Capítulo 3: El agente financiero

1396 Words
Narra Gavriel —El abuelo se burla de mí, debe estar revolcándose en su tumba de felicidad por esto que me ha dejado ahora. —No te expreses de esa manera, Gavriel. Sabes que el abuelo nos quiso mucho, en especial a ti. Mi hermana no deja de sostener mi mano, sabe que estoy por explotar. —También lo amé y lo amaré el resto de mi vida, pero ¿De qué otra manera puedo expresarme? Lyah, agradecí todo lo que el abuelo hizo por nosotros, me hice cargo a su empresa, lo complací siguiendo sus pasos, pero ¿por qué hace esto? No estoy dispuesto a comprometerme solo porque sí, prefiero ver como el estado se roba el dinero de la familia y lo invierte en cosas inútiles, no pienso hacer lo que pidió. No veo problema con comer pan y agua hasta que envejezca. —Hermanito, sabes que apoyo todo lo que decidas, si quieres, puedo empezar a trabajar y así ayudarte con los gastos que tengamos. Miré a mi hermana y en el café claro de sus ojos, noté que no podía permitir que ella cambiara su vida; es todo lo que tengo, yo soy su único soporte. No podría verla bajo condiciones deplorables. —Carajo, debe haber algo que yo pueda hacer. Mi abuelo siempre supo que los compromisos no van conmigo, no entiendo por qué dejarse llevar de ese estúpido afán por verme casado, prácticamente me está obligando. Si sabe que soy bueno liderando el banco, que he hecho un excelente trabajo, que puedo ser el mejor CEO ¿Por qué me obliga a esto? —Hablemos de nuevo con Pedro ¿Qué opinas? —No servirá de nada, ya intenté hablar con él, pero se niega; ese es otro testarudo. Al final hace su trabajo, el abuelo dejó su testamento notariado. —¿Quieres que esta vez hable yo con el abogado? Negué con mi cabeza. —No tienes nada que hablar con ese hombre, es más, no te involucres en este asunto. No me gusta que mi hermana se relacione con los hombres que trabajan para la familia, me gusta mantenerla lejos de todos ellos, hasta ahora no hemos tenido inconvenientes con nadie; pero, aun así, no dejo de cuidar de ella, no dejo que se le acerquen, sé cómo piensan los hombres y ella es una niña muy ingenua. —Bien, entonces te dejaré un momento para que pienses mejor las cosas. Recuerda, apoyo lo que decidas, ¿de acuerdo? Ella es la única mujer en la que confío ciegamente, la única mujer a la que amo con locura, mi hermana es mi todo. La sobreprotejo porque no quiero que nadie la lastime, ella solo merece ser feliz Al quedar solo en mi habitación, camino de un lado a otro pensando en lo que debería hacer, sé que por cuestiones de estar molesto; digo cosas que no son, eso de que dejaré que el estado se quede con todo, es algo que digo por decir, pero me niego a que se lleven el esfuerzo de mi abuelo, mi padre y mío de esa manera. —Tengo que encontrar a una mujer, eso es obvio, una dispuesta a casarse conmigo lo antes posible; así mismo, que esté dispuesta a embarazarse… pero, ¿Quién puede ser esa mujer? A mis treinta y cinco años, no he tenido una sola relación formal con una mujer, he conociendo cientos y cientos de ellas; pero no he tenido una relación seria con ninguna. Las mujeres que he querido tener en mi cama las obtengo con poco esfuerzo, desde siempre supe que con algo de dinero cederían. Las damas que han estado compartiendo días y noches de pasión conmigo, solo tiene un interés y es el económico, es obvio que no puedo estar con ninguna de ellas; ninguna de ellas puede ser una candidata para ser mi prometida, su interés por mi dinero las puede hacer obrar de maneras que no me termine favoreciendo al final del tiempo que tengo para que se venzan las clausulas del abuelo. Al menos tendré más días para encontrar una solución a mi problema, tendré más días para pesar con más claridad. Vuelvo a quedar en la misma situación, sin una respuesta, sin algo que pueda hacer. Me pregunto si será posible contratar a una persona que solo se haga pasar por mi esposa y que después me alquile su vientre. —¡Carajo! ¿Dónde mierd* consigo eso? Esa noche no pude dormir, mi tranquilidad se ha perdido desde el instante que Pedro leyó el testamento; estoy tan preocupado que hasta las ganas de foll*r se me han quitado. La mañana siguiente desperté con muchas ojeras, si dormí una hora, es demasiado. Me organicé para ir a la empresa, seguiré dándole la cara a los clientes, empleados y socios, retrasando en lo posible la firma de los documentos. En el banco DANIV soy una especie de empleado que solo da la cara sin tener un jodido título que lo acredite para estar allí. —Gavriel, ¿A dónde vas? ¿no vas a desayunar? Lyah ya estaba en el comedor. —No, tengo algo importante que hacer, come tú; no te preocupes. Por lo de ayer, no quiero que te estreses, todo estará bien. Ella asiente y me sonríe. Salí de casa y noté que los conductores estaban cruzados de brazos viendo como unos sujetos subían a las camionetas del abuelo. —¿Qué pasa? ¿Quiénes son estos hombres? ¿Por qué se llevan los autos? —Oh, buen día, usted debe ser Gavriel Ivanov ¿verdad? Asentí confundido mirando como los autos iban saliendo de la mansión. Un hombre joven que usa lentes enormes, se acerca con una carpeta en sus manos. —Soy Arturo Veira, agente financiero de su difunto abuelo Dante Ivanov ¿Cómo está? El joven me extiende la mano, pero no la recibo. —¿Agente financiero? —pregunté mirándolo con el ceño fruncido—. No sabía que él… ¿desde cuándo tenía agente financiero? —Desde hace un mes, mire este es el contrato, lo firmé con el señor Ivanov; aquí estipula su abuelo que a partir de hoy, debo asegurarme de que sus propiedades, bienes y otros productos sean supervisados por nuestra compañía. Pidió que hoy los autos fueran llevados a sus containers hasta que usted reciba el título como nuevo dueño de sus pertenencias. —Mi abogado no mencionó nada de esto, debe haber un error. Toqué los bolsillos de mi pantalón y de mi saco en busca de mi móvil, estaba tan alterado que no lo sentía. De la nada, mi celular comienza sonar, lo saqué del bolsillo delantero de mi pantalón. —Hola. —Gavriel, tengo que decirte algo. —Pedro, no hace falta que lo digas, tengo en frente de mí los malditos lentes con aumento del agente financiero del abuelo. Me di la vuelta para volver al interior de la casa, el joven pretendía entrar conmigo, pero cerré las puertas en sus narices. —Lo sé, lo lamento, es que ese reporte me llegó tarde; lamento no… —¿Qué es todo esto? ¿Así mismo me van a desocupar de la casa? ¿también se llevarán la casa a los jodidos containers? —Es complejo, pero te lo explicaré rápidamente con palabras concretas; tu abuelo dejó bajo supervisión sus bienes, sus propiedades y todo lo que ha dejado. Ha pedido que estos productos o sus adquisiciones, no fueran ocupadas hasta que alguien reciba el título de nuevo dueño de esos distintos productos, ¿me hago entender? —¿Cuánto tiempo me queda? —¿Tiempo para qué? —Para que me desalojen de la mansión. —Oh, eso lo tengo por aquí, dame un segundo… Sí, hoy los autos serán revisados y llevados a los contenedores que compró tu abuelo hace dos meses y… mañana, mañana por la tarde deberás desalojar la mansión. —¡¿Qué?! Con el paso de los días, el abuelo me está forzando a que haga lo que ha pedido en su testamento. Vaya estrategia abuelo, que buena jugada. Por todo lo que ha ido aconteciendo, me doy cuenta que él ya sabía cómo terminarían las cosas, por eso se preparó, se preparó para arruinarme la vida con esta mierd* que ahora me hace ¡MALDICIÓN!
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD