Abrí la carpeta y vi una serie de documentos que me dejaron sin aliento. Eran informes, fotografías, gráficos y mapas que revelaban la existencia de una sociedad secreta que controlaba toda la jerarquía del mundo.
Según esos documentos, la Sociedad era una organización milenaria que se remontaba a los tiempos de la antigua Babilonia. Su objetivo era preservar el conocimiento y la sabiduría de las civilizaciones antiguas y usarlos para influir en el curso de la historia.
La Sociedad estaba formada por un grupo selecto de personas que provenían de diferentes ámbitos: política, economía, ciencia, arte, religión, etc. Todos ellos compartían una visión común: crear un mundo mejor para la humanidad.
Para ello, la Sociedad actuaba en la sombra, manipulando los acontecimientos y las personas para favorecer sus intereses. La Sociedad tenía agentes infiltrados en todos los niveles de poder: gobiernos, corporaciones, medios de comunicación, organizaciones internacionales, etc. La Sociedad era la que decidía quién subía y quién bajaba en la escala social.
La Sociedad también tenía acceso a tecnologías avanzadas que le permitían realizar proezas increíbles: viajar en el tiempo, comunicarse telepáticamente, curar enfermedades, modificar el clima, etc. La Sociedad usaba estas tecnologías para su beneficio y para el de la humanidad.
La Sociedad se regía por un código de honor y una ética estricta. La Sociedad no buscaba el poder por el poder, sino el bien común.
La Sociedad no era malvada ni egoísta, sino altruista y generosa.
La Sociedad me había elegido a mí para formar parte de ella. La Sociedad me ofrecía la oportunidad de unirme a su causa y de contribuir a su obra. La Sociedad me prometía una vida llena de aventuras y de sentido.
• ¿Qué le parece? - me preguntó el señor Smith.
• Me parece… increíble - dije yo.
• Lo sé - dijo el señor Smith -. Es difícil de creer, pero es la verdad. Usted ha sido seleccionado por la Sociedad por sus cualidades y sus méritos. Usted es un periodista de investigación con una mente brillante y un espíritu crítico. Usted tiene el potencial y el talento para ser uno de nosotros.
• ¿Y qué implica ser uno de ustedes? - pregunté yo.
• Implica formar parte de una familia, señor Daniel - dijo el señor Smith -. Una familia que le apoyará y le protegerá. Una familia que le dará acceso a conocimientos y recursos inimaginables. Una familia que le permitirá hacer realidad sus sueños y sus ideales.
• ¿Y qué tendría que hacer yo a cambio? - pregunté yo.
• Tendría que cumplir con las normas y los objetivos de la Sociedad - dijo el señor Smith -. Tendría que seguir las instrucciones y las misiones que le asignáramos. Tendría que guardar el secreto y la lealtad a la Sociedad. Tendría que renunciar a su vida anterior y a su identidad.
• ¿Renunciar a mi vida anterior y a mi identidad? - repetí yo.
• Sí, señor Daniel - dijo el señor Smith -. Ese es el precio que hay que pagar por entrar en la Sociedad. Usted tendría que dejar atrás todo lo que ha sido hasta ahora: su trabajo, su familia, sus amigos, sus aficiones, sus recuerdos. Usted tendría que adoptar una nueva identidad y una nueva vida acorde con su nuevo rol en la Sociedad.
• ¿Y si no quiero hacer eso? - pregunté yo.
• Entonces tendrá que olvidarse de todo lo que ha visto y oído aquí - dijo el señor Smith -. Le borraremos la memoria y le devolveremos a su vida normal. Pero le advierto que se arrepentirá de haber perdido esta oportunidad única.