CAPITULO 5: La serpiente en la madriguera.

3966 Words
--Victor— Bethany se contoneaba a mi alrededor de forma descarada, llevaba un par de días sin prestarle atención y podía ver como no lo soportaba. Se sentó en el sofá mas cerca de mi y cruzo sus largas piernas de una manera exagerada, intentando que me fijara en la cantidad de piel que había dejado a la vista para mí. La miré con cierto hastió, aquel día no tenia animo para nadie y menos para intentar ser amable con ella. -        ¿Puedes dejar de hacer tanto ruido? - le espeté incapaz de tener ya mas paciencia, estaba intentando leer un libro para relajarme un poco y ella no paraba de intentar llamar mi atención de una manera patética. Ella me miró con sus ojos azules haciendo un puchero mientras movía sus pestañas postizas de arriba abajo. -        ¿De verdad prefieres mirar ese libro absurdo a estar conmigo? - acaricio su cabello rubio mientras me hacia morritos. Tenia ganas de estrangularla cuando hacia eso. Se que a veces me divertía con ella, pero solo era un divertimento físico para mi y ella lo sabía. Le había dicho infinidad de veces que no éramos pareja y que no podía actuar como mi novia, pero era lo mismo que explicárselo a una pared, de hecho, creo que la pared haría más caso. -        Bethany, solo voy a decírtelo una vez más, no estoy de humor para tus tonterías, ves a molestar a otro- fui mas cortante de lo que quería, pero hoy había tenido un día de perros y aquello había colmado mi paciencia del todo. Ella hizo un ruidito de enfado y se fue dramáticamente mientras me miraba con odio, al menos así me dejaría en paz un tiempo. Traté de volver a mi lectura, pero ya era demasiado tarde, comenzaba a tener dolor de cabeza y a estar demasiado alterado para concentrarme. Miré a mi alrededor. La sala común a la que solo los hijos de los miembros del consejo teníamos acceso, estaba llena. Solo faltaba Frank que en aquel momento estaba trabajando en un proyecto. La sala era espaciosa y muy elegante, todo el mobiliario que la componía era de una calidad exquisita y la tecnología que teníamos era de ultima generación. En este espacio había un total de dieciocho habitaciones, pero ahora éramos nueve asique la mayoría del espacio estaba vacío. Pero el colegio nos dejaba llenarlo de aquello que quisiéramos. Era muy complicado que todos los miembros del congreso tuvieran hijos al mismo tiempo, pero aquel año, tras la incorporación de Marcus y Jons habíamos formado un gran grupo. Ellos eran un año menores que el resto y habían llegado nuevos aquel año ya que antes estudiaban en otro colegio. Luego estaban Bethany, Cathy y Alisa, tres cacatúas insufribles. Alisa tenia un voz tan aguda y penetrante que en algunos momentos me había sentido tentado a ponerle un bozal. Ahora estaban en un rincón apartado curioseando en sus tablets lo que parecía fotos de chicos ya que se reían como tontas constantemente. Ahora Bethany se había unido a ellas y de vez en cuando me soltaban alguna mirada de soslayo seguramente hablando de lo cabrón que era. Me encogí de hombros internamente. No me importaba lo que pensaran de mí, ni ellas ni nadie. Fui sincero con Bethany la primera vez que me acosté con ella, le dije que no estaba interesado en nada más, pero supuse que la posibilidad de terminar con alguien como yo era algo a lo que Bethany no podía renunciar. Al fin y al cabo, si los deseos de mi padre se cumplían pronto sería el dueño del mundo. Me atusé el cabello totalmente exasperado, estaba cansado de la presión que mi padre no paraba de meter en mi y en mis expectativas de futuro de manera constante. Había faltado a un montón de clases desde que había empezado el curso y todo porque él quería que asistiera a algunas reuniones del consejo con él, para que fuera aprendiendo los protocolos. Yo quería estudiar ingeniería o medicina. No quería ser quien tomara ninguna decisión, me hubiera gustado nacer bajo cualquier otro apellido y no Strauss. -        ¿Otra vez con tus libros Victor? -  Rainer golpeo mi hombro al pasar a mi lado, y se desparramo, todo lo alto que era, en el asiento de al lado. -        ¿Qué tal el partido? - le pregunté intentando distraerme un poco, Rainer era mi mejor amigo, era un buen tío. Tenia la cara roja y su pelo castaño empapado en sudor. -        Una paliza tío, nos han machacado, tal vez si Ian hubiera hecho su trabajo, hubiéramos tenido alguna oportunidad. -        Claro, todo es culpa mía y no tuya por no meter ni una canasta. – Ian llegaba también completamente sudado. La liga de baloncesto del colegio acababa de empezar y solo estaban en los partidos de calentamiento, pero el otro equipo estaba mucho más preparado que ellos. Ian fue hacia la nevera y cogió una botella de agua fresca que se bebió casi de un trago.  Una risa estridente atravesó la sala común, Alisa nos miró sorprendida por el ruido que había hecho y tapó su boca en un gesto infantil y volvieron a reírse -        Por favor que alguien la haga callar- Rainer puso los ojos en blanco, ninguno podíamos soportar ese timbre de voz. - ¿qué tal con tu padre? Había pasado aquella mañana con mi padre, perdiendo clase otra vez, para asistir a una estúpida reunión sobre el sistema de distribución de agua en el sector 13 este, aquello había sido tedioso y la charla de después con él no había sido la mejor guinda del pastel. -        Mejor no preguntes- le contesté de mala manera, luego hablaría con él, pero no quería decir mas de la cuenta delante de Ian, no me fiaba de él. Era un tipo algo siniestro y muy oportunista. Rainer asintió comprendiéndome perfectamente. -        Bueno yo voy a ducharme- Rainer se levantó y salió hacia su habitación, un poco después vi a Ian hacer lo mismo. El dolor de cabeza fue en aumento, eran cerca de las seis y media, pensé en irme a la cama, pero si lo hacía no dormiría en toda la noche. Decidí terminar algunos ejercicios de matemáticas, era el mejor de la clase, hasta que había llegado aquella chica de la ciudad, Astrid. Pensé en como me miraba con esos inmensos ojos verdes cada vez me había acercado a ella. Sabia el efecto que causaba en las mujeres cuando estaba cerca, todas eran iguales. Además, ¿Quién no quería poder optar a ser mi novia? Yo Victor Strauss, el privilegiado entre los privilegiados. Para mi todas eran la misma cosa. Pero Astrid me había plantado cara varias veces y eso que solo llevaba una semana aquí y aquello me daba mucha curiosidad. Aunque seguramente era la temeridad de la ignorancia, cuando supiera quien era yo y el poder que tenía pasaría a ser una dócil chica más, como todas las demás. Lo cierto es que todos me trataban con temor, como si pudiera quemarlos vivos si quisiera, bueno todos los demás salvo Rainer que era de los pocos que me trataba como si fuera uno más.   Tarde una hora en terminar todo lo que llevaba atrasado y en ponerme al día, aquella semana había perdido casi el setenta por ciento de mis clases por culpa de “mis obligaciones”, maldije a mi padre internamente. Me di una larga ducha intentando que el agua borrara el dolor de cabeza, pero fue inútil. Sali desnudo hasta mi habitación, esta era inmensa, la mas grande de todas. Tenia una gran cama de matrimonio en el centro, el cabezal de mi cama era una falsa chimenea de madera, que daba calidez a toda la estancia. La pared del fondo estaba cubierta por grandes ventanales desde el techo al suelo. Nuestras habitaciones estaban en lo mas alto del complejo y daban directamente al acantilado, con lo que tenia unas vistas privilegiadas del mar. Las paredes estaban forradas por libros, sé que podía parecer cursi, pero me encantaba leer, mi madre me enseño de pequeño usando libros de verdad y no pantallas. Ya no se fabricaba nada en papel, todo era digital. Mi madre había empezado a coleccionarlos desde joven y teníamos una enorme colección en casa, algunos tremendamente antiguos y valiosos. Al morir ella yo había seguido su legado. Era lo único que me hacia sentir cerca de ella ahora que no estaba. -        Estas volviéndolo sensible y débil con tanta historia- recuerdo cuando mi padre le escupió aquellas palabras a mi madre. Yo tenía solo nueve años, ella y yo habíamos estado horas en silencio leyendo junto al jardín que había en el invernadero. Ella llevaba una rebeca de lana marrón y su pelo rubio recogido en un moño desordenado. Recuerdo sus pies descalzos sobre el sofá gris y sus manos suaves y pulidas por las páginas. Mi padre siempre trato de evitar que yo siguiera sus gustos, siempre quiso que fuera mas fuerte, mas agresivo, mas despiadado. Cuando ella murió un año después de eso, cerró la biblioteca con llave y me impidió entrar, asique tuve que convertirme en todo lo que él quería de mí, un chico fuerte que trataba a todo el mundo con condescendencia que no se dejaba impresionar por nada ni nadie. Básicamente en un calco de él. Finalmente, conseguí que me dejara entrar de nuevo en aquella biblioteca, pero nunca le mostré lo mucho que me importaba, de hecho, ya no le mostraba a nadie lo que me importaba y lo que no. Simplemente me lo guardaba para mí. Si mi padre se enteraba de lo que amaba leer haría quemar aquellos libros con tal de enseñarme una lección vital o como él lo llamaba cuando quería ser un grandísimo desgraciado. -        Hay un orden natural en la vida y tu tienes que mantenerlo, nosotros debemos ser mas listos y mas fuertes, es lo que nos ha tocado vivir. Cada uno tiene su función en esta sociedad y así debe de ser. - aquel día le había acompañado a una de las ciudades, aquello eran estercoleros de basura ruinosa y contaminación. Yo tenia trece años entonces. Le pregunte por ellos vivían así y nosotros no. Tiré con rabia la ropa limpia sobre la cama. A veces simplemente me gustaría ser cualquier otra persona. Me vestí y pensé en si quedarme en la habitación lo que quedaba de noche o salir a la sala común, decidí salir o acabaría destrozando algo de pura impotencia. Los chicos estaban jugando al billar. Era un modelo clásico restaurado que Jons había traído al venir, había sido todo un descubrimiento. Ahora estaban Frank y Rainer jugando contra Jons y Markus. Pero por la cara de fastidio de Rainer iban perdiendo otra vez. -        Un mal día Rainer, hoy no dejas de morder el polvo- le espeté y me puse a ver como jugaban. Rainer asintió derrotado. Las chicas se acercaron también y vimos como terminaban la partida. Ian se dedicó a babosear a Cathy, siempre lo hacia en la mínima oportunidad. Lo vi intentando mendigar algo de atención por parte de esta, pero sin logro. -        Deberíamos jugar a algo que pudiera ganar- Rainer se rio con desgana al ver que había vuelto a perder. -        No creo que exista ese juego-Frank se burló de él. Podía haberle dicho que al menos era el más alto, pero hasta en esto de ganaba Frank por unos centímetros.   Frank era un chico callado por lo general, no se metía en problemas e iba mucho a lo suyo, me caía bien, aunque no tenía mucho trato con él. Pero al menos era silencioso y agradable para convivir. -        Podríamos jugar a un juego, si- Ian que había dejado por fin de incordiar a Cathy llamó nuestra atención y se quedo callado hasta que todos lo miramos- podríamos jugar a la serpiente y la madriguera. -        ¿Qué es eso? - Markus pregunto confuso, no me podía creer que hubiera propuesto ese juego. -        Una estupidez, eso es. - Frank miró con asco a Ian. -        ¿En qué consiste? - Jons preguntó ahora con curiosidad. -        Bueno, nosotros no lo hemos jugado antes, pero si mi hermano y su promoción, antes era algo así como una tradición- aclaro Rainer. Mire a Rainer queriendo que dejara de hablar, aquel juego era una estupidez. Solo alguien como Ian podría proponer algo así. Aquel tipo estaba desesperado por tocar a cualquier cosa que tuviera tetas y culo. -        Bueno podríamos, a lo mejor es el último año que se puede jugar, deberíamos de hacerlo solo por honrar la tradición- Ian se rio, intentando disimular la emoción que aquella idea le hacía sentir. Era posible que el año que viene los rurales dejaran de poder venir a estudiar a Alto Strauss, aquel año habían venido de milagro. Al final una parte del consejo había conseguido meter la presión suficiente, pero aquellas becas tenían los días contados. -        ¿Vas a decir de una vez en qué consiste? - Markus estaba muy intrigado. -        Es solo una manera de darle la bienvenida a los rurales, para que sepan dónde están, debería ser una forma de hospitalidad- Bethany hablo con su melosa voz, apoyando la idea de Ian. -        Bueno vais a decir de que se trata de una vez o os lo tenemos que sacar a la fuerza- Markus estaba harto de nuestros titubeos. -        Se trata de que uno de nosotros haga de serpiente y se infiltre entre uno de los rurales, que harían de madriguera, hay que elegir a una presa, es decir a uno de ellos. La serpiente tiene que engañarlo hasta ponerlo en ridículo delante de todo el colegio. - Rainer lo explicó de mala gana ante su insistencia. -        ¿Engañarlo cómo? - pregunto Jons tenía el ceño arrugado, no había entendido nada. -        Seduciéndolo, haciéndole creer que te gusta o ganándose su confianza, como mejor elija la serpiente. Se pone una fecha limite y antes de esa fecha la serpiente tiene que conseguir su objetivo- continúe la explicación pensando que aquello era una estupidez. -        A mi me parece genial, nos falta un poco de emoción este año no se- Cathy se unión también a aquella estúpida idea -        Yo me apunto, la verdad es que no me importaría engañar a alguna de esas chicas- Jons también se unía a esa locura, mire a Rainer incrédulo, aquella estúpida idea estaba teniendo más aceptación de la que pensaba. -        Pues conmigo no contéis- Frank se alejo de nosotros y fue hacia la zona de la chimenea. -        No, no, no, aquí o participamos todos o ninguno, asique os fastidiáis, siempre hacemos lo que vosotros queréis, para una vez que podemos hacer algo divertido de verdad- la chillona voz de Alisa atravesó mis oídos como un puñal. Ella empezó a mirarnos a todos insistentemente. -        Está bien- dijo Rainer- lo que queráis- finalmente se rindió al grupo. Frank desde su asiento levantó los hombros a modo de que le importaba una mierda aquello, que hiciéramos lo que quisiéramos. -        Pero si salgo yo tener por seguro que no pienso hacer nada. – nos gritó desde donde estaba. -        Pues recibirás tu castigo- dijo Bethany con una sonrisa inmensa en la cara. Frank le contesto de nuevo encogiéndose de hombros. -        ¿Qué dices Victor? - Ian me miró con aquellos ojos de perturbado que tenia y con una asquerosa sonrisa en la cara -        Opino igual que Frank, me parece una gilipollez haced lo que os dé la gana. Cathy comenzó a saltar y dar palmadas de emoción. Fue corriendo a por su Tablet y los demás empezaron a comentar cosas emocionados. -        ¿Puedes creerte que les parezca divertido este juego? - le dije a Rainer. -        A mi me da igual, tampoco me importaría engañar a alguna de esas chicas. - miré perplejo a Rainer, parecía que alguna de ellas le había llamado la atención. -        ¿Quién? - le pregunte con una sonrisa de curiosidad en la cara. -        La morena, Lidia creo que se llama, no se me gustan las chicas peleonas y esa tiene carácter. - alcé los ojos y miré a Rainer con una sonrisa, que callado se lo tenía. Los rurales no solían tener mucha aceptación en el colegio por lo general, pocas veces lograban grades salidas al terminar en Alto Strauss, pero al menos mejoraba en algo su calidad de vida, supuse que incluso unas migajas estaban bien para alguien que vive en semejante sitio. Todos se reunieron alrededor de una de las mesas de la sala, Alisa había utilizado una tómbola virtual, había colocado nuestros nombres en una aplicación que sacaría solo uno. Yo me había único a Frank frente a la chimenea, pasaba de aquello, además las posibilidades de que me tocara eran muy bajas asique ni me preocupe. -        Vamos, dale al botón- Cathy empujo insistentemente a Alisa para que iniciar el sorteo Alisa mas emocionada de lo que la había visto en mucho tiempo, y eso era complicado porque de normal era tremendamente exagerada y chillona, cerró los ojos y apuntó en un gesto dramático el botón, de repente la Tablet hizo un ruido de timbre, y todos gritaron de sorpresa -        No puede ser- Rainer se rio de forma nerviosa. Vi a Bethany y Alisa gritar de fastidio y de repente todos miraron hacia donde yo estaba. Los miré sin comprender y entonces vinieron hacia mí con caras maliciosas. -        No, no voy a jugar, ya os he dicho que me parece una gilipollez- me negué en rotundo, vaya suerte la mía, últimamente estaba gafado, esto es lo que le faltaba a un día de mierda. -        No te puedes negar, has accedido, si no tendremos que pensar en un castigo para ti- Alisa tenía una sonrisa tremendamente malvada en la cara. -        Vamos tío, que mas da, es solo para pasar el rato- Marcus me miraba casi suplicante. -        Pero que más os da, ¿además, que vais a estar esperando mientras yo convenzo a alguna de esas rurales? Es una estupidez de juego- no podía creerme que tuvieran tanto interés en esa tontería. -        Lo que pasa es que te crees demasiado y lo mismo no puedes ni “convencer” a una pobre rural- Ian me miró fijamente a los ojos retándome con aquellas palabras, tuve ganas de estamparle el puño en su asquerosa cara. -        Vamos Victor, tu mismo has dicho que estabas estresado, esto puede ser divertido- Rainer se acercó a mí, viendo la cara de asesino que se me estaba poniendo e intentando quitarle hierro a la situación, lo mire con cara de pocos amigos. -        Si no quiere jugar que no lo haga, tampoco hace falta- Bethany estaba callada e intento disimuladamente esconder sus celos sin logro. -        No, hemos dicho que jugábamos asique juega, veamos a ver- Alisa había vuelto a por su Tablet y ahora tocaba frenética su pantalla, la coloco sobre la mesilla auxiliar de madera que estaba junto a nosotros. Todos miramos hacia allí, en la pantalla, Alisa había puesto la foto de los cinco nuevos alumnos -        Aquí están, quitamos a los chicos- se rio estridentemente mientras lo hacía. A cualquier otro le habrían hecho alguna broma al respecto, pero conmigo no se atrevieron a cruzar esa línea. Ya estaban demasiado atrevidos con todo aquello. Observamos las fotos de las tres chicas. Una era de pelo moreno y liso, tenia la tez muy blanca y de facciones suaves, su nariz era algo puntiaguda y estropeaba una cara que hubiera sido muy dulce, la había visto por los pasillos, era alta y desgarbada, se encogía sobre si misma como un animalito que no quiere llamar la atención. Luego estaba la chica de la que me había hablado Rainer, era de tez morena y pelo n***o como el carbón que se extendía salvaje alrededor de su cara redonda, tenia los labios carnosos y unas curvas muy llamativas. Luego estaba Astrid, la chica de los ojos verdes, parecía una chica tímida y callada, al menos era lista. -        Exijo veto- dijo Cathy rápidamente. -        ¿A qué te refieres? - dijeron Markus y Jons al mismo tiempo. -        A que vamos a vetar a una de ellas, yo voto la pálida esa, Patricia- debajo de su fotografía aparecía su nombre. -        Si yo también, esa es demasiado fácil, Victor la dejara llorando de solo mirarla. – Ian estaba de acuerdo. Todos asintieron, así que Alisa quitó la foto de la chica, solo quedaron dos, Lidia y Astrid. -        ¿Y bien? - Ian me insistió. Cedí, harto de aquella tontería y ante la insistencia de todos. Miré la foto de las dos chicas. No había hablado mucho con Lidia pero sabia que era de armas tomar además a Rainer le llamaba la atención y no quería ningún problema con él. Mire la Foto de Astrid, no estaba nada mal, tenía un cuerpo delgado, pero parecía atlética y fuerte, el uniforme le estaba un poco grande, pero podían verse unas formas bonitas, además le gustaba leer aquello le daba puntos, por lo menos tendría tema de conversación. Suspire hondo. -        Astrid, la rubia. - dije por fin con resignación, todos estallaron de emoción. -        No esta nada mal la chica- Ian miraba con su cara de perturbado la foto de la chica, como odiaba a aquel animal. -        Vale y ¿Qué fecha ponemos? - pregunto Marcus. -        Después de navidad, en la fiesta de invierno, ¿el 6 de enero? - pregunto Cathy El resto asintió, tenia casi cuatro estúpidos meses para convencer a esa chica de que hiciera todo lo que yo le pidiera, tenía que conseguir que se pusiera en ridículo delante de todo el colegio. Rainer me había contado que en el curso de su hermano mayor jugaron y al que le toco serpiente consiguió que la chica apareciera desnuda delante de todos en el salón de actos. Pensé en que podía hacer yo y no se me ocurría nada. -        ¿Y si no lo consigue? - pregunto Bethany tocándose el pelo rubio nerviosa. -        Pues…- todos se miraron incapaces de decidir un castigo apropiado, tampoco creo que pudieran encontrar algo que realmente me importara lo suficiente. -        No podrás leer ningún libro hasta que termine el curso- dijo Bethany apresuradamente La fulminé con la mirada tras decir eso, aquello era un golpe bajo. -        Me parece bien, si pierdes los guardaremos todos en una de las habitaciones y la cerraremos con llave hasta que termine el curso. - dijo Alisa con emoción. Los mire con odio, no sabia por qué me había prestado a semejante gilipollez, pero ahora parecería un cobarde si me negaba, el orgullo que mi padre me había implantado a la fuerza no me permitía terminar con aquella estúpida situación, asique apreté fuertemente los dientes y asentí intentando fingir que aquello me importaba una mierda, pero todos sabían lo que em gustaba leer o al menos lo intuían. -        Si habéis terminado me voy a la cama, ya estoy cansado de vuestras tonterías- todos se miraron intentando contener la risa, pero sin atreverse a decir nada, estaba realmente cabreado por todo ese tema de la apuesta. Me encerré en mi habitación y me derrumbé en la cama completamente harto de todo, estaba cansado de mi vida y ahora tenía que forzar una estúpida apuesta. La cara de aquella chica apareció en mi mente. Sentí una punzada de lastima por ella, pero lo estrangulé rápidamente. Tendría que esforzarme al máximo, cuanto antes terminara con aquello, mejor. 
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD