Stella Mi mano temblaba aún sobre el marco de la puerta, incapaz de moverse del todo. Cada fibra de mi cuerpo gritaba confusión y miedo, pero una voz interna, firme y desgarrada, me decía que debía protegerme, aunque fuera solo unos segundos más. Con un movimiento tembloroso, empujé la puerta hacia mí y la cerré con un golpe suave, casi desesperado. El sonido del cerrojo al caer resonó como un escudo entre nosotros. Mi corazón latía desbocado y sentí que todo mi cuerpo temblaba, como si estuviera suspendida entre el alivio y el pánico. Estaba de pie, con la espalda contra la puerta, tratando de recuperar el aire que la sorpresa me había robado. —¡Stella! — su voz sonó inmediatamente, firme pero cargada de urgencia—. ¡Espera, por favor! Sentí su mano sobre la madera, presionando ligeram

