El avión hacia unos minutos que había aterrizado. Estábamos preparados, con las maletas, listos para encarar nuestra nueva realidad. Abie, nuestra azafata, abrió la puerta hermética del avión y las tenues luces del interior quedaron eclipsadas por la luz del sol. Serian cerca de las 4 de la tarde y un brillante e intenso sol coronaba un cielo azul, de un azul que nunca había visto en todos mis años de vida.
Una bocanada de aire fresco, frio y tremendamente limpio traspasó mi cuerpo. Creo que todos nos quedamos con la misma sensación de irrealidad. Descendimos por la escalera para enfrentarnos a la imagen más hermosa del mundo. Árboles allá donde miraras, altos majestuosos, pájaros, el sonido de lo que parecía agua a lo lejos. Pese a estar en una pista de aterrizaje uno podía apreciar la naturaleza viva y vibrante que nos rodeaba. La azafata nos acompaño hasta que hubimos bajado, totalmente ajena a aquella visión, mientras nosotros teníamos todos aquella expresión de estupefacción. Aquello era un sueño, era mentira, no podía existir un lugar como aquel en la Tierra, en una Tierra aparentemente moribunda y letal.
- ¿Esto es real? - Lidia se pellizcó a si misma mientras me hablaba con un hilillo de voz, casi sin aliento.
- No puede ser… será algún holograma o algo así…- Daniel había dejado caer su maleta y miraba con la boca abierta y sus ojos azules abiertos de par en par.
Abie que de repente se había dado cuenta de que nos habíamos detenido y que no la seguíamos, rio disimuladamente
- Chicos, os aseguro que todo lo que veis aquí vive y respira, es un lugar precioso verdad.
Asentimos al unísono. De alguna manera tenia hasta ganas de llorar. Ojalá pudiera hablarles a mis padres de esto, a Julio y a mi mejor amiga de toda la vida, Carla.
Cuando el asombro inicial se calmó un poco comenzamos a seguir a Abie por un camino que había hacia el fondo y que conducía a un edificio de dos plantas con una pulcra fachada blanca y unos grandes ventanales de cristal. Yo solo podía mirar a lo lejos, a esos arboles y esa maleza, con unas ganas casi irresistibles de tocarla. Nunca había pisado esa cantidad de césped con los pies descalzos, debía de ser algo mágico.
- Señorita Abie, ¿hay mar aquí cerca? - Patricia le pregunto tímidamente a la azafata
- Así es, Alto Strauss esta construido cerca de un gran acantilado que tiene una playa hermosísima, así como algunas cuevas. Se pueden ver focas y delfines en los días tranquilos. - a Abie parecía divertirle mucho nuestra reacción.
Pero para nosotros cada pequeño nuevo detalle suponía un vuelco nuevo en nuestros corazones. ¿Era posible colapsar de información? Porque yo ya me sentía incapaz de procesar todo eso. Ni siquiera mis ojos estaban acostumbrados a tanta luz, a tanto color, a tanta pureza. Toda la vida viendo en tonos grises, marrones y apagados.
Finalmente entramos en el edificio, había unos cuadros muy vistosos en unas paredes lisas y blancas, plantas hermosas y unas sillas de madera de aspecto fino. En aquel lugar había un par de puertas mas y un pasillo que conducía a alguna parte al fondo. También había un escritorio donde una mujer de pelo rizado atendía el teléfono y trabajaba delante de lo que supuse era un ordenador, pero eran tan moderno y ligero que tampoco estaba segura.
- Estos son los nuevos alumnos, los ganadores de la beca prooportunidades- Abie aun divertida le hablo a la mujer del mostrador. Ella asintió y apartó un poco lo que estaba haciendo para centrarse en nosotros.
- Buenas tardes chicos, por favor pasad de uno en uno por aquí y mostrarme vuestros identificadores.
Dejamos las maletas a un lado y uno a uno fuimos pasando nuestros identificadores por un escáner pequeño. Todos llevábamos unos implantes en la parte interior de la muñeca derecha a modo de identificador, en él se registraba nuestro nombre completo, edad, lugar y fecha de nacimiento, quienes eran nuestros padres etc.… básicamente todo lo necesario para que el gobierno supiera quienes éramos. Apenas era perceptible debajo de la piel. Cuando pasé el mío, una foto de mi cara junto con un historial apareció en la pantalla del ordenador.
- Estupendo señorita Astrid, voy a añadir la información relevante a su dormitorio en su base de datos, así como proporcionarle acceso a las áreas que conforman esta institución de manera que solo necesitara mostrar su identificador por los escáneres para poder pasar- asentí aun sorprendida y no muy segura de comprender lo que acababa de decir.
Una vez hubo terminado con todos, Abie se despidió de nosotros muy amablemente deseándonos suerte y la mujer del escritorio nos indicó que nos sentáramos en las sillas para esperar a la persona que nos guiaría por el colegio, para mostrarnos todo lo que necesitábamos saber.
- ¿Creéis que tendremos una habitación para cada uno? - Lidia nos preguntó con un tono de emoción en la voz, había recogido su pelo n***o en una abundante coleta durante el vuelo. Era una chica muy alegre y enérgica.
- No lo sé, sería demasiado ¿no creéis? - Daniel nos hablaba sin apartar la mirada de los grandes ventanales que teníamos enfrente. Eran unas vistas hermosas.
- ¿Esto no parece real verdad? – todos nos callamos ante las palabras de Patricia ya que acababa de decir lo mismo que todos estábamos pensando.
De repente, la puerta del edificio volvió a abrirse. Un chico con aire despreocupado acababa de entrar. Era alto y de aspecto atlético, llevaba una impecable camisa blanca que sobresalía desarreglada sobre unos pantalones negros, la tela se ceñía en algunas partes de su torso y dejaba entrever una espalda ancha y unos brazos moldeados y fuertes. Tenia el pelo n***o azabache mas largo de lo que un chico solía llevarlo, lo peino hacia atrás despreocupadamente con su mano mientras se acercaba hacia la mujer del escritorio
- Dile a mi padre que ya he llegado por favor, no creo que llegue a ultima hora asique dile que necesitare un justificante por haber perdido clases.
La voz del chico era algo prepotente y con un toque de desdén, prácticamente le dio una orden a la mujer. Esta que se vio sorprendido por la abrupta llegada del chico asintió con un poco de miedo en los ojos.
De repente el chico se percató de nuestra presencia y nos miró con cara de pocos amigos. Básicamente nos fulminó con unos ojos grises profundos. Tenía unas facciones fuertes y muy atractivas, se rascó la barbilla de forma divertida mientras nos escudriñaba de arriba a abajo.
- Vaya asique al final se han salido con la suya. Lo que le faltaba a este lugar mas rurales- casi nos escupió esas palabras, mis ojos se encontraron un momento con los suyos que parecían estar hechos de hielo y sentí como me retaba a contestarle, pero, aunque hubiera querido, me callé totalmente intimidada por su presencia.
Con la misma rapidez que entró volvió a salir y dejó el lugar en un silencio tenso. Nos miramos los unos a los otros sin comprender lo que acababa de pasar, todos salvo Aaron que resopló de fastidio participando por primera vez con nosotros
- ¿Es que acaso no sabéis que os acaban de insultar? - había rabia y frustración en su voz, todos le miramos sin comprender- rurales es como llaman aquí a la gente como nosotros, los que no somos privilegiados, para ellos somos una especie de chusma.
- ¿Y que ha querido decir con que nos hemos salido con la nuestra? - lidia que acababa de procesar lo que había dicho Aaron frunció el ceño enfadada.
- Nosotros no, el gobierno y parte de la OMUM- dijo Aaron con fastidio, al ver nuestra confusión rodo los ojos y suspiró antes de continuar- parte de la OMUM quería cancelar las becas anuales, por eso se ha retrasado este año la convocatorio, el proceso de selección y hemos empezado tan tarde. El gobierno metió presión y al final con el apoyo de la parte mas a favor de nosotros de la OMUM decidieron continuar con el proceso, aunque estuviera fuera de plazo.
- ¿Tu como sabes eso? - le instó Daniel cuyas cejas estaban dibujando una perfecta línea recta en señal de incomprensión.
- Mi padre trabaja en el consejo del ayuntamiento de la cuidad, no puedo creer que no sepáis nada de esto- la cara de Aaron era de una superioridad despectiva.
El chico era bastante ofensivo hablando, además su actitud intentaba aparentar que no tenía nada que ver con nosotros. Si su padre trabajaba para el gobierno de la ciudad podía entender un poco porque parecía tan pagado de si mismo, ellos no llegaban al nivel de los privilegiados, pero en la ciudad vivían con bastantes comodidades.
- Pues perdona por no tener acceso a esas informaciones, tampoco hace falta que nos hables como si fuéramos idiotas- Lidia que había estado mirándole fijamente todo el tiempo estalló al final. Aaron simplemente levanto los hombros y se hizo para atrás ignorándonos a todos.
- Chicos tranquilos, no le hagáis mucho caso a Victor, no es mal chico es solo que tiene muchas obligaciones. Él es el hijo del fundador de este colegio, el señor Barón Strauss- la recepcionista rompió aquel ambiente hostil en el que nos encontrábamos.
- ¿Se refiere al chico que ha entrado antes? ¿es Victor Strauss? – Daniel pregunto asombrado, la recepcionista asintió.
- ¿Es alguien importante? - Lidia le pregunto a Daniel mientras Aaron en su asiento suspirada airado al escucharla, pero no dijo nada.
- ¡Claro!, su padre es uno de los miembros de la misma OMUM, impresionante…
Me quedé pensando en ese chico tan malhumorado que además de mirarnos como si fuéramos basura nos había insultado. En sus ojos grises profundos y helados y como la mujer de recepción lo había defendido, seguramente estaba obligada a hacerlo de alguna manera al fin y al cabo el era uno de los sucesores del mundo.
Las puertas volvieron a abrirse y todos nos centramos en la nueva sorpresa que tenia que aparecer. En este caso era un hombre trajeado de unos cincuenta años, de ojos pequeños y barba blanca perfectamente recortada. Nos miró e inmediatamente se dirigió hacia nosotros, era alto y delgado. En sus largas y finas manos llevaba una especie de aparato con pantalla.
- Buenas tardes chicos, lamento mucho el retraso. Habéis hecho el registro ya supongo - miró hacia la chica de la recepción quien asintió con una sonrisa y volvió a su trabajo- estupendo, si sois tan amables de seguirme daremos una vuelta rápida por el colegio y os enseñare todo lo que debéis de saber para comenzar. Mi nombre es señor Smith y así deberíais dirigiros hacia mi ¿de acuerdo?
Asentimos, cogimos nuestras cosas y como ovejitas en un rebaño le seguimos, salimos de nuevo al exterior. El aire fresco volvió a golpear mi cara como si fuera un beso, sin poder evitarlo respire hondo como si nunca mas fuera a volver a hacerlo. Le seguimos por un camino pavimentado rodeado de exuberante maleza, extendí la mano sin poder evitarlo para tocar algunas hojas y plantas.
Después de un serpenteante camino desembocamos en un amplio patio, en el centro había una hermosa fuente de piedra blanca que dibujaba círculos concéntricos de agua, alrededor había algunos bancos y macetas con flores de miles de colores. Frente a aquel lugar había un imponente edificio con unos gigantes ventanales y una puerta grande. Parecía la puerta de entrada principal. A la derecha seguía un camino amplio por donde podrían pasar coches y a la izquierda varios caminos se adentraban en el bosque.
- Esta es la entrada de visitas. Vosotros normalmente no os moveréis por esta zona ya que esta reservada para los visitantes que como vosotros llegan a través del hangar- comenzó a andar hacia la entrada. El lugar era idílico.
Atravesamos aquella inmensa puerta que se abrió a nuestro paso. El techo de alzaba unos cinco metros por encima de nuestras cabezas, tenía una iluminación agradable y un bonito tragaluz en el techo. Delante nuestra había unas escaleras, subimos por ellas, rocé el suave pasamanos sintiéndome como una princesa en su castillo, aquello era mágico.
Nadie dijo nada en todo el trayecto, estábamos demasiado emocionados como para hacerlo.
Una vez arriba nos condujo hacia una zona central rodeada de aulas y pasillos.
- Esta es la zona principal de estudio, hay dos bloques iguales a este repartidos por los pabellones este y oeste, pero vosotros principalmente tendréis las clases aquí. Ya os irán explicando mañana donde debéis ir según las clases que hayáis elegido. En aquella zona había muchos alumnos ajetreados, todos se quedaron quietos a nuestro paso, éramos la atracción principal del lugar.
Nunca había visto gente tan guapa y elegante. Todos llevaban el mismo uniforme que el chico que nos había hablado tan “amablemente” antes. Camisa blanca impecable con el escudo del colegio y unos pantalones negros, algunos llevaban un chaleco. Las chicas llevaban faldas plisadas y calcetas junto con el mismo tipo de camisas blancas. Todas perfectamente peinadas y maquilladas.
- ¿Acaso no tienen nada mas importante que hacer que estar incomodando a los nuevos alumnos? - el hombre que nos guiaba increpó a los alumnos en voz alta y severa y estos se dispersaron.
Salimos de aquel lugar hacia otro patio, este muchísimo más amplio, con zonas de césped y árboles. Había bancos en algunos lugares, incluso zonas para practicar deporte. Aquella zona era amplísima y estaba rodeada por varios edificios más, como secciones segregadas del lugar desde donde habíamos salido. Los edificios se adecuaban al lugar con líneas onduladas y formas artísticas. Respetando la parte salvaje del lugar.
- Por aquí se accede a los dormitorios, ya os irán explicando para que es cada edificio, tampoco queremos agobiaron con demasiada información el primer día. - el señor Smith era un hombre serio de aspecto severo y disciplinado, nos hablaba con una educacion soberbia y una amabilidad estudiada.
Aquel patio era una verdadera obra de arte de infraestructuras y zonas para descansar, cada pequeño lugar invitaba al esparcimiento y no pude evitar sentir que quería recorrer cada pequeña parte de aquel inmenso paraíso. Entramos al edificio que se encontraba mas hacia el fondo, todo seguía esas líneas blancas pulcras y agradables. Grandes ventanales y luz natural.
Accedimos a un pequeño hall que desembocaba en una gran sala común con ordenadores, algunos libros, sofás, y aparatos que no sabía ni su utilidad.
- Aquí podéis pasar el tiempo libre, descansar e incluso estudiar, aunque contamos con una biblioteca muy amplia en el pabellón G. Hacia la izquierda se encuentran los dormitorios de las chicas y hacia la derecha los de los chicos. Recto por aquel pasillo esta la zona reservada a los hijos de los miembros. Os aconsejo que no os acerquéis por allí. Muy bien. A la señorita Astrid y a la señorita Lidia os han asignado juntas en la habitación 24, si seguís por ese pasillo no tendréis pérdida, cada puerta tiene su número impreso. Estáis en la primera planta, el ascensor también os indicara. La señorita Patricia tiene asignada la habitación 34.
El hombre siguió explicando a los chicos, a Daniel y a Aaron les toco en la misma habitación. Daniel puso cara de resignación y pude entenderlo perfectamente, yo tampoco querría compartir estancia con semejante chico.
- Les sugiero que vayan a sus habitaciones y se instalen. Pueden investigar los lugares, su identificador les permitirá el acceso a aquellas zonas que estén permitidas, las zonas naturales en principio no están restringidas, pero no les sugiero que se internen mucho el primer día. Si observan en aquella estancia, tienen una zona de comedor pequeña donde pueden encontrar comida a cualquier hora del día que quieran. Los horarios de comedor los encontraran en sus habitaciones. El comedor se encuentra en el pabellón H que es el edificio que se encuentra a la izquierda al salir.
El hombre se despidió de nosotros y observando el pequeño ordenador que portaba con ól prosiguió con su camino dejan solos allí plantados.
Aaron se marchó por el pasillo que se dirigía a su dormitorio sin decirnos nada.
- Que fastidio, no quiero compartir habitación con él- Daniel rodo los ojos a modo de desesperación.
- ¿Os habéis fijado en cómo nos miraban todos? - les dije incapaz de borrar aquella imagen de mi cabeza.
- Lose… todos parecían tan perfectos… ¿y si Aaron tiene razón y para ellos solo somos chusma? - Patricia se mordió el labio inferior y sus ojos negros se abrieron mucho.
- Tranquilos seguro que es solo por la novedad- Daniel trato de tranquilizarnos- ¿Qué os parece si nos vemos en un par de horas aquí e investigamos un poco el lugar?
Todos asentimos frente a su propuesta y fuimos hacia nuestras habitaciones. El pasillo desembocaba en una zona de ascensores. Nuestra habitación estaba en la primera planta y la de Patricia en la segunda, nos despedimos al bajar dejándola con una expresión de miedo en la cara. Por fin encontramos la puerta 24, mostré mi identificación y esta se abrió automáticamente. Aquella habitación era maravillosa. Teníamos un ventanal enorme que cubría casi toda la pared de enfrente y desde donde se podía ver el mar lo que me conmovió sobremanera. Había un par de camas enormes, fui hacia una de ellas y me tumbé. Las mantas me envolvieron como si de algodón se tratara, me sentía en una nube. Lidia me imitó y empezó a gritar de placer
- ¿Alguna vez has estado en un lugar tan cómodo?
- Nunca… podría vivir aquí- nos reímos como tontas.
Continuamos investigando. Hacia la derecha había una apertura que daba a un armario doble enorme que enfrentaba un baño que parecía sacado de un sueño. Teníamos una inmensa ducha de mármol gris con acabado plateados, un gran lavabo doble con espacio suficiente como para poner un supermercado entero de productos y una bañera con chorros.
Lidia abrió los cajones para encontrar montones de productos de belleza, una especia de aparato para secar el pelo pero que bien podía haber sido la herramienta de un astronauta. La ducha contaba con champús, suavizantes, geles de olores maravillosos, todo lo que una chica con el pelo indomable como yo podía soñar. Había una estantería con toallas perfectamente dobladas, las toque esperando notar un tacto áspero, pero, todo lo contrario, la tela acaricio mi piel con la delicadeza de una pluma.
Revolvimos todos los cajones y olimos todos los productos, en el armario encontramos un juego de varios uniformes impecables para cada una junto con zapatos y ropa de deporte de una tela que jamás había tocado en mi vida.
En la zona principal sobre los escritorios encontramos una especie de pantallas táctiles, parecidas a la que llevaba el hombre que nos había hecho de guía.
- ¿Qué es esto? - le pregunte a Lidia incapaz de adivinar como encenderlo.
- ¿Parece un ordenador? - me pregunto.
Deslice mis dedos por la pantalla y esta de repente se iluminó.
- Por favor acerque su identificador a la pantalla- el aparato hablo de repente pillándome de improviso y haciendo que casi lo tirara al suelo.
- Acerca tu muñeca- me insto Lidia.
Lo hice y el aparato escaneo mi identificador.
- Le doy la bienvenida a su asistente escolar señorita Astrid Logan White. Soy LIS su asistente de voz y secretaria virtual personal. Con este aparato usted tendrá acceso al material didáctico, así como correos y notificación y acceso permanente a red global para buscar información de interés académico. Además de servirle de guía por el complejo Alto Strauss.
Lidia hizo lo mismo con el aparato que estaba en el otro escritorio recibiendo la misma presentación. Se habían acabado los libros viejos y desgastados, las hojas recicladas y los lápices. Aquello era todo lo que íbamos a necesitar para aprender.
Deshicimos el escaso equipaje que habíamos traído, juntas éramos incapaces de llenar uno solo de los armarios.
- Podría acostumbrarme a esto- dijo Lidia volviéndose a tumbar en su cama, ella había elegido la que estaba mas alejada de la ventana.
- Yo no se como podre volver a mi casa- dije aquello sintiendo como un jarro de agua helada interno. Cuanto lujo en un solo lugar, ¿Cómo podía haber tanta diferencia entre unos y otros? Era injusto
- ¿Tú tienes tu propia habitación en tu casa? - Lidia me hablaba mientras miraba al techo.
- Si, por suerte sí. Vivo en una granja bastante espaciosa, aunque nada lujosa. - me reí pensando en lo ruinosa que se vería mi casa al lado de cualquier lugar de aquel colegio.
- Yo comparto habitación con mi hermana pequeña, vivimos en un pequeño piso en el sector 12 Norte. Con vistas a un patio interno. Mis padres trabajan en el ensamblado de calzado.
- Mi padre es granjero y mi madre soldadora.
- ¿Crees que nosotros podremos aspirar a algo más? Quiero decir si terminamos los estudios aquí. - había preocupación en su voz
- Espero que sí. Yo con poder optar a una decima parte de algo así me conformo.
- Yo creo que si- el optimismo vibraba en la voz de Lidia y calmó un poco mi mente.
Estuvimos el resto del tiempo inspeccionando las cosas que teníamos. En aquella especie de ordenador teníamos un listado con las clases disponibles y los créditos a gastar. Teníamos que hacer una elección de clases que a su vez nos permitirían continuar durante el siguiente cuatrimestre hacia el siguiente nivel, pensé que seria mejor dejarlo para la noche y leerlo todo tranquilamente. Además, había actividades extraescolares, así como talleres diarios.
Lidia me indico que era la hora para reunirnos con el resto en la sala común. Lavé un poco mi cara y arreglé como pude mi pelo, en comparación con el pelo de las chicas que habíamos visto el mío parecía esparto. Lo peiné y volví a trenzarlo.
Salimos de nuevo al pasillo ahora un poco mas confiadas. Me alegraba mucho que Lidia fuera mi compañera, parecía una buena chica, pasional y agradable. Me gustaba la gente con iniciativa y con coraje.
Llegamos a la sala común enseguida, Patricia nos había esperado junto al ascensor, un poco recogida junto a las escaleras ya que no se atrevía a ir sola para allí. Parecía una chica muy dulce, nos dijo que tenía toda una habitación doble para ella, desde su habitación no se veía el mar sino el bosque. Nos pidió si podía venir con nosotras después para verlo. Al parecer siempre había soñado con ver el océano y aquello era una fantasía para ella
En la sala común ya esta Daniel. Estaba sentado de forma poco natural en una de las grandes butacas que había en un rincón. A aquella hora el lugar estaba esparcido de alumnos, muchos ya sin uniforme. Algunos se relajaban tranquilamente en los sofás otros parecían estar estudiando y algunos jugando en alguna especie de videojuegos que yo no había visto antes. Pero no podíamos evitar notar como nos tiraban miradas furtivas a cada rato. Cuando nos vio, Daniel suspiro un poco de alivio
- Menos mal que habéis llegado. Esto ha sido muy incómodo. La gente no se corta un pelo. - Daniel habló un poco en susurro temiendo que alguien lo oyera.
- ¿Aaron no ha venido? - pregunto Patricia incapaz de controlar el rubor en sus mejillas por sentirse observada.
- Se lo he dicho, pero ha pasado de mí, que fastidio tenerlo de compañero. Por cierto, no sabéis como es mi habitación- Daniel se rio eufórico.
Por lo que nos dijo era similar a las nuestras solo que no daban al mar, al parecer éramos las únicas afortunadas. Miré a mi alrededor con ganas de probar cada pequeña cosa del lugar pero me sentía aun muy intimidada. Decidimos probar suerte con la comida, todos estábamos hambrientos salvo Daniel que había engullido todo lo que habíamos “robado” del coche.
Allí teníamos todo lo que pudiéramos necesitar, aparatos para cocinar, lavar, todo tipo de vajilla elegante. Había una infinidad de refrescos, marcas que yo ni siquiera conocía, cualquier aperitivo inimaginable.
Había unos cinco alumnos mas en la zona de comedor en la que estábamos y nos miraban sin comprender nuestra emoción. Cuando has vivido toda tu vida a base de dos comidas racionalizadas al día y tres snacks aquello era impensable. Nos reímos como locos al vernos en esa situación.
- ¿Podemos coger lo que queramos? - Patricia sostenía entre sus manos un refresco de color naranja como si fuera un tesoro.
- Eso dijo el señor Smith- dijo Daniel farfullando con la boca llena de infinidad de cosas diferentes a la vez.
- Míralos Cathy, parece que no han comido nunca- una voz aguda y penetrante comenzó a reírse y a mirarnos. Tres alumnas más habían ido donde estábamos y se reían de nosotros haciendo gestos.
- Eso se llama comida chicos, tal vez en vuestras granjas solo comais pienso- otra de las chicas, una rubia con el pelo corto y los ojos muy maquillados comenzó a hablarnos lentamente como si fuéramos disminuidos.
Las otras dos chicas se unieron al coro de risas, la que habló primero y otra chica morena que llevaba la falta muy corta enseñando casi toda su pierna. Las tres iban tremendamente maquilladas.
- ¿Os habréis lavado las manos antes, no rurales? Aquí tenemos modales- la chica de la falda muy corta nos miró con asco mientras nos escupía sus palabras.
- No te molestes, no creo ni que sepan lo que es el agua limpia- la voz aguda de la chica que había hablado primero se me clavó en el cerebro y me dieron ganas de asesinarla.
De repente dejaron de reírse cuando dos chicos se unieron a ellas, uno de ellos era Victor, el que nos había insultado a la llegada, nos miró con esos ojos heladores observando con aburrimiento aquella escena.
- Parecéis un grupo de gallinas, ¿qué os pasa es que no habéis visto unos rurales nunca? - Victor les escupió aquellas palabras y fue hacia donde estábamos sin importarle que nosotros estuviéramos en su camino. Su corpulento cuerpo se encontró frente a mi que era la que estaba mas cerca de ellos, lo miré directamente a los ojos, sintiéndome como una niña pequeña que iba a ser castigada. - ¿te importa?
Me quedé quieta perdida en aquellos ojos sin poder moverme, mientras arqueaba una de sus cejas a modo de pregunta. A aquella distancia podría oler su colonia, era suave y olía como nada que hubiese olido antes, era embriagador.
- ¿Hablas mi idioma? - sus labios se curvaron de forma burlona y entonces reaccioné. Me costó horrores procesar todo lo que me estaba diciendo, asentí torpemente y comencé a moverme para dejarle pasar.
Él asintió y continuó su camino, cogió una botella de agua fresca y comenzó a beberla despreocupado. Tardé un momento en darme cuenta de que el resto de sus amigos se estaba riendo de mi poniendo la cara que debería de haber tenido yo momentos antes, me maldije a mi misma. No sabia lo que me acababa de pasar. Lidia me empujo para fuera y salimos de allí rodeados de las risas del resto de alumnos. Decidimos irnos hacia una zona tranquila y alejada que había al fondo donde había un montón de estanterías llenas de libros antiguos, allí no había nadie.
- ¿Qué te ha pasado? - Lidia se rio disimuladamente de mí.
- No lose… me he quedado en shock- me tapé la cara a modo de vergüenza- no he podido reaccionar.
- Son unos idiotas y ese tipo tiene pinta de creerse el dueño del lugar- Daniel estaba rojo de rabia, su piel antes pálida estaba salpicada de rojo y se atusaba su cabello rubio con nerviosismo.
- Tranquila, ¿estás bien? - Patricia me habló con calma mirándome y poniéndome su mano sobre el hombro.
Yo aun estaba un poco confusa, mi corazón ahora latía por todo lo que no lo había hecho antes.
- ¿Por qué son así? No les hemos hecho nada- ahora era yo la que estaba rabiosa, por haberme quedado como una tonta ante ese chico prepotente y por todas esas estúpidas chicas.
- Creo que vamos a tener que vivir con eso- Lidia se dejó caer en uno de los sofás totalmente derrotada- al menos nos tenemos a nosotros, solo pasemos.
Tras unos minutos nos calmamos un poco y decidimos quedarnos allí un rato más. Al pareces aquella zona de biblioteca no era muy popular entre el resto de alumnos que preferían otros entretenimientos. Finalmente decidimos irnos a dormir y prepararnos para lo que nos esperaba al día siguiente. Cerré los ojos en mi cama aun con el perfume de aquel chico en mi nariz y la fuerza que aquellos ojos grises habían ejercido en mí.