Capítulo 1: ¿Qué hay de malo con mi vida?

1634 Words
Narra Gavriel —¿A dónde vas? Prometiste que pasarías el resto del día conmigo. —Julieta, sabes que no puedo hacer algo así, debo trabajar. La mujer me toma de la mano y trata de halarme hacia ella. —Pero entras más tarde, por favor, quédate conmigo una hora más. Julieta es una chica guapa, pero me empieza a fastidiar que sea tan insistente. No creo que quiera verla de nuevo, me aburre que quiera estar pegada a mí, es una lástima, f*llar con ella es todo un placer. —Está bien, solo una hora más. Ella sonríe, me toma de los hombros y hace que caiga de espaldas en la cama, sentí como se removía en la cama para ubicarse sobre mí. —Estos tres días han sido los mejores de toda mi vida —dice ella sentado sobre mi cuerpo—. Eres un hombre tan fascinante que cualquier mujer se volvería loca contigo, Gavriel, que encantador eres. Ella se inclina y trata de dejar un beso en mis labios, pero aparto la cara. —¿Pasa algo? —pregunta mirándome confundida. —No, todo está bien. Estas demostraciones afectivas y palabras de afirmación, no me gustan. Parece que debo darle punto final a esta mujer, a este ritmo querrá llamarme y querer que nos volvamos a ver. —¿Seguro? Asentí mirando su cuerpo desnudo sobre mí, de verdad que es una lástima. —Oye, estaba pensando que quizás podría acompañarme el fin de semana a casa de mis padres, celebrarán su aniversario y creí que tu podrías ir conmigo. —Lo siento, pero desde un inicio fui claro contigo. ¿recuerdas lo que te dije en el club hace tres noches? —Oh, pensé que eso quedaría atrás, es que te has portado tan lindo conmigo que pensé que… ¿me vas a terminar? Tomé a la chica de las piernas, la sostuve y la giré de tal manera que quedara debajo de mí. —Solo quiero follar, eso te lo dije. Abrí sus piernas y me ubiqué entre ellas, la mujer estaba advertida, durante estos tres días le he dado dinero, bebidas costosas, comidas de restaurantes cinco estrellas, pero solo quiero s*x*. —Gavriel, yo… Puse mi mano en su boca para que hiciera silencio, me incliné hasta su cuello y me hundí en el para besarlo, Julieta es una modelo de Paris que llegó por unos días, tiene un cuerpo espectacular, pero ya me sacié lo suficiente. Froté sus pechos y jugué con ellos, debía aprovechar que sería la última vez. —Gavriel, espera —dice ella apartando mi mano—. No quiero seguir. —Está bien —respondí alejándome de ella. Fui por mi ropa y empecé a cambiarme. —¿Te vas? —Claro, no pienso insistirte para que folles por milésima vez conmigo. No le he rogado nunca a una mujer, ella no es la única, después de Julieta la lista es larga; por más duras que quieran ser, al final ceden, con algo de dinero y lujos, todas ceden. —Eres un hombre asqueroso —refuta ella con furia. —Lo sé. Terminé de vestirme, acomodé mi traje y saqué algo de dinero en mi cartera para luego dejarlo en la mesa de noche. —Paga el hotel y los gastos, te queda algo para que te compres algo bonito. La chica me mira y sé que por más que quiera rechazar el dinero, no puede. Así que, con su cabeza agachada, lo toma de la mesa de noche y se lo queda. Salí del hotel un poco antes del amanecer, tengo el tiempo contado. Al llegar a la mansión de mi abuelo, me di una ducha larga, me relajé y me preparé mentalmente para lo que debía hacer el resto del día, sé que tengo un par de reuniones que atender; pero no es nada que no pueda resolver. Desde que me hice cargo del DANIV, el banco del abuelo, mis tiempos se han limitado, pero al final, soy tan bueno en lo que hago que siempre me queda espacio para resolver mis asuntos. Salí de la habitación portando mi traje gris, siempre he amado lo imponente que me veo con este color. —Hermanito, buenos días. Lyah, mi hermana menor, aparece en el pasillo, le di un abrazo y un cálido beso. —¿A dónde vas? —Oh, iré a entrenar con las señoras del club. La miré de pies a cabeza y no me gustó su forma de ir vestida. —No me gusta que uses ropa tan llamativa, mejor ve a cambiarte. Ella me mira desilusionada, pero sabe que no puede protestar, regresa a su habitación para hacer lo que le pido. Llegando a la planta baja, le pido al jefe de seguridad que no se alejen de Lyah. —Que nadie se le acerque a mi hermana, ¿entendido? —Sí señor, como mande. Salí hasta el jardín para desayunar con el abuelo, estas últimas mañanas ha escogido este lugar para recibir su desayuno. —Ayer no dormiste en casa —dice el abuelo. —Buenos días, también estoy feliz de verte, amanecí muy bien —respondí con sarcasmo. —Gavriel, ya tienes treinta y cinco años, ¿hasta cuándo seguirás en lo mismo? Tomé mi taza de café, le di un sorbo para soportar la larga conversación que tendría. —¿Seguir con qué? —Con esa vida descarriada que llevas. Solté un suspiro lleno de tensión, mis desayunos están viniendo acompañados de estos sermones matutinos que no soporto. —¿Por qué siempre me dices lo mismo? Hasta el día de hoy te has enfrascado en solo darte cuenta de todo lo malo, pero ¿Por qué no dices lo bueno que hago con el banco y resto de negocios? —Siempre te he destacado, con dejarte enfrente de DANIV te estoy elogiando, porque eres un hombre capaz, inteligente, pero… pero no solo puedo ver lo bueno, debo ser realista y mirar todo lo malo que estás haciendo con tu vida. —¡¿Qué es lo malo?! —pregunté enojado. Nunca le había gritado a mi abuelo, a la persona que es como mi padre; pero ya no aguanto más. —¡Que te acuestas con cada mujer que se cruce en tu camino! ¡Eso es lo malo! Ya no eres un joven, pronto envejecerás y quedarás solo ¿Quién se hará cargo de ti cuando seas un anciano como yo? No creas que Lyah estará todo el tiempo a tu lado, en algún momento tendrá que casarse y hacer una vida, ¿Qué harás tú? —No me interesa tener una familia, para eso estoy trabajando, sigo haciendo dinero para cuando sea un viejo inútil, poder pagar para que me atiendan. No me interesa desperdiciar mi tiempo con alguien y unir mi vida a una persona que no vale la pena. —Lo que le pasó a tu padre, no tiene que pasarte a ti. —No quiero hablar de eso ahora, abuelo, de verdad. No volvamos a ese mismo tema que siempre mencionas, valoro que te preocupes, pero no necesito a nadie en mi vida. Mi abuelo toma mi mano y la presiona con fuerza. —Estás lastimado, eso lo sé, pero es hora que dejes el pasado atrás y avances. Yo no estaré para siempre, aunque es lo que más quisiera, no estaré para respaldarlos toda la vida. En algún momento me debo ir y me siento feliz del hombre que eres, pero es hora que pongas los pies en la tierra. —Estoy bien, así como estoy, soy feliz. No tienes que preocuparte. Dejé mi taza de café a medias, no quería seguir porque no quiero terminar en una discusión con el abuelo, debo controlarme y evitar que se enoje; su salud no está bien, no es bueno que se altere, —Me iré al banco, me reuniré esta mañana con los Villareal. —Oh, claro, ve con cuidado. —Gracias abuelo. Me levanté de mi puesto y le di un beso en su cabeza. —lamento levantarte la voz, pero quiero que sepas que de verdad ahora soy feliz como estoy, no tienes que preocuparte por mí. —Sí, hijo. Ahora ve, no quiero que se te haga tarde. Uno de los conductores me lleva al DANIV, es el banco que el padre de mi abuelo fundó hace muchos años en Suiza, de allá son mis descendencias, por eso mi nombre y apellido raro para muchos aquí en España, Gavriel Ivanov. —Señor, buen día, ¿puedo pasar? —Clara, Merlina. Adelante. —Señor, afuera están los hermanos Villareal, su cita con usted era más tarde, pero preguntan que si puede atenderlos. —Sí, no hay problema, dígales que pase. Merlina es mi secretaria, es una mujer de casi cincuenta años, me tocó contratar a una adulta porque de ser joven y bonita, no podría hacer mi trabajo. Cerré mi computadora, acomodé las cosas en mi escritorio y esperé a que los hermanos subieran. No pasaron dos minutos cuando mi móvil empieza a sonar, al mirar la pantalla me di cuenta que era el nombre de mi hermana el que allí se refleja ¿Qué será? Lyah no acostumbra a llamarme a esta hora, ¿le habrá pasado algo? —Hola —Gavriel, el abuelo no está bien —dice alterada. —¿Qué dices? —Acabo de volver de entrenar y lo encontré tirado en su habitación, la ambulancia ya viene ¡Está muy mal! —Ya voy para la clínica, trataré de alcanzarlos, mantén la calma; estaré con ustedes en un momento. Salí de mi oficina a toda prisa, mi corazón estaba acelerado, temía por el abuelo. —Merlina, cancele mis citas, tengo una emergencia.
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