Capítulo 6: Acepto

1311 Words
Narra Isabella Me llené de valor, en mi cabeza todo se veía solucionado solo si aceptaba el compromiso; no lo consulté con mis padres, así que al día siguiente antes de que saliera el sol, salí de casa para ir al banco DANIV y hablar con ese hombre. Esto será como una especie de negocio, tengo entendido que el hombre también se verá beneficiado, serán dos años de beneficios mutuos; cuando el tiempo acabe, volveré con mis padres y seguiré con mi vida normal. Cuando regrese, conseguiré un empleo y seguiré apoyando a mis papás y también al mocoso. No tenía idea de con quién iba a toparme, me imagino a un hombre pequeño con algunos kilos extras y algunos indicios de alopecia. El taxi me deja frente a un enorme edificio lleno de ventanales con destellos color plata, tenía en la parte superior enormes letras mayúsculas en metal con su nombre “DANIV” —Señorita ¿se va a bajar? —Oh, si… Me había quedado atontada mirando a través de la ventana, saqué de mi bolsillo algunos billetes y monedas y completé el valor de la carrera. Muy dentro de mí, tenía ese ligero nerviosismo que yo misma intentaba opacar con mi seguridad. —Buen día —le digo al hombre que está vigilando en la entrada. —Buen día, señorita ¿en qué puedo ayudarle? —Vengo para ver al señor… al señor… Enchiné mis ojos tratando de recordar el nombre que dijo mi padre, era algo así como Garzón, Ga… Gavriel. —Gavriel, vengo a ver al señor Gavriel Ivanov. —¿Tiene cita con él? —No, pero es algo importante, vengo a darle una respuesta. —Si no tiene cita, me temo que no podrá verle. Detrás de mi escucho un par de voces, era una mujer que se acercaba junto a un caballero. —Señor Gavriel, envié la solicitud tal como usted lo pidió, pero el agente financiero no dijo nada. ¿Gavriel? ¿él es el hombre? El caballero daba pasos más cerca de donde yo estaba, lo miré de pies a cabeza y no es como lo imaginaba; era un hombre alto, de piel blanca, cabello oscuro, cejas pobladas, ojos cafés claros y mandíbula pronunciada, tenía una ligera barba que cubría parte de su rostro, era ligeramente espesa. El hombre acomoda su cabello que es lacio y está un poco largo, me quedé sin palabras por unos segundos dado el impacto de lo que claramente no es como creía. El señor Ivanov pasa por mi lado prácticamente sin notarme, cuando reaccioné y logré aterrizarme, aclaré mi garganta y me hice notar. —¡Señor Ivanov, espere! La mujer mayor que iba detrás de él fue la primera en detenerse, él se gira un poco y mira hacia atrás por encima de su hombro. —Necesito hablar con usted, soy Isa… —Le dije que no recibe a nadie si no tiene cita, señor —dice el vigilante—. Pero ella insistió en quedarse. El caballero me mira de pies a cabeza y cuando veo que tiene la intención de marcharse y dejarme allí como una tonta, le dije: —Me casaré con usted, señor Ivanov, acepto el compromiso. Los que me escuchan, abren sus ojos con asombro. —¿Disculpe? —Soy la hija de Alberto Sánc… —Entre, por favor, venga conmigo. El señor Gavriel me hace entrar a su banco, el hombre me toma de la manga de mi camiseta y me hace seguirle el paso. —No mencione nada hasta que llegue a mi oficina —susurra para que la mujer que va detrás de nosotros, no escuche. Entramos al elevador y el señor Ivanov detiene el paso de la señora, pone su mano en su hombro para que no entre con nosotros. —Merlina, vaya por dos cafés, por favor. Mordí mis labios y miré de reojo el espacio, tenía en mi panorama al hombre que parecía algo ansioso. Quería tener más información, cuando quise abrir mi boca, las puertas del elevador se abren y él se adelanta en salir. —Pase por favor, tome asiento, mi abogado ya viene en camino. Asentí y me senté donde me lo había pedido. El corto tiempo que estuve dentro de su enorme oficina, fue suficiente para observar la cantidad de libros, cuadros enormes, bebidas alcohólicas de un mini bar, estatuillas y demás cosas que habían dentro. —Ayer tu padre, el señor Alberto Sánchez, mencionó que terminaste la universidad, ¿Qué estudiaste? —Finanzas, terminé mis estudios en finanzas. Las puertas de la oficina se abren y aparece un caballero, al que escuché llamaron con el nombre de Pedro. —Buen día, espero no haber demorado. Recién llego a la ciudad. —Pedro ¿tienes lo que te pedí? —Oh, sí. Aquí tengo el documento. El abogado del señor Ivanov, se sienta a mi lado y pone sobre el escritorio un portafolio, de allí saca dos fólderes de color blanco y me entrega uno de esos a mí. —Ese es el acuerdo que firmaremos, es una situación que tiene toda la rigurosidad del asunto por lo que el contrato está supervisado para que quede de manera formal y legal, con esto quiero, señorita Isabella, que sienta la formalidad y seriedad del documento que está por firmar; así que, tómese el tiempo que quiera para leerlo y firmarlo. El hombre me extiende un bolígrafo y lo recibo tragando saliva. —Serán solo dos años ¿verdad? Le dijo a mi padre que anulará la deuda, les enviará dinero el tiempo que demore con usted y que después de todo eso, volveré a casa ¿verdad? —Sí, así es. Asentí convenciéndome de lo que hacía, abrí el folder y había una pila de más de diez hojas, que si las empiezo a leer de seguro me entrará la duda, no comprendo que tanto hay que palabrear aquí. Pasé las hojas hasta el final, decidida y apresurándome para no arrepentirme al rato, llegué a la última hoja y puse mi firma. —Listo. El abogado toma el folder, Gavriel firma y entrega el suyo, luego nos miramos las caras por un rato. —Bien… ¿y ahora? —pregunto rascando mi cabeza. —Oh, no se preocupe, yo me encargo de lo demás, de organizar la boda lo antes posible, no tiene que hacer nada; solo asistir a la ceremonia y es todo. Asentí empezando a preguntarme si era lo correcto. —Señor, lamento interrumpir, alguien lo busca. —Ahora no puedo atender a nadie. —Lo siento, pero tengo que hablar con usted. Mi padre entra a la oficina y parece que ha llegado a tarde. —¿Qué haces aquí? —Papá, yo… —Su hija ha venido para firmar el contrato, así que no tiene que preocuparse, señor Sánchez, hoy mismo inicio el proceso para cancelar su deuda. —Isa, ¿Por qué hiciste eso? Sabes que tu madre y yo no estábamos de acuerdo, no te pedimos que hicieras esta locura. —Padre, nadie me lo ha pedido, quise hacerlo porque quise, porque… ¡lo hago por ustedes! estaré bien. Ya no soy una niña, podré cuidarme sola, dos años pasarán tan pronto que no lo notaremos. Me puse de pie y le extendí mi mano al señor Ivanov. —Fue un gusto, señor Ivanov. Me di la vuelta y caminé en dirección a mi padre, lo tomé de la mano y lo arrastré conmigo. —Quiero que estén bien, quiero que reciban ese dinero y recuperen la repostería. Yo voy a estar bien, serán solo dos años que pasarán muy rápido, dos años en los que solo debo compartir techo con un desconocido que intentaré no toparme hasta que pueda volver hacer mi vida, ¿de acuerdo? Todo estará bien, confía en mí.
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