Volvió al automóvil puso música y comenzó a cantar, pasaron horas hasta que recibió la llamada de Javier para que lo recogiera en la entrada de la mansión. Al subirse al auto Javier le dijo a su chofer:
–Tengo hambre, párate en algún lugar de comida rápida, por favor.
–¿En serio? –preguntó Adelaida dudosa.
–En serio –respondió él muy firme.
–Bueno, como usted ordene.
Llegaron a un local de hamburguesas, él le dijo que pidiera para ambos y le dio su tarjeta para que pagara, se estacionaron para comer y él de pronto le preguntó:
–¿Siempre cantas para pasar el rato?
–Sí, oyéndome no me siento sola y usted, ¿siempre espía a sus choferes?
–Por mi seguridad hay cámaras de vigilancia y un equipo de respuesta inmediata cuando estoy fuera de Los Ángeles.
–¿Equipo de respuesta inmediata? Y por qué no me había dicho que nos están vigilando.
–Porque no lo consideré necesario, pero están muy cerca. Hoy estuviste un buen rato fuera del automóvil.
–Me fui a conversar con otros choferes y también hice una llamada telefónica.
–¿A quién?
–No es mi obligación decirle a quien llamé.
–¿Tienes novio?
Adelaida solo sonrió y suspiró profundamente, lo cual sorprendió y molestó a Javier, quien hasta ahora solo había obtenido indiferencia de esa mujer. Terminaron de comer, Adelaida se deshizo de la basura, abrió las ventanillas, limpió sus manos con toallas húmedas, comió una menta, le ofreció a él toallas y menta, finalmente roció ambientador en el auto, todo bajo la atenta mirada de su jefe quien no perdió detalle de sus acciones y no pudo evitar decirle:
–Eres… especial.
–No jefe, solo quito el olor a comida de nosotros y del auto, ¿al hotel?
–Sí, vamos al hotel, mañana regresamos a casa.
El resto del trayecto Javier no apartó la mirada de su chofer, quien se percató de la observación de su jefe más no se dio por enterada, iba tarareando muy bajito para disimular. Javier Durán se preguntaba qué le estaba pasando con su chofer, sentía simpatía y admiración por esa chica, era diferente y si bien había notado que era una hermosa y deseable mujer, no quería solo “estar con ella”, en realidad quería conversar largamente con ella, saber a quién quería, a quién llamaba, en quién pensaba, era otra clase de chica y le estaba gustando que fuera así.
Adelaida cruzó brevemente su mirada con la de su jefe y comenzó a fingir que no se había dado cuenta de que tenía sus ojos puestos en ella, estaba satisfecha de esa reacción, eso era lo que quería; intrigarlo, interesarlo, hacerlo fijarse en ella. Todo iba según lo planeado, con algunas excepciones muy pequeñas, tales como que le gustaba el lado “humano” de su jefe; cuando se bajaba de su pedestal y pedía comer comida rápida, cuando decía “por favor” o le daba las gracias por algo y cuando conversaba sin poses, ese Javier le gustaba mucho.
***
A la mañana siguiente la despertó una llamada telefónica de su jefe:
–Dígame jefe.
–Buenos días, en veinte minutos salimos al aeropuerto, ¿puedes estar lista?
–Buenos días, sí, por supuesto.
Se encontraron en el lobby y Adelaida cuando lo vio solo, no pudo contenerse y le preguntó a su jefe:
–¿Dónde está la dama roja?
–Se fue ayer en la tarde.
Entonces se trasladaron al aeropuerto, ya en el avión, Javier le pidió disculpas por la llamada intempestiva, pero se justificó diciendo que tenía una reunión muy importante esa misma tarde. Adelaida le dijo que entendía perfectamente y se dispuso a continuar durmiendo durante el vuelo, otra vez bajo la aguda observación de Javier Durán.
Se despertó con mucho apetito porque no había desayunado y se devoró todo lo que le sirvieron, luego se colocó sus audífonos y se disponía a oír música cuando Javier se sentó a su lado y le dijo:
–Quiero saber más de ti, eres mi persona de confianza y necesito conocerte mucho.
–De acuerdo, ¿usted pregunta y yo respondo o le voy contando?
–Cuéntame y si tengo alguna pregunta la hago, ¿de acuerdo?
–De acuerdo.
Y así Adelaida comenzó a narrarle la historia de su vida, su infancia, adolescencia, sus fabulosos viajes con su padre, su trágico final y su total determinación a valerse por sí misma haciendo lo que mejor sabía hacer que es conducir.
Javier la oyó atentamente, no hizo ninguna pregunta, solo la miraba y sonreía de vez en cuando con sus graciosos gestos, cada vez le agradaba más esa chica, lo conmovía y lo enternecía “¿qué rayos me está pasando?” se dijo y volvió a su asiento lejos de ella.
***
Al llegar a la casa la recibió Catalino y la acompañó hasta su habitación:
–¿Cómo estuvo todo? –preguntó ansioso.
–Pues muy bien a decir verdad.
–¿Te sigue tratando bien?
–Sí Lino, aún nos soportamos, no ha intentado ahorcarme ni me ha mordido todavía.
Enseguida oyeron la voz de Javier llamando a Adelaida, quien salió presurosa de su habitación.
–Dígame jefe.
–Debo ir a la oficina, vamos por favor.
–¿Sigue diciendo por favor? –dijo Catalino entre dientes, como para sí mismo, pero Adelaida alcanzó a oírlo y le respondió:
–Sí Lino, sigue pidiéndome las cosas con un “por favor”.
–Niña, qué éxito.
***
Pasados varios días Javier le entregó a Adelaida una tarjeta mientras le decía:
–Memoriza esta dirección y cuando yo te diga que vayamos a “el sitio”, este es el destino.
–¿”El sitio”? Y ¿por qué tanto misterio?
–No hay misterio es como un código entre nosotros, así no tengo que aclarar adonde quiero que me lleves cuando esté acompañado.
–Aaaaah ya entendí. Tranquilo, usted dice “el sitio” y yo tomo rumbo a esta dirección.
–Exactamente, eso es lo que quiero.
Javier la miraba detenidamente esperando alguna otra reacción por parte de su chofer ante la petición que acababa de hacerle, pero Adelaida no mostró nada más, era como si no le importara que él le pidiera llevarlo a un apartamento exclusivo para tener sus citas con otras mujeres. No entendía por qué le resultaba tan indiferente a esa chica, realmente lo intrigaba y le enfadaba.
Adelaida sentía pinchazos en el estómago, el muy sinvergüenza tenía ahora un “nido de amor” donde se reuniría con todas esas bobas que caían rendidas con él, pero no demostró absolutamente nada diferente a una total apatía, parece que le tomaría más tiempo del pensado interesarlo en ella.
***
Las semanas siguientes la chofer llevó a su jefe a “el sitio” muchas veces, salían de la oficina, recogían a la chica de turno en su casa, en su trabajo o dónde estuviera e iban al “nidito” como le decía Adelaida cuando le contaba a Catalino las saliditas de su jefe, lo hacía para desahogarse porque se enfadaba mucho cada vez y también para poder burlarse de las chicas ya que en el automóvil se mordía la lengua para no reírse de algunas y para evitar comentar algo inapropiadamente.
Javier había intentado mantener su vida de aventuras amorosas, pasó unas buenas semanas, aun cuando en cada ocasión intentó averiguar qué pasaba por la cabeza de su chofer, no quiso profundizar en las razones por las cuales quería saber la reacción de Adelaida, lo que sí sabía era que le resultaba muy incómoda su indiferencia.
***
Se presentó una gran oportunidad de negocios para Javier Durán en Europa la cual requería de su presencia, por lo que comenzó a preparar un viaje que posiblemente duraría un par de semanas, al principio repasó mentalmente su larga lista de chicas para seleccionar a cual llevaría, también analizó la posibilidad de conocer a una nueva compañera durante su estadía, no obstante, lo que lo decidió a ir sin compañía fue que por su cabeza pasó la idea de que tal vez durante el viaje pudiera acercarse a Adelaida, lamentaría perderla como chofer, pero valía la pena el sacrificio ya que era una mujer preciosa que ya había estado suficiente tiempo cerca de él sin que ocurriera nada entre ellos.
Tres días antes del viaje Javier le notificó a Adelaida que partirían hacía Italia por dos semanas, le anunció también que llevara trajes apropiados porque seguramente necesitaría que lo acompañara a algunos eventos diurnos y nocturnos, le sugirió trajes de coctel, de gala y ropa deportiva, ya que allá no sería requisito que estuviera uniformada. Adelaida corrió a decirle a Catalino, quien de inmediato le anunció:
–Nos vamos de compras –indicó él, mientras le mostraba una tarjeta de crédito a Adelaida.
–¿De compras?
–Por supuesto, o… ¿es que ya tienes toda la ropa que sugirió el jefe?
–No, aquí no tengo nada de eso.
–Pues, andando niña, nos vamos de compras.
–¿Me lo descontarán después?
–Tranquila, si se da cuenta, le diré que todo formó parte del gasto por su viaje a Europa, además no vamos a abusar, bueno, solo un poquito.
Pasaron el resto de ese día visitando tiendas, Adelaida tenía la suerte de lucir bien en cualquiera de las prendas que se probaba y Catalino estaba encantado actuando de estilista.
Al llegar a su habitación comenzó a empacar cuidadosamente todo lo que había comprado que también incluyó lencería y zapatos.
***
Durante el largo viaje, Adelaida se sentó un momento frente a su jefe y sin protocolo alguno le preguntó:
–¿Por qué juega con las mujeres?
Javier Durán se sorprendió mucho con la pregunta de su chofer, sin embargo, se repuso inmediatamente, se acomodó en el asiento y se inclinó un poco para responder:
–Yo no juego con las mujeres, tengo un sistema simple, si alguna llama suficientemente mi atención, le propongo pasar el rato conmigo, solo eso y lo digo muy claro… es pasar el rato, puede que se extienda unas horas o días más, pero no deben esperar una relación si yo pedí un rato y ellas aceptaron.
–¿Por qué lo hace?, ¿tuvo alguna decepción amorosa?
–Lo hago precisamente para no tener ninguna decepción amorosa, yo soy un hombre ocupado, me debo a mi trabajo, a mis negocios, una relación implica que pierdes tu individualidad, pasas a formar parte de una pareja y en todos los casos esa pareja quiere adaptarte a su estilo, yo no quiero cambiar, yo soy como soy.
–¿Alguna mujer quiso cambiarlo?
–¿Por qué asumes que todo lo que hago es porque viví una mala experiencia?
–Porque dijo con mucha firmeza que no quiere cambiar, yo creo que alguna intentó que fuera diferente.
–Tengo treinta y dos años Adelaida, la única vez que me enamoré tenía ocho y fue de la hija de la cocinera, me rompió el corazón cuando la vi con su novio. No he vuelto a sentir amor por ninguna otra mujer y dudo mucho que lo haga.
–¿Se va a morir viejito y solo?
–Moriré viejito y solo.
–Ay qué triste.
–Tengo todo lo que deseo.
–Por ahora.
–¿Qué me dices de ti?, ¿esperas al príncipe azul?
–Sí, quiero romance y amor, mi padre no dejó de amar a mi madre a pesar de su mala decisión, siempre esperó que ella regresara, yo quiero un amor así, con esperanza a pesar de todo.
–¿Te has enamorado?
–Sí, todos los días –dijo riendo–, del Sol, de la brisa, de Catalino, de la vida.
–¿Y de un hombre?
–Una vez, hace bastante tiempo, se casó y cuando me enteré pretendía que todo siguiera igual entre nosotros, no me vio nunca como una futura esposa sino como la chica para pasar el rato, como dice usted.
–No me refería a ti, no te veo como una chica para pasar el rato.
–Lo sé.
–¿Lo sabes? –preguntó y enarcó una ceja.
–Claro, en el tiempo que he trabajado para usted, me ha tratado con la debida distancia y respeto, sé que en su mente no ha tenido nunca la idea de “pasar el rato conmigo” –respondió Adelaida haciendo el signo de comillas con sus dedos.
–¿Crees que tu madre esté viva? –preguntó Javier para cambiar de tema, ya que precisamente eso es lo que había pensado al no llevar compañía en ese viaje.
–La verdad no tengo idea, yo tenía dos años cuando ella se subió a un autobús de una banda de rock y no volvió nunca más a casa.
Adelaida volvió al asiento que ocupaba al principio y enseguida les sirvieron la comida, una vez que terminó, se acurrucó en el asiento y fingió dormir, sí, fingió porque no dejaba de pensar en lo dicho por Javier Durán. Sería muy difícil llevar a cabo su plan de venganza porque él estaba cerrado a enamorarse, aprovecharía de incitarlo un poco durante ese viaje y si no daba ninguna muestra de interés tendría que pensar seriamente en olvidarse de la venganza, ella no era su tipo, todas las mujeres con las que salía eran súper elegantes y muy sexys.
Javier por su parte pensaba que la chofer tenía valores y que esperaba romance, él no podía ofrecerle eso, por lo que tal vez le resultaría difícil tener un momento con ella, aprovecharía de incitarla un poco durante el viaje y si no daba ninguna muestra de interés buscaría una chica por allí para olvidarla, porque se sentía más pendiente de ella de lo normal, a pesar de ser tan diferente a su estándar de chicas, aunque tal vez era eso precisamente lo que le llamaba la atención de ella.