Quiero besarte

2313 Words
Llegaron a una hermosa villa que Javier había alquilado para la ocasión, pensó que sería el ambiente privado perfecto para la seducción que tenía planeada, tenía personal de servicio por lo que era cómoda, les mostraron sus habitaciones y Javier le dijo que tenía la tarde libre, pero a las ocho de la noche debían salir a una cena muy importante y ella sería su acompañante, Adelaida asintió y se dispuso a desempacar para seleccionar el traje de esa noche. Cuando se encontraron en la sala de estar de la villa, él estaba en un impecable traje oscuro, hecho a la medida y que le sentaba a la perfección. Ella había escogido un vestido color verde esmeralda ajustado, con falda lápiz que le llegaba justo por debajo de la rodilla, su largo cabello atado a un lado y maquillaje suave destacando sus lindos ojos color aceituna, Javier contuvo la respiración y finalmente solo pudo decir: “Guau”. En el lugar donde se llevaría a cabo la cena fueron recibidos por una pareja mayor y muy elegante, saludaron con mucho entusiasmo a Javier y cuando les presentó a Adelaida enseguida asumieron que era su novia y lo felicitaron efusivamente por su acertada elección, Javier no aclaró que era su empleada, por el contrario, pasó su brazo por la cintura de ella y comenzó a caminar manteniéndola muy pegada a su costado disfrutando de su contacto, se acercaron a un bar instalado para la ocasión y él muy amoroso le preguntó que deseaba tomar, Adelaida respondió que le apetecía vino y él ordenó whiskey en las rocas. De pronto la dama tomo del brazo a Adelaida y le dijo: –Ven querida, dejemos a los hombres hablar de negocios, aún tenemos tiempo de conversar antes de que anuncien la cena. Bajo la curiosa mirada de Javier, Adelaida se alejó con la agradable dama, quien comenzó a preguntarle: –¿Dónde se conocieron? –En Los Ángeles. –¿Tienen mucho tiempo juntos? –Muy poco, apenas cuatro meses. –¿Y ya te trajo a una de estas reuniones? Debes ser muy importante para él, hemos tenido encuentros en varios países y es la primera vez que se presenta acompañado. –En realidad hay mucha confianza entre nosotros. –Y dime, ¿es tu primera vez en Italia? –No, yo he venido antes con mi padre, conozco Roma, Florencia y Milán. –Oh qué interesante, ¿quién es tu padre? –Fue piloto de carreras, falleció hace algunos años. –Lamento oír eso. Mi hermano también fue piloto de carreras, se retiró y ahora anda por los mares del mundo navegando. Anunciaron que la cena estaba servida y ambas mujeres se dirigieron al lujoso comedor, Adelaida buscó con la vista a Javier y lo encontró de pie esperándola, se sentó a su lado y comenzaron a disfrutar de una exquisita cena, Javier notaba la desenvoltura que tenía Adelaida durante la cena, sin inmutarse en absoluto ante la gran variedad de cubiertos de oro y copas de fino cristal. Lo mataba la curiosidad por saber dónde había aprendido a actuar con tanta elegancia, para colmo alguien le habló en italiano y ella respondió sin titubeo alguno. Se acercó y le dijo al oído: –Eres una caja de sorpresas. Adelaida solo lo miró y sonrió enigmáticamente, entonces pensó que tal vez y sin haberlo planeado así, por fin había obtenido el interés de su jefe. Fue una cena larga con muchos platos y varios postres, al terminar Javier volvió a reunirse con el caballero que los recibió, pero esta vez tomó de la mano a Adelaida para que se quedara a su lado, ambos sintieron un breve chispazo al tocarse, se miraron y sonrieron sin soltarse, el caballero habló primero: –Mañana haremos un rápido viaje a España para que veas cómo va la construcción del colegio, regresaremos aquí para presentarte los planos de la ampliación de la fábrica, estoy muy entusiasmado con ese proyecto, generaremos muchos empleos y también nos reportará grandes utilidades. –Perfecto Vittorio, nos vemos en el aeropuerto entonces, te parece a las ocho de la mañana. –No Javier, el vuelo está pautado para las seis de la mañana –le respondió riendo. –Oh, entonces a las seis será, no tengo problema con ese horario. –Giró hacia Adelaida y le preguntó: –Querida, ¿te importa levantarte muy temprano mañana? –No jef… eeeh querido, en absoluto. *** Cuando iban camino a la villa Javier aún estaba intrigado por el comportamiento de Adelaida durante la comida, así que le expresó: –Me sorprendió tu desempeño durante la cena. –¿Por ser chofer no puedo tener buenos modales? –También hablas italiano. –Además inglés y francés. Fui a una escuela de señoritas, a mi padre le preocupaba que si me criaba entre pilotos y mecánicos no sabría comportarme adecuadamente. –¿Trabajaste para alguien más como chofer? –Trabajé para una aplicación por varios meses, nadie en particular porque la aplicación asigna los clientes al azar. –¿Quieres tomar una copa conmigo al llegar? –Sí, claro. Dígame algo ¿por qué no aclaró que soy su chofer y permitió que todos pensaran que somos pareja? –Porque te estaban admirando mucho y quise presumirte. –¡Válgame Dios! Usted es… es… –¿Soy qué? –Preguntó Javier en tono bajo y acercándose a ella. –No consigo la palabra –respondió Adelaida molesta, mientras Javier la miraba sonriendo. Se reunieron en un hermoso salón de la villa, Javier sirvió vino para ambos, quería prolongar la noche, recordaba la sensación que experimentó cuando tomó la mano de Adelaida y se preguntaba qué otra cosa sentiría si la estrechaba en sus brazos y la besaba, le ofreció la copa de vino y se sentó frente a ella, de pronto Adelaida mirándolo fijamente, le preguntó: –¿Qué quiere? –Quiero besarte. A pesar de sentirse preparada para todo, Adelaida se perturbó con su respuesta tan directa y tajante, pero recuperó el control y siguió preguntando: –¿Por qué? –Porque sentí una agradable sensación cuando tomé tu mano. Así que considero que besarte debe serlo aún más. –¿Y acaso solamente cuenta usted?, ¿qué hay de lo que yo quiero? –Entiendo, ¿tú qué quieres? –Quiero terminar esta copa e irme a dormir porque debo levantarme muy temprano mañana. Adelaida unió la acción a la palabra, apuró el contenido de su copa y se la entregó a Javier, quien la tomó como un autómata, mientras ella daba media vuelta y se alejaba muy rápido de allí, aún sentía como su corazón latía fuertemente nada más con imaginarse en los brazos de su jefe y recibiendo sus besos, llegó a su habitación y cerró con seguro, de pronto pensó que él podía insistir e intentar entrar en su cuarto y allí si es verdad que se perdería totalmente. No se equivocó, a los pocos minutos notó una sombra en su puerta, fueron unos segundos, no tocó ni intentó entrar, pero estaba segura de que Javier Durán había estado allí. Durmió inquieta porque muchas imágenes vinieron a su mente, se despertó varias veces sudando y en algunos casos ni siquiera recordaba que había soñado, lo atribuyó todo a la abundante comida, los postres, las bebidas y el oír a su jefe diciendo que quería besarla, se desconcertó porque su plan era atraerlo, incitarlo y ahora que parecía haberlo logrado sentía que el alma la abandonaba solo de recordar su respuesta cuando le preguntó qué quería. Javier recibió la copa vacía que le entregó Adelaida, la vio alejarse y por un instante dudó sobre su siguiente paso, pero reaccionó y se dirigió a la habitación de la chofer, él notó su sobresalto cuando le dijo que quería besarla, estaba seguro de que ella no se negaría si la tomaba por la cintura y buscaba su boca, quería saber que más podía sentir con ella aparte de ese rápido chispazo que lo sorprendió cuando tomó su mano, fue directamente a su puerta, sin embargo, algo lo detuvo a último momento, tuvo el presentimiento de que si la tenía en sus brazos no iba a querer soltarla nunca más, así que permaneció parado frente a la puerta de su habitación unos segundos y decidió irse de allí, una ducha fría lo calmaría rápidamente. *** A las cuatro y media de la mañana decidió levantarse y tomar un largo baño para despejarse, seleccionó un traje pantalón, dejó que su largo cabello se secara al aire, se maquilló muy suave y tomó los lentes de sol más grandes y oscuros que tenía, así salió hacia la cocina, necesitaba una gran taza de café con urgencia, al llegar ya Javier estaba desayunando: –Buenos días jefe –saludó apenas lo vio. –Buenos días Adelaida, ¿ya estás lista? –Sí señor, cuando diga partimos. –Te da tiempo de desayunar. –Solo quiero café, mucho café. –Es un viaje corto, no habrá desayuno en el avión. –Estoy bien así, muchas gracias. Al llegar al aeropuerto estaba la pareja de la noche anterior, ellos también tenían un avión privado en el que harían el viaje a España, Adelaida aún no sabía sus nombres, por lo que se propuso averiguarlo enseguida, se acercó a la dama y tomándola del brazo, tal como le había hecho la dama a ella durante la cena, la alejó un poco para preguntarle: –Sé que es imperdonable de mi parte, pero aún no sé tu nombre. –Estamos en falta las dos, yo soy Adela Fontain soy una francesa enamorada de Italia y de un italiano, mi esposo es Vittorio Amaro. –Yo soy Adelaida Puentes. –Pronto de Durán, espero –señaló Adela Fontain con picardía. –No hemos hablado de eso, aún es pronto. –Querida a Vittorio y a mí nos bastó un día para saber que no nos separaríamos nunca más, no te diré que es mi alma gemela o mi mejor amigo, simplemente es mi otra parte, juntos somos uno y ya. –Es la definición de pareja más bella que he oído en mi vida –exclamó Adelaida admirada. –Fíjate en nosotras, la similitud en nuestros nombres es un buen augurio, seremos muy buenas amigas, te lo aseguro. Las llamaron para abordar el avión y caminaron tomadas del brazo, Javier observaba la naciente amistad entre su chofer y Adela a quien quería muchísimo y que era la esposa de su socio europeo, se sentía satisfecho, de pronto le gustó vivir la fantasía de que sí eran pareja. Durante el vuelo hubo una conversación muy animada entre los cuatro, Adelaida evitaba ver directamente a Javier aunque él la miraba insistentemente con esa sonrisa seductora en sus labios, al aterrizar los esperaba un automóvil y al dirigirse hacia el mismo, Javier se las ingenió para separarla de Adela y quedar a su lado, entonces pasó su brazo por los hombros de ella, ambos se estremecieron y se separaron de inmediato, continuaron caminando hasta la limosina que los esperaba y Adelaida quedó sentada al lado de Vittorio y Javier al lado de Adela. *** Los llevaron a un amplio terreno donde había una construcción muy avanzada, los atendió el que parecía el encargado de la obra quien saludó efusivamente a Javier Durán y a Vittorio Amaro, besó la mano de las damas y los invitó a todos a una caravana que utilizaba como oficina, allí les explicó los avances de la construcción, algunos inconvenientes que se habían presentado y que lo han obligado a implementar pequeños cambios, no obstante no son significativos y no afectan en absoluto lo que esperan como resultado final. Todos observaron que se trataba de una gran edificación con dormitorios, salones para actividades artísticas diversas, canchas deportivas cubiertas y otras al aire libre, piscinas, una gran fuente de soda, auditorio, servicios médicos muy completos, laboratorios, talleres y muchos salones de clase muy bien acondicionados, la maqueta ocupaba casi la mitad de otra caravana, era un proyecto sumamente ambicioso y estaba construido en un 75% según lo indicado por el encargado. También fueron a recorrer las secciones que ya estaban terminadas y eran muy impresionantes, Javier y Vittorio parecían niños en juguetería, a cada momento agradecían y felicitaban al encargado por su excelente labor, ya cerca de las tres de la tarde, Adelaida se sintió un poco mareada, Javier enseguida supo el porqué de su malestar, ya que no había querido desayunar, dieron por terminada la visita pese a las protestas de Adelaida quien decía que con un poco de agua resistiría y podían terminar de recorrer todo, Javier le dijo: –Ya vimos suficiente y sabemos que todo está en orden, lo que debemos hacer ahora es buscar un buen restaurante para que te alimentes lo más pronto posible. Adelaida tuvo que recostarse sobre su hombro cuando se sentaron en la limosina, sudaba frío y sentía que se desmayaría en cualquier momento, afortunadamente pronto encontraron un buen lugar para comer, en realidad ya todos estaban hambrientos, con mucho cuidado Javier condujo a Adelaida adentro del restaurante y ante todo pidió una taza de caldo para que ella repusiera fuerzas rápidamente, a medida que lo tomaba el color volvía a su rostro, al poco rato ya estaba muy recuperada y Javier respiró aliviado, entonces le propuso a sus amigos quedarse esa noche en España, solo quería que Adelaida comiera y se recostara a descansar, no consideraba conveniente movilizarla mucho más por ese día, Adelaida enseguida intervino: –No tengo nada para quedarme. –No te preocupes querida –indicó Adela– yo tampoco tenía previsto quedarme, dime tu talla y conseguiré ropa para las dos, solo algo para dormir y para salir mañana, vamos a buscar hotel y saldré con Vittorio de compras.
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