El refugio no era una cabaña de amantes; era una celda de madera y piedra, oculta en las entrañas más oscuras del bosque perimetral. Sus paredes de troncos de cedro aún conservaban las marcas de garras profundas, cicatrices de los días en que Jaxon perdía la cordura. Hubo un tiempo, antes de que el control de su bestia fuera absoluto, en que el guerrero era encerrado allí durante la Luna Llena porque el hambre de una mujer —una compañera que nunca llegaba— lo convertía en una amenaza para los suyos.
Regresar a ese lugar con una mujer era una ironía que no escapaba a Jaxon. Pero no era una mujer cualquiera. A su lado estaba Kaia, una loba de sangre real, del mismo linaje de la Luna de la manada, Elena. Una princesa del invierno pidiendo asilo en la cama de un ejecutor de bajo rango
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Las Leyendas y las Realidades
Dentro de la cabaña, el frío era combatido por una pequeña chimenea que Jaxon encendió con movimientos mecánicos. El resplandor de las llamas iluminó su rostro endurecido.
—Aún puedes dar marcha atrás, Kaia —dijo Jaxon, sin mirarla—. En la jerarquía de la Garra de Bronce, soy un perro de guerra. Entreno a los hombres, limpio la sangre del campo y duermo donde se me ordena. Tú eres realeza. Podrías haber elegido a un Alfa de rango menor, un Beta o a un aristócrata de la manada. Cualquiera se habría arrodillado por una loba blanca.
Kaia se acercó a él, sus pasos firmes sobre el suelo de tierra batida. Su presencia llenaba el espacio, desafiando la rudeza del entorno.
—Ninguno de esos "aristócratas" estuvo allí cuando Malphas intentó romperme —respondió ella, su voz cortante como el cristal—. Tú me defendiste. Tú cuidaste mi transformación cuando el mundo se caía a pedazos. No busco un estatus que ya tengo, Jaxon. Busco la única fuerza en la que confío.
Jaxon se giró, su imponente estatura lo obligaba a inclinar la cabeza.
—Entonces hablemos del pacto —sentenció él—. No soy tu mate. No hay hilos invisibles que me digan qué sientes o si algo te duele. Para la manada, ser "mi mujer" no es un romance de cuentos. Significa que llevarás mi olor, mis siglas en tus herramientas y parte de mi atuendo. Comerás conmigo, entrenarás conmigo y estarás presente en cada actividad de la manada bajo mi sombra.
Hizo una pausa, para observar la reacción de la loba, pero ella se mantenía firme en su decisión.
—Ante los ojos del Consejo y de tus hermanas, será humillante. Verán a una princesa de las nieves rebajarse a la sombra de un instructor de combate. Estaré en tu cama o tú en la mía cuando el instinto lo exija, pero no habrá convivencias románticas. Y el regreso a la fortaleza mañana... será un bautismo de fuego. Sentirán que soy tu macho protector, y el juicio será pesado. ¿Sigues queriendo esto?
—Hazlo —dijo Kaia, dando un paso que eliminó cualquier espacio entre ellos.
La Tormenta de la Carne
Lo que siguió no fue un encuentro de ternura, sino una colisión de necesidades primarias. Jaxon no sabía ser delicado; su cuerpo era un arma y sus instintos estaban forjados en la disciplina del dolor y la dominación.
La tomó con una urgencia que hizo que el aire abandonara los pulmones de Kaia. El acto fue salvaje, una coreografía de poder donde Jaxon reclamaba cada centímetro de su piel. La despojó de su ropa, despedazándola, la levantó y lamió su parte intima. Kaia estaba algo asustada, su primera vez sería con tal fuerza y desconocimiento de la intimidad. Pero él continuaba lamiendo, desplazando su lengua y besando sus genitales, poco a poco ella cedió al placer que estaba sintiendo.
—¡Aaah, aaah, aaah!...¡Mmm!...¡Mmm!...¡Mmm!
Una vez que disfruto de sus partes la bajó y le pidió que se arrodillara, se quitó los pantalones y saco su enorme pene erecto, deseaba que su protegida le diera el mismo placer que él le proporcionó.
—¡Chúpalo!...Quiero que te lo metas en la boca—le pidió Jaxon, explicándole a la guerrera como hacer una buena mamada.
¡Oooh, que rico!...Shhhh. sigue preciosa. Lo estas haciendo muy bien. No debes morder, solo mételo y sácalo, llénalo de tu saliva. Agarra esa polla que es tuya y disfruta tenerla dentro de tu boca.
La chica se metía aquella gran polla como pudiera, mientras Jaxon le agarraba el cabello le hacía una cola y ayudaba a que ella siguiera mamando. Agarraba su mandíbula y le pedía que lo viera a los ojos mientras le chupaba su pene.
—Mírame princesa, mira a tu macho, mientras le chupas su pene. ¡Que rico lo estás haciendo!...Sigue así princesa…¡Mmm!...¡Mmm!...¡Mmm!
Jaxon impuso su ritmo, una dominación física que Kaia no solo aceptó, sino que devolvió con una ferocidad propia de su linaje guerrero. Hubo momentos de una intensidad cruda.
Después de chupar, Jaxon la detuvo y la levantó para llevarla a la cama, allí le hizo el oral a la chica nuevamente. Mientras acariciaba y le daba palmaditas a su clítoris.
La volteo para ponerla en posición de cuatro y propiciar varias nalgadas que dejaron marcas carmesí sobre sus glúteos. Y preparar el camino para penetrarla con su polla en esa posición.
—¡Aaaah, aaah, aaaah, aaah!. Los gemidos de placer de Kaia inundaron el lugar, al principio dolían, pero se fue acomodando hasta sentir placer. Jaxon excitaba su parte íntima con la mano mientras se la cogía por detrás. Ponía sus rudas manos en su cadera mientras penetraba su mujer. Después se sentó en la cama y la subió encima de él, para seguir penetrando mientras la veía a la cara, chupaba sus senos, que lamía y mordía suavemente.
El finalizó su posesión con algo que ella no esperaba.
—Este sexo dolerá un poco Kaia, pero es parte del pacto. Por eso te advertía si quería ser mi mujer. Pero no solo tomare tu boca y tu parte intima, sino tu ano. El sexo anal es necesario.
Jaxon le explicó a Kaia. Pero ella estaba decidida como toda guerrera a experimentar la posesión que le ofrecía Jaxon.
El guerrero fue considerado de ser sutil con ella y hasta de suavizar aquella actividad. Cuando estaba lista penetro poco a poco hasta que ella se sintiera bien teniéndolo allí.
—¡Ayyyy, aaaah, aaah!—los gemidos de Kaia ante tal cogida aparecieron.
—¡Shhh!...—calma preciosa, duele al principio, pero relájate. Lo haré suave hasta que te acostumbres. La dulzura duró unos minutos hasta que Jaxon intensificó su penetración.
—Ayyyy... Ayyy, ¡Aaah!—gimió Kaia. Mmm… Mmmm…
Toda la madrugada fue un ciclo de entrega y posesión. En la oscuridad de la cabaña, Kaia descubrió que el dolor y el placer bajo el mando de Jaxon eran el único lenguaje que podía acallar sus miedos.
El Regreso y el Juicio de la Sangre
Al amanecer, Jaxon y Kaia emprendieron el camino de regreso. Ella vestía una túnica de cuero que llevaba grabadas las siglas de la unidad de ejecutores de Jaxon, y su cuello mostraba sin pudor las marcas de la noche.
Al cruzar los portones de la fortaleza, el silencio se extendió como una plaga. Los guerreros que estaban en el patio se detuvieron.
Caleb, Silas y Bastien estaban reunidos cerca de la entrada principal, discutiendo los mapas de ataque, cuando los vieron llegar.
El asombro fue general. No era un vínculo de mates; cualquiera podía sentir la falta de la conexión telepática entre ellos. Pero el aroma de Jaxon estaba tan impregnado en Kaia que era imposible ignorarlo. Era una Unión de Protección, un contrato de sangre y sumisión, aunque respetado por las leyes de la manada, era visto como algo primitivo y carente de la "pureza" del destino.
—¿Jaxon? —Caleb dio un paso al frente y enfrentó al hombre—. ¿Qué significa esto?
—Kaia está bajo mi protección, Alfa —respondió Jaxon, su voz proyectando una calma letal—. Por derecho de conquista y acuerdo mutuo. Mi olor es su escudo.
—Eres de un linaje real en tu manada Kaia, podrías optar por que otro macho de la manada fuese tu protector—sentenció Caleb mirando fijamente a Kaia—¿Tú querías ser la protegida de Jaxon?.
Kaia miró con obediencia a Jaxon antes de contestarle a Caleb. Esperando su autorización. El hombre le afirmó con la cabeza.
—Si Alfa Caleb, yo acepte la unión de protección. Jaxon me explicó de que se trataba y que no era necesario hacerlo con él, pero yo quise que fuera él.
—Siendo así, acepto la unión de protección—sentenció Caleb. Debes seguir las instrucciones de tu protector, supongo que a tus hermanas no les va a gustar, pero sus mates acatan las leyes de la manada y pondrán sanciones severas en ellas si no aceptan la relación.
Tu sumisión a Jaxon rompe el ciclo de ser asediadas por los hombres de la manada, de cualquier manada. Ya que el olor de él cubre tu cuerpo, es como un repelente para los hombres. Lamento que tu generación tenga un despertar a la realidad de la manada de esa forma.
Jaxon se arrodilló frente a su Alfa, extendió la mano a su mujer para que lo acompañara en recibir ambos la aprobación de Caleb. Caleb puso sus manos sobre los hombros de ambos guerreros.
—¡Hecho está!... Jaxon y Kaia, que la Ley de la Unión de Protegidos los acompañe.
Silas y Bastien intercambiaron miradas sabiendo que sus mates no verían con buenos ojos aquella unión. Crecieron en un ámbito de humanos, con sueños de romance y caballeros que iban a conquistarlas y despiertan a un oscuro secreto, que ocultaban una dinastía de lobos desaparecidos. Aunque las manadas tenían sus jerarquías, un linaje elevado siempre está usualmente conectado con su homólogo en rango.
Pero rápidamente el infierno estalló con la presencia de las hermanas de Kaia.
Lyra y Selene salieron al encuentro, y al ver el estado de su hermana —despeinada, con la ropa de un subordinado y el cuerpo cubierto de marcas visibles—, el horror nubló sus rostros.
—¡KAIA! —gritó Selene, corriendo hacia ella—. ¿Qué te ha hecho este hombre? ¡Estás llena de moretones! ¡Te ha tratado como a un animal!
Selene, impulsada por una furia protectora, intentó abalanzarse sobre Jaxon para reclamarle la afrenta a la sangre real de las Lobas Blancas. Pero antes de que pudiera acercarse, Bastien la interceptó, sujetándola del brazo con una firmeza que la dejó helada.
—¡Suéltame, Bastien! —grito Selene—. Mira cómo la ha dejado... ¡Es humillante!
—¡Basta, Selene! —rugió Bastien, su voz de Alfa resonando en todo el patio—. Respeta las leyes de la manada. Ella lo eligió.
—¡Pero él no es su mate! —protestó Lyra, uniéndose a su hermana con lágrimas de rabia—. Se ha rebajado a ser la mujer de un ejecutor... es una deshonra para nuestro linaje.
Bastien miró a su mujer con una dureza que nunca antes había mostrado, obligándola a guardar silencio.
—En esta manada, un pacto de protección es sagrado —sentenció Bastien—. Jaxon ha ofrecido su vida por ella, y ella ha entregado su lealtad. Si vuelves a insultar la elección de tu hermana o el honor de un guerrero que nos ha servido fielmente, te enviaré a las celdas de meditación. Como mi mujer, te exijo que respetes las leyes de la manada y la libertad de Kaia.
Kaia no bajó la mirada. Se mantuvo al lado de Jaxon, su mano rozando el hacha que colgaba del cinturón de él. No se sentía inferior, estaba a lado de uno de los hombres más fuertes de la manada, que exudaba respeto. Miró a su macho y él le pidió que se retirara a sus aposentos, que le iba a enviar ropa adecuada a su posición.
En silencio se retiró sin decir absolutamente nada a sus hermanas.