Pov: Liam Maxwell (Edward)
Termino mi cafe apresurado para que mi abuelo no diga nada, ni pregunte acerca de lo que haré.
Solo tiene que averiguar que tengo una habitación de hotel y empezar el sermón.
— Liam hoy quisiera llevarte a que veamos unos negocios — Dice mi abuelo.
— Abuelo tengo cosas que hacer, sabes que no me interesa nada de eso, si vine fue porque mamá me obligó y no me quedó opción.
— Puedo ir contigo abuelo — mi primo trata de incluirse.
Aprovecho y me levanto para huir de esto.
— Liam no huyas de mí — mi abuela quiere retenerme.
— Lo siento abuelo tengo asuntos.
— Liam te lo pido por favor, no seas así — suspiro para escuchar su sermón otra vez.
— Abuelo, ¿Qué es lo que quieres de mí? — lo miro esperando a ver con qué me saldrá esta vez.
— Vamos hijo, sabes que eres quien seguira el legado de está familia, no puedes simplemente sucederme sin estar al tanto de todo — suspiro calmando mis pensamientos. — Cuando termines de estudiar la aniversidad será para encargarte de nuestro legado — yo quiero a mi abuelo pero odio esto.
Odio el hecho de pertenecer a una familia tan poderosa y millonaria. No quiero manejar un empresa, no quiero manejar el legado familiar, cualquiera diría que soy afortunado ser el proximo en la linea de poder para encargarme del imperio Maxwell.
Pero no. Odio esto por eso mantengo un perfil bajo, por eso la prensa no conoce mi cara, porque quiero tener una vida lo más normal que se pueda. A pesar de que sea simple ilusión porque mi abuelo puede terminar con esto cuando quiere, sé que está dándome tiempo para que termine todos los estudios y postgrados que quiere tenga para manejar el negocio.
— Cuando termine la universidad abuelo, ahora solo déjame vivir un poco, cuando termine mis estudios prometo hacer lo que desees, pero vinimos por vacaciones así que...
—Sabes que esto es inevitable, pero si quieres seguir en tu mentira Liam, hazlo.
¿Por qué no dejan de presionarme? Ya estoy harto.
— Solo procura no hacer tonterías porque aunque nadie conozca tu rostro públicamente todo lo que hagas nos afecta, se prudente — ruedo los ojos y miro mi teléfono.
Siena: Te espero en el parque de rosas.
Sonrío sin poder evitarlo.
– Si abuelo, lo que digas — no lo miro y salgo emocionado por verla.
Siena es como oxigeno puro, solo puedo definirla así, no encuentro otro termino para ella.
La vi dos veces y siento que la conozco desde siempre. Siena tiene algo que no logro descifrar, ella tiene una esencia natural y espontánea que me trae hipnotizado, que hace que me olvide de todo lo que me rodea, hace que quiera olvidar mi vida de lujos por estas simples salidas que tenemos.
Llego al lugar de encuentro y la veo demasiado hermosa esperándome, no logro justificar lo que ella me hace sentir porque no tiene sentido.
Aunque soy consciente que es una simple atracción, porque quien no lo estaría con una chica como ella, bonita, atractiva y simpática. Tiene el cabello castaño, una piel clara, unos ojos claros y grandes acompañados de unos labios demasiado atractivos, admito me insitan a besarla todo el tiempo, lo cual evito hacer.
Solo salimos dos veces más luego de ese espontáneo primer encuentro y juro que quise ser un simple hombre que sale con una chica en una cita pero no pude, su cuerpo me llama a cada momento y terminamos una y otra vez en la habitación del hotel sin poder evitarlo, no pensé que podría manejar tanta intensidad con una mujer.
— Hola Ed — sonríe y me siento muy mal por mentirle acerca de quien soy.
— Hola Siena — Se acerca muy animada para saludarme en la mejilla pero corro mi rostro y termina besando mis labios.
— Ey — dice separándose con una sonrisa divertida.
— Lo siento, ¿Fue sin querer? — sonrío de lado y ella solo sonríe mordiendo su labio.
— Empiezo a creer que sos un gran mentiroso Ed —realmente si.
Pero solo quiero vivir está mentira mientras este aquí, luego solo será un buen recuerdo.
Ella será ese respiro que necesito para mi agetreada vida en inglaterra. No me juzguen por mentir.
Estoy seguro que ella no sería como es si supiera quien soy. Si ella es así conmigo es porque cree que solo soy un chico adinerado y nada más.
— Estaba pensando en que hacer, te traje acá porque pensé sería entretenido reírnos de todos tomarse fotos — La observo mirar el lugar.
— O sea que me trajiste aquí a reírme de los demás — me toma del brazo y me estira para que caminemos dentro de el lugar.
Es un parque inmenso que tiene rosas en unas áreas y diferentes construcciones además de un lago.
— Por supuesto Ed, lo mejor de la vida es ir por ahí viendo a los demás y reírse de las cosas tan predecibles que hacen — me lleva hasta una zona donde se puede observar el panorama del parque.
— Mira allá, vez esas parejas, te puedo jurar que no se conocen hace más tiempo que nosotros y míralos tomandose fotos besándose, es ridiculo, solo hacen esto porque el lugar los empuja a crear un aura romántica — la miro admirando su forma de pensar.
— ¿No te gusta el romance Siena? — me mira y se encoge de hombros.
– Creo que el romance no lo es todo, pienso que lo que importa es la química, no hay romance que pueda forzar algo que no tiene química desde un principio— Asiento mirándola fijamente.
— Palabras sabías Siena — se encoje de hombros y luego mira detrás mío.
– Dime que te gusta el algodón de azúcar — la miro raro sin entender a que se refiere.
Me estira del brazo arrastrándome hasta un carrito que vende palomitas y copos de azúcar.
— Hola quiero un algodón de azúcar — dice emocionada al vendedor.
Creí que esas cosas solo la comían los niños.
Apenas se lo entregan me mira con emoción.
— Si no te gustan sos extraterrestre — dice con su copo rosado como si tuviera 5 años.
— Entonces creo que lo soy, porque no recuerdo que me gusten — me mira abriendo la boca muy exagerada.
— No es posible, de verdad que me decepcionas Ed — no dejo de pensar en lo que hago, cada que dice ese nombre me lo recuerda. — En fin más para mí supongo.
Caminamos a una banca y ella se sienta a comer su copo de azúcar.
— No es posible que no te gusten — lo mismo pienso, ella lo come con tantas ganas se vea delicioso.
— No soy fanático de las cosas dulces.
Ella le vale lo que digo y sigue comiendo, eso me gusta, que a Siena no le importa lo que piensen los demás, ella es lo que quiere ser sin pensar en nada. Es libre, que lindo poseer esa libertad innata.
— Yo amo todo lo que sea comestible — me mira y noto que en la comisura de su labio tiene pegado un trozo de copo de Azúcar.
Miro sus labios sin poder evitarlo y ella me mira raro.
— ¿Qué tengo? — dice preocupada.
— Solo.... — me acerco y agarro con mis dedos el pedazo de copo de Azúcar. — Tenías un pedazo — la veo muy cerca y sus grandes ojos me observan con sorpresa.
Meto el pedazo de copo de azúcar en mi boca y se deshace.
— Muy dulce — susurro aun cerca de ella.
— Ed no está nada bien que me hagas esto — La miro sin entender a lo que se refiere.
— Yo no hago nada — se sonríe y muerde su labio inferior acercándose un poco más.
— Si lo haces, me obligas a esto todo el tiempo — mira mis labios y trago grueso porque ya sé a lo que se refiere.
Es verdad, lo intentamos, queremos que esto sea algo tranquilo pero no funciona, siempre terminamos en esto.
Me acerco solo un poco quedando a unos centimentros de sus labios.
— No es con intención — rozo mis labios con los suyos y sonríe — O si — la beso un beso intenso pero cuidadoso.
Tan intenso como debería ser un beso en un parque, solo que no funcionará porque ella se pega a mí como un imán y ya sé que no habrá retorno, con Siena no puedo solo conformarme con un beso.
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Estaciono en la esquina donde siempre dejo a Siena.
— Nos vemos luego — dice bajando del auto y camina hasta mi ventanilla.
— Te escribo para que nos veamos — menciono con una sonrisa.
¡Ella me gusta! Y eso no me gusta.
— La pase bien como siempre — se acerca a saludarme y la beso.
¿Por qué? Solo así me salió, como un impulso imposible de contener.
Se separa sonriendo y relamiendo sus labios.
— No tardaré en escribirte — asiente sin dejar de sonreír y se marcha.
Arranco el auto con una tonta sonrisa en mis labios.
Conduzco dos cuadras y comienza a sonar mi teléfono, miro y es mi abuelo, suspiro mientras atiendo con los manos libres, solo por respeto a él.
—Qué hice para que el mismísimo Theodore Maxwell me llame directamente — menciono divertido.
— Si ya terminaste de hacer tus tonterias, tu maleta un boleto de avión te esperan para que te marches a Inglaterra — su tono frio y autoritario me descoloca.
¿Qué le sucede? Nos vamos dentro de un mes.
— No voy a irme, aún nos quedan unas semanas ¿Qué te sucede?
— A ti que te sucede, idiota, saliendo con esa chica.
Me quedo sin palabras y freno en la acera.
— ¿Me estás siguiendo?
— Ya mismo te quiero aquí Liam.
Corta el teléfono y veo un auto n***o pasar por mi lado.