mis expresiones, no me gusta que me estudies. Tú y esa habilidad de leer a la gente.
Tomé su mentón y le di un beso para terminar la conversación, moví mis caderas sobre su cuerpo para generar fricción, eso lo vuelve loco.
Paul mira mis pechos y luego mira mi rostro, sonríe con picardía eleva sus caderas para luego acomodar su miembr* entre nosotros y tomar mis caderas para que me mueva sobre él.
Encontré a mi alma gemela, alguien con quien me siento bien siendo yo, con quien puedo entenderme y tengo el exceso de confianza para mostrar todas las facetas de mí.
Aquellos labios suaves llegaron a mis pechos, sus besos cortos me antojaban y me hacían esperar más de él. Sus manos llegan a mi espalda y siento que me impulsa hacia su rostro para capturas mis pezones que se hacen duros ante sus caricias. Cerraba mis ojos por el placer que eso me generaba y movía mis caderas con más presión sintiendo como la humedad de mi interior nos empapaba a ambos.
Paul tiene un cuerpo esbelto, su pecho ancho y marcado, sus brazos gruesos, su abdomen plano y sus piernas largas y gruesas que me motivan a querer verlo siempre desnudo.
—No aguanto más —dije levantándome para que él entrara en mi interior y así empezaran las pen*traciones.
Mordía mis labios e intentaba saltar sobre él en el ritmo de sus embestidas, pero llegué al punto donde mis piernas se cansaron y solo tuve que quedarme quieta sintiendo como chocaba contra mí cada que entraba y salía.
—Quiero sentirte así todos los días, cada mañana y al final de los días…
Paul compró una casa en Madrid para vivir juntos, una espaciosa para cuando lleguen más miembros a la familia que estamos conformando. Confieso que el tema de los hijos me empieza a emocionar, antes no era de mi agrado y no me veía como madre; pero Paul ha hecho que todo sea diferente.
Más tarde estábamos empacando nuestras cosas porque esta noche sale nuestro vuelo, volveremos a la realidad, a una nueva realidad que me emociona vivir con muchas ansias.
Llegamos a casa de mis padres para despedirnos de ellos, mientras que mi padre “hablaba” con Paul —siempre que habla con él termina amenazándolo como si algún día él fuera a lastimarme— yo estaba hablando con mi madre.
—Los gemelos volvieron en la mañana a la universidad, se fueron algo sentimentales. Luego de celebrar reaccionaron que aquella fiesta emocionante, era la boda de su hermana.
—¿Cómo está Madelyn? ¿aún mi padre está enojado con ella?
—Sí, aún no le ha levantado el castigo. Hoy tuvieron un roce entre ellos, terminó quitándole su tarjeta.
—Dios, ¿Qué puedo hacer para que ellos sean más compatibles?
—Madelyn debería ser más llevadera, pero sabemos que eso no va a pasar. Es muy rebelde como para dejarse llevar.
—¿Estarán bien?
—Claro que sí, pronto se van a reconciliar, ya verás.
—Me refería a ustedes dos, ¿ustedes van a estar bien?
Mamá me sonríe y asiente.
—Sí, al final siempre estamos bien.
Una hora más tarde íbamos de camino al aeropuerto, Paul se veía emocionado, pronto veríamos el resultado final de nuestra casa, de nuestro hogar.
El viaje fue largo, pero estar con él hace que sea más ameno.
Llegamos a Madrid y por primera vez, le llamo mi casa, a un lugar que compartiré con mi esposo. Mi esposo, me repetía en la mente mientras lo veía a él tomando mi mano. Aquel apartamento de soltera quedó a un lado para ahora…
—Bienvenida a casa, mi amor.
Con esas palabras inicié una historia de amor que debí disfrutar mucho más, porque su desenlace por desgracia no fue como esperaba.
Ocho días más tarde estábamos terminando de organizar las maletas, ambos somos tan organizados que se nos hace fácil planear este tipo de viajes.
—Documentos, dinero en efectivo, tarjetas y móviles irán en esta bolsa; la ropa para…
Repasábamos lo que iba en cada equipaje para que nada se nos quedara. Asentía con cada cosa que él indicaba, para al final decir.
—Todo está listo, no se queda nada.
Nos disponíamos a bajar nuestras cosas para preparar el auto, ambos iremos a nuestros trabajos y al final de la primera jornada, es decir, a mediodía, nos iremos al aeropuerto para disfrutar nuestra luna de miel. Un mes por fuera, disfrutándonos como nunca.
—Por fin llegó el día, estoy emocionada.
—También lo estoy, espero que no se me presente contratiempos, de lo contrario tendré problemas con el vuelo.
—Eso no pasará.
Paul abre la puerta del carro para mí, estaba a punto de subir cuando mi móvil suena de repente.
—¿Hola?
—Melody, hermanita ¿eres tú?
Caleb no me habla de esa manera, sé que algo quiere.
—¿Qué necesitas?
—Hermanita, nuestra pequeña, dulce y amorosa hermanita —escucho a Luka de fondo.
Negué con mi cabeza porque sabía que algo habían hecho.
—Cariño, dame un segundo —le dije a Paul alejándome del vehículo.
—¿Qué Carajos hicieron? —pregunté molesta en voz baja.
—Tenemos un pequeño problema, la directora de la universidad está molesta. Va a llamar a papá y… ¿Podrías hablar con ella? ¡Por favor!
—¡¿Qué?! ¿por qué está molesta?
—Es algo tonto, es que no somos de su agrado.
Caleb y Luka son como un corto circuito cuando están juntos.
—¿Qué mierd* hicieron ahora par de…?
—¿Todo bien amor? —pregunta Paul tocando mi hombro.
Tapo la bocina del móvil y miro a mi esposo con una sonrisa.
—Sí, todo bien. Es que… es que mis hermanos necesitan que les ayude con una cosita… por qué, por qué no te adelantas, ve a tu oficina, yo iré en un rato al consultorio en mi auto.
—Puedo esperarte.
—No, está bien. No quiero que retrases tu agenda por mí. No quiero perjudicar nuestro vuelo.
—¿Segura que quieres conducir por tu cuenta?
Asentí.
—Bien, entonces dejas tu auto en el estacionamiento, yo pasaré por ti a la hora que acordamos y luego nos vamos a tener los mejores días de nuestras vidas.
—Sí, cariño.
Paul se inclina para darme un beso, fue corto porque yo así lo quise, quería que me diera espacio para insultar a mis hermanos. De saber que pasarían muchas cosas esa mañana, ese beso sería más profundo, pero mi corazón no lo sabía.