Había sido una semana muy larga y agotadora. Después de una infinidad de clases diferentes, había logrado decidirme por que asignaturas cursaría aquel cuatrimestre. Me había vuelto un poco loca como Lidia me había dicho, porque había elegido las más complicadas, pero también eran las que mas me gustaban. Aun había muchos posibles puestos que me gustaría tener en un futuro y no quería tener que descartar ninguno por elegir una asignatura fácil.
Alto Strauss nos exigía una calificación media bastante alta para poder continuar con la beca hasta el final. Sentí un poco de malestar en el estomago ante el miedo a haberme pasado y perder la posibilidad de continuar, pero lo deseche rápidamente, aun era muy temprano para pensar en esas cosas.
Era mi primer sábado allí, habíamos llegado el domingo pasado. Mañana haría mi primera semana. Había escrito un par de cartas a mis padres, a mi hermano y a mi amiga Carla, contándoles todo lo que allí había vivido, pero sabía que todo lo que yo pudiera describir con mis palabras no haría justicia a lo que mis ojos estaban viendo en aquel momento.
Estaba en el inmenso patio entre los pabellones del colegio, había elegido un par de arboles que estaban un poco apartados. Los dos se habían combado sobre su propio peso creando un asiento natural y maravilloso, sobre el que yo estaba en aquel momento tratando de relajarme leyendo un libro. Respiré el aroma a tierra y humedad, a vegetación y naturaleza. Si pudiera embotellar aquello… se convertiría en mi perfume favorito…
Había comido con los chicos, hoy teníamos el día libre. Ellos habían decidido probar las maquinas de la sala común y a mi lo que me apetecía era un poco de tranquilidad, además no había podido explorar mucho los alrededores y quería aprovechar ese fin de semana para ir descubriendo nuevos rincones.
No había mucha gente a esas horas por los alrededores, hacia un poco de frio y el sol se había escondido un poco aquel día, pero yo lo prefería así. Ya me había acostumbrado a que la gente me mirara y se metiera con nosotros con comentarios estúpidos, aunque por suerte cada día era un poco menos común, o a lo mejor me importaba menos…
Volví a abrir mi libro, el libro que Victor me había recomendado. Lo había tenido en mi mesita toda aquella semana como si fuera un tesoro por alguna razón, sin tener tiempo ni energía para abrirlo y aun así guardándolo como si tuviera la obligación de leerlo.
Llevaba siete capítulos y me había enganchado completamente. Era la historia de un hombre que había muerto junto a un árbol para reencarnarse en él. Un hombre mayor que había perdido la esperanza de vivir y que ahora era testigo de cómo una joven pareja comenzaba un amor prohibido bajo sus ramas, como se reunían allí a escondidas con toda la ilusión del primer contacto….
- Me alegra saber que te esta gustando…- una voz salió de la nada sorprendiéndome, di un respingo y sin querer perdí el equilibrio. Intenté cogerme a algo, pero mi mano golpeo el aire y caí desde el árbol.
Mi culo golpeo el suelo y caí de espaldas, por suerte solo estaba a un metro y medio de altura y el suelo estaba mullido por la cantidad de césped y hojas. Observe, aun en shock, las copas altas de los árboles totalmente tirada en el suelo.
Victor se asomó en mi campo de visión y me miró con sus ojos grises y sus labios curvados en una sonrisa burlona.
- No hace falta que te caigas cada vez que nos veamos- me miró mientras se reía de mí de una forma graciosa, lo miré con ganas de asesinarlo. Él tendió su mano para ayudarme a levantarme.
Me sentí tremendamente avergonzada, siempre hacia el ridículo cuando me encontraba con este chico. Observé su fuerte mano tendida hacia mí, lo miré desconfiando, pero él no me miraba a mí, miraba un poco mas abajo en mi cuerpo muy fijamente. Descendí mi mirada molesta porque me ignorara para encontrar que la falda de mi vestido se había subido hasta mis caderas, dejando a la vista completamente mis piernas y revelando un poco mi ropa interior. Me cubrí rápidamente sintiéndome tonta.
- Por mi no hace falta que te tapes- volvió a burlarse de mi mientras lo apartaba de forma brusca y me levantaba yo sola ignorándole y sintiéndome humillada.
- Si no aparecieras como un acechador no tendría que verme en estas situaciones- le reproché completamente cabreada mientras sacudía la tela de mi vestido que se había cubierto de hojas y ramas.
Él se agacho sin esconder lo mucho que aquella situación le divertía y recogió el libro que había caído conmigo.
- No quería asustarte, pensaba que me habías visto venir- me tendió el libro a modo de tregua. Lo observé todo lo alto que era, con aquellos ojos tan impresionantes, y toda la ira que había sentido segundos antes se deshizo como si fuera un bloque de hielo en mi estomago haciéndose agua.
¿Por qué tenía aquel efecto en mí? Era guapo, claro que lo era, tenia esas facciones perfectas, aquella especie de aura que hacia que se me nublara la mente, pero era muy engreído y se comportaba como si todo aquel lugar le perteneciera. De hecho, había faltado a un montón de clases aquella semana y nadie le había dicho nada. Cogí el libro de mala gana intentando que el efecto que causaba en mi no se notara, no quería ser una mas de las chicas que le hacían ojitos cada vez que pasaba.
- No te enfades, no tengo la culpa de que te calleras. - me sonrió de forma inocente y con un movimiento rápido se sentó en uno de los troncos observando la naturaleza de alrededor- ¿qué hacer aquí sola?
- Quería tranquilidad- le dije un poco brusca, aunque realmente no quería que se fuera- solo quería un sitio tranquilo donde poder leer un rato.
- ¿Entonces, te gusta? - dijo despreocupadamente mientras señalaba con la cabeza hacia el envejecido libro.
- Si…no he podido leer mucho, pero hasta ahora me tiene enganchada, de hecho, es mejor que ningún libro que haya leído hasta ahora- le dije intentando mantener a raya los sentimientos encontrado que bullían dentro de mí.
- ¿Mejor que ningún libro? Entonces no has leído tanto como pensaba- me miró arqueando una de sus cejas
- Bueno… he leído todo lo que ha caído en mis manos, pero de donde yo vengo no tenemos un gran surtido- le recrimine por su comentario- siento no haber nacido en una cuna de oro como tú.
- ¿Siempre tienes que ser tan combativa? – me dijo sorprendido y vi una chispa de emoción en sus ojos heladores.
- ¿Siempre tienes que ser tan ofensivo? - le contesté y recogí mis cosas con la intención de marcharme.
Él bajó del árbol y vino hacia mí, me agarró con suavidad del brazo para que dejara de hacer lo que estaba haciendo. Le miré muy consciente de su contacto conmigo y sintiendo como mi corazón se aceleraba ¿pero que me pasaba? Él me soltó y sacudió su pelo n***o hacia atrás y respiro hondo tratando se relajarse y cambiar su expresión.
- Empecemos de nuevo ¿vale? No quería ofenderme, es solo que me ha sorprendido lo que has dicho. Me alegra que el libro te esté gustando. - me habló sin acritud, tranquilo y parecía sincero. No entendía por qué había hecho aquel esfuerzo, claramente no estaba en su elemento y había sido un intento raro de disculpa, ya que de hecho no se había disculpado.
- No pasa nada, es solo que es mi primera semana aquí y estoy un poco estresada- traté de darle una oportunidad, le sonreí discretamente y puse mi mochila en la espalda.
- ¿Quieres caminar un rato? - me dijo, otra vez tenía aquella expresión amigable que le quedaba algo forzada, pero asentí aun confundida.
Comenzamos a andar por un camino que había a través de los arboles sin perder de vista el colegio, yo me sentía embelesada entre las vistas naturales y aquel chico a mi lado.
- ¿Tú has leído mejores libros que este? - le pregunté con curiosidad.
- Claro, aunque este esta en mi top diez. No en si por como esta escrito si no por el mensaje que tiene- habló mirando alrededor hacia los árboles, sus ojos grises estaban oscurecidos por el verde de alrededor.
- ¿Qué quieres decir? - me quedé mirándole fascinada por lo que había dicho.
- Bueno, no quiero desvelarte nada de lo que pasa, pero es una historia en la que contrasta todo le tiempo la falta de esperanza y resignación de un hombre que ha llegado al tope de su vida y que esta desengañado, contra una pareja joven e inocente que acaba de conocerse y que todo lo que experimentan es nuevo y motivador. - dijo aquello con una profundidad magnifica, en aquel momento dejó de ser un joven engreído y pagado de sí mismo para parecer una persona normal y agradable.
- Vaya parecía que no te importaba nada- lo dije sin pensar, no pude evitarlo.
Se detuvo y me miró con las cejas alzadas y sorprendido por lo que acababa de decir.
- Creía que ibas a dejar de atacarme- hizo una mueca pretendiendo parecer ofendido, poniendo su mano sobre su pecho como si le hubiera herido de verdad.
- Lo siento… es que siempre pareces tan confiado y…- dude un momento- …ajeno.
No supe explicarlo mejor, pero era esa sensación, de que todo lo que pasaba a su alrededor le era ajeno y no le importaba nada, siempre lo había observado así.
El pasó página rápido y se dirigió al borde del camino, entre los árboles, lo mire extrañada sin saber qué hacía.
- ¿Quieres ver algo realmente impresionante? - me dijo desde el borde de los árboles. No sabia que hacer.
Dude un momento en si debía internarme con él a través del bosque, tampoco sabía si podía confiar en él, era un tipo un poco imprevisible y me tenía confundida. Parecía que él estaba leyendo todo esto en mi cara.
- No voy a hacerte nada Astrid, puedes confiar en mí. – parecía tan tentador, allí entre las sombras de esos inmensos árboles, con sus ojos grises mirándome fijamente y su mano extendida, mientras sus labios perfectos me sonreían de forma irresistible.
No pude negarme y le seguí. Él empezó a andar a través de los troncos robustos y las raíces que sobresalían de la tierra. La humedad allí era mucho mas penetrante y se podía notar el terreno salvaje de alrededor. No dijo ninguna palabra mientras avanzábamos hacia el fondo de aquel mar de árboles. Él iba rápido delante de mí y solo miraba de vez en cuando hacia atrás, algo divertido. Había perdido completamente de vista el colegio o cualquier edificio o punto de referencia, solo me quedaba seguirle y empezaba a estar algo preocupada, ¿y si era una trampa o cualquier cosa? Apenas conocía a aquel chico.
Seguimos durante cinco minutos más, yo ya estaba empezando a cansarme y mi vestido se enredaba entre la maleza y las ramas de los árboles. Estaba asustada y notaba mis mejillas enrojecidas.
- Victor… ¿Dónde vamos? - le pregunté con un hilillo de voz intentando no dejar ver mi miedo.
- Solo un poco más- me dijo sin ni siquiera mirarme. Sabia que se estaba divirtiendo, que aquello le parecía muy gracioso y eso no calmaba para nada mis nervios.
Seguimos un poco más, los árboles se fueron clareando un poco y la maleza era menos frondosa. Entonces se detuvo, podía escuchar a través de los latidos frenéticos de mi corazón el ruido del agua golpeando algo a lo lejos. Él se paró y me miró de arriba abajo. Debía de tener un aspecto horrible.
- Tranquila ya casi hemos llegado, parece que has estado huyendo de un oso- odiaba aquella expresión de burla en su cara, él se acercó a mí. Estaba muy cerca, con cuidado acercó su mano a mi cara y con un movimiento delicado saco una pequeña ramita que había quedado enredada entre mi pelo.
Mi corazón volvió a acelerarse, pero ahora por su cercanía, olí su perfume por encima de todo lo demás. Llevaba una camiseta de manga larga de color n***o que se ajustaba un poco en su pecho y sus fuertes brazos. Se quedó un instante con la mano a la altura de mi cara mirándome con esos ojos absurdamente profundos. Se quedó serio por un momento mirándome intensamente, se acercó un poco a mi y yo no podía reaccionar, estaba completamente embobada mirando sus labios, entonces cuando parecía que iba a inclinarse a besarme sonrió levemente y siguió andando a través de los árboles.
Que estúpida que era, creía que iba a besarme y estaba dispuesta a quedarme allí como una idiota y dejar que hiciera lo que quisiera conmigo. Lo miré con odio, pero no dije nada, mi orgullo me impedía hacerlo, no quería que creyera que me había puesto tan nerviosa. Lo seguí pisando fuerte, indignada con todo aquello, hasta que de repente unos metros más adelante los árboles se terminaron. Me encontré de frente con una inmensidad azul, un aire fresco, fuerte y húmedo lamio mis mejillas. Estaba frente al océano, encima de un inmenso acantilado, el bosque quedó detrás de mí. Di unos pasos hacia adelante, lo mas que pude acercarme al borde de aquellas inmensas vistas, y me quedé totalmente impresionada con lo que veía. Mis ojos verdes se abrieron de par en par, podía escuchar el mar chocar contra las rocas del fondo con un movimiento rítmico y tremendamente reconfortante. Había visto el mar desde mi habitación, pero aquello no tenia nada que ver, ahora envuelta en el aire y el ruido de aquella imagen todo parecía mucho más intenso y magnifico.
Victor se había quedado en silencio observándome con algo de fascinación, mientras observaba aquello incapaz de moverme. Nunca había visto el mar más allá de alguna vieja fotografía, pero aquella imagen no podía explicar ninguna de las sensaciones que tenia en aquel momento.
- Es lo mas hermoso que he visto nunca-lo dije sin mirarle, totalmente sincera.
- ¿Nunca habías visto el mar? - me preguntó encogiendo las cejas, sin comprender mi reacción tan exagerada.
- Nunca había visto nada de lo que he visto aquí y mucho menos el mar. ¿Cómo es posible que exista algo así? - casi quería llorar, pero me contuve.
- A esta parte del acantilado solo se puede llegar a través del bosque, no es accesible por caminos, pero es una de las mejores vistas del lugar. - Victor observó también aquellas inmensas vistas como si las viera por primera vez.
- No sabes la suerte que tienes- lo dije con tristeza, ellos habían podido disfrutar de todo aquello siempre, nunca habían conocido la pobreza, ni la tierra marrón y el polvo filtrándose por todos lados.
- ¿Nunca has salido de la ciudad? - se sentó en el suelo con un movimiento rápido y ágil y se quedó mirando hacia el horizonte. Yo lo imité, me senté un poco separada de él, no quería que su presencia volviera a ponerme nerviosa.
- Nunca, allí esto no existe, ni si quiera sabía que había tal cantidad de arboles o que el cielo pudiera ser tan azul- señalé a mi alrededor.
- Eso no parece muy justo…- dijo mientras echaba para atrás su pelo y se apoyaba con sus brazos recostándose un poco.
- No lo es…
Estuvimos unos minutos en silencio, rodeados por el ruido del mar y el olor salado de este que se filtraba en el ambiente.
- ¿Y cuál es tu libro favorito? - le pregunté rompiendo aquel mágico momento.
- Eso es una pregunta muy personal- su respuesta me sorprendió me miró fijamente como sopesando si contestarme o no.
- Solo era por curiosidad, seguramente ni lo conozca.
- No es un gran libro, seguramente te reirás de mi si te lo digo- habló con mucha sinceridad.
No quise presionarle, de repente se había puesto un poco serio, había desaparecido la burla de su cara y sus ojos parecían estar muy lejos de aquel lugar. Respiró hondo y se recompuso rápidamente borrando aquella aparente vulnerabilidad de sus ojos.
- Tal vez deberíamos conocernos un poco más antes- dijo enigmáticamente mientras volvía a arquear sus cejas y volvía a ser el mismo de siempre. No iba a preguntarle más, era un engreído, si no quería decírmelo que no lo hiciera.
- Esta anocheciendo quizás deberíamos volver, el camino de vuelta no es muy bueno que digamos-le dije un poco preocupada observando como la oscuridad comenzaba a asomar por el horizonte.
- ¿Te da miedo la oscuridad? - se rio un poco de mí.
- Me da miedo perderme- de repente de me ocurrió una cosa- ¿Cómo hacen para mantener el mar… quiero decir cómo nos protegen del resto del mar, el que está contaminado.?
Había leído que los mares estaban contaminados, y era tremendamente toxico bañarse, pero nos había dicho Abbie que incluso se podían ver animales marinos allí.
- La cúpula se extiende un par de kilómetros hacia el agua, hay una especie de boyas especiales que separan un lado de otro, además de depuradoras submarinas, que mantienen esa franja de agua limpia. Las especies que viven en el agua fueron traídas expresamente para vivir aquí, fueron criadas en cautiverio y soltadas en esta zona donde han logrado criar.
- ¿Cómo una especie de acuario gigante? - le pregunté sorprendida, él asintió y yo me quedé pensando en aquello.
Finalmente nos fuimos de allí, la vuelta fue menos tensa que la ida, llegamos después de que me tropezara un par de veces por la falta de luz que ya empezaba a notarse. Había luces iluminando el gran parque entre edificios, pero no había muchos alumnos por allí. Los pocos con los que nos encontramos nos miraron extrañados, pero los ignoramos. le había preguntado por la diferencia entre su sala común y la nuestra y me la estaba describiendo de camino. Claramente tenían muchos mas lujos que el resto de alumnos. Llegamos al edificio de las habitaciones por fin. Nos detuvimos a la entrada de la sala común general.
- Deberías de subir a ducharte, estas hecha un desastre- me miró de arriba abajo con su particular sonrisa burlona.
- Tal vez si no me hubieran arrastrado a través del bosque…- le ataqué, pero de una manera suave, ya sin tanta acritud.
- Creo que yo también debería darme una ducha- me guiñó un ojo y se fue sin decir nada mas hacia su sala común. Me quedé mirándolo mientras se marchaba, viendo como los vaqueros grises que llevaba se pegaban alrededor de unos glúteos perfectos y unas piernas fuertes.
De repente alguien me golpeo por la espalda de forma amigable.
- ¿Qué hacías con Victor? - Lidia me miraba con la boca abierta- ¿y que te ha pasado? Parece que te has revolcado por el suelo.
- No es lo que piensas, solo nos hemos encontrado al entrar- mentí no sabía por qué razón, pero no quería que nadie se enterara de que había pasado la tarde con él, aun no sabía que pensar. - y esto… nada me perdí un poco por el bosque.
- Nosotros hemos probado todos los videojuegos de aquí, no te imaginas, he ganado a Daniel en todos- se rio orgullosamente- se ha ido a su habitación cabreado, además ha estado preguntando por ti toda la tarde, estaba preocupado. Creo que hasta te ha enviado algún mensaje en tu Tablet.
Le sonreís amablemente, estaba eufórica y yo tenia la cabeza hecha un lio. Enseguida vino Patricia que había ido al aseo. Me preguntó también que qué me había pasado y le di la misma excusa, fuimos hacia la zona de la cocina, yo cogí algo rápido para comer y me disculpé con ellas. Quería ducharme y relajarme. Ellas asintieron y se quedaron un rato más por la sala común.
Me comí el tentempié de camino a mi habitación. Llegué por fin, tiré la mochila en la cama y fui directa a ducharme. Me mire en el enorme espejo y me horrorice. Tenia hasta barro en la mejilla. Y había estado así todo el rato con Victor. Me tapé la cara de vergüenza, con razón no paraba de reírse de mí. Me sentí muy avergonzada, dejé que el agua caliente cayera sobre mi y se llevara aquella sensación que tenía en aquel momento.
Luego me puse mi pijama calentito y decidí relajarme un poco y seguir leyendo el libro. Me acorde del aparato que había dejado en mi habitación por miedo a perderlo o romperlo. Fui a ver que me había dicho Daniel.
Lo active pasando mi identificador.
- Buenas noches señorita Astrid, tiene mensajes nuevos. - la voz metalizada de Lis me dio la bienvenida.
Pulse el icono y me salió la cara de Daniel junto con varios menajes:
- Deberías venir, esto es increíble, estamos pasándolo muy bien- mensaje a las 15:45h.
- Estas bien Astrid, no sabemos nada de ti-mensaje a las 17:00h.
- No sé dónde estás, pero al menos podrías contestar- mensaje a las 18:12h.
Me quedé muy sorprendida por aquellos mensajes y algo confusa. Le contesté rápidamente diciéndole que me había olvidado el aparato en la habitación y que no había podido contestarle hasta ahora, que mañana si quería podíamos probar todos los videojuegos. Y se lo envié.
Fui a aparragar el aparato cuando vi que en el icono aun aparecía notificación de mensajes. Volví a pulsarlo extrañada, ya que Daniel no me había dicho nada más. Le di al icono y de repente me apreció la foto de Victor, me sorprendí un poco y mi corazón se acelero sin poder contenerlo. Me había escrito hacía unos minutos.
- Lo he pasado muy bien hoy, tal vez deberíamos repetirlo- mensaje enviado a las 19:56
Me quede embobada con una sonrisa tonta en la cara mirando aquello. ¿Qué me estaba pasando? Aquel chico me estaba volviendo loca, me buscaba, me insultaba, luego era agradable, amable, otra vez volvía a meterme conmigo. Me quedé mirando su foto totalmente perdida en esa mirada. Escribí al menos diez contestaciones posibles que borré inmediatamente sintiéndome tonta. Finalmente le contesté algo así como que yo también lo había pasado bien y que estaría encantada. Lo envié con el corazón latiéndome muy rápido y apagué el aparato rápidamente.
No podía con mas emociones por aquella noche. Asique decidí ignorar todo eso y centrarme en leer antes de irme a dormir. Mañana seria otro día.