La luz del amanecer se filtraba entre las copas de los pinos centenarios, iluminando un rincón del bosque que no aparecía en ningún mapa de la manada. Tras la tensión del juicio, Caleb y el Consejo, conmovidos por la lealtad inquebrantable que Jaxon y Kaia habían demostrado el uno por el otro, les otorgaron un día de gracia. Un respiro necesario antes de que la tormenta definitiva estallara.
El Secreto de los Centinelas
Jaxon guiaba a Kaia con la seguridad de quien conoce las venas de la tierra. Se detuvieron frente a una formación rocosa cubierta de musgo que, al ser empujada con una secuencia específica, reveló una entrada estrecha.
—Mi linaje no solo guardaba la cueva de cuarzo, Kaia —confesó Jaxon, su voz resonando en la penumbra del túnel—. Los Centinelas conservaban estas rutas secretas. Son túneles que atraviesan los Montes de Hierro y conectan puntos estratégicos del territorio. Ni siquiera Caleb conoce la red completa.
Jaxon se detuvo y miró a la mujer que llevaba sus siglas. Por primera vez, su mirada no era la de un instructor, sino la de un hombre conmovido. La entrega de Kaia, su disposición a enfrentar el desprecio de sus hermanas por él, había perforado su coraza de guerrero.
—Nunca pensé que una loba de tu estirpe se sentiría orgullosa de estar conmigo —admitió él, rozando la mejilla de ella con sus nudillos ásperos.
—No me siento inferior, Jaxon —respondió Kaia con una firmeza que hizo vibrar el aire—. Ser tu mujer es una elección de sobrevivencia, no de debilidad. Y como tal, te pido que no me dejes atrás. Llévame contigo a la batalla. No quiero ser protegida desde lejos; quiero ser tu escudo mientras tú eres mi espada.
Jaxon guardó silencio, asimilando la petición. En los ojos de Kaia no había rastro de miedo. Finalmente, asintió.
—Entonces pelearás a mi lado. Pero si mueres, te perseguiré hasta el otro mundo por haberme dejado solo.
Kaia soltó una carcajada ante tal comentario. Su rostro se iluminó, mientras ella miraba con sus ojos cargados de picardía a Jaxon. El hombre fuerte, el perro de guerra de los Bronce se derritió ante la belleza de mujer que tenía a su lado, soltó parte de esa dureza y tensión y esbozó una sonrisa.
El lugar era tranquilo y la risa de Kaia había suavizado un poco a Jaxon que se acercó para abrazarla fuerte y besar su frente. La miró fijamente a los ojos.
—¡Eres hermosa Kaia!—soltó sin pensar mucho Jaxon. Parece que este guerrero encontró una fibra sensible en el corazón. La ley de protección es muy cruel y muy poco se usaba en la manada. Eres la primera mujer con la que hago un pacto de ese tipo. Como has observado es una manada conformada por una elevada población de machos y pocas hembras.
—¿Y la intimidad tenía que ser así?—preguntó Kaia. La chica sentía que podían hablar cómodamente desde que llegó a la manada.
Jason se recostó sobre una piedra y atrajo el cuerpo de su mujer que colocó su cabeza sobre aquel enorme pecho. Mientras él acariciaba el cabello de Kaia y la abrazaba.
—Tiene que ser cruel, es prácticamente humillar a la pareja. Es como lo explicó Caleb, es una relación de amo y sirviente. El dominador y su sumiso. Tener un guerrero de mi linaje como tu protector inhibe al resto de los machos, los pone en desventaja y algún idiota se le ocurrió que si una hembra usaba esa unión, debía seguir ciertas reglas.
Pero has dejado a todos, incluyéndome, sin palabras por tu grado de aceptación. Si una mujer pasa por eso es entonces respetada.
Kaia abrazaba con fuerza a Jaxon se sentía protegida, no entendía si lo que sentía era amor, pero si lo era, no le preocupaba. Jaxon la beso profundamente, mordía sus labios que a veces lamía y poco a poco la desnudo para delicadamente hacerla suya.
Después de su primera vez y las siguientes de su unión, Kaia fue tomada por Jaxon de forma salvaje; nalgadas, moretones y arañazos cubrían siempre su cuerpo después de un encuentro, pero algo ocurrió ese día. Tuvieron un sexo apasionado, calmado y sin lastimarla. La besaba por todas partes y entrelazaron las manos y lo que menos se imaginó, al venirse lo hizo dentro de ella, con tal pasión y entrega. Como si quisiera que su líquido vital fluyera dentro de ella, algo que no ocurría en otras ocasiones. Siempre eyaculaba sobre su estomago, sus caderas o nalgas.
Al final quedaron abrazados y acariciándose. Por un instante dejaron atrás las ofensas, el pacto y el duro entrenamiento. Solo era un hombre que deseaba tanto estar a solas, acurrucadito con su mujer en un lugar especial.
La Sombra del Gran Alfa Nor
Mientras tanto, en las tierras baldías de los Colmillos de Ébano, el ambiente era de una acalorada brutalidad. Nor, el Gran Alfa, una mole de cicatrices y ojos amarillos, convocó a sus tres hijos: Fenris, Sköll y Valka.
—La Garra de Bronce se desmorona —gruñó Nor, con su aguerrida voz oscura—. Caleb ha perdido el equilibrio. Sin su Luna Elena, su lobo está errático. Es el momento de atacar la fortaleza de frente.
Nor miró a su hija, Valka, la más letal y calculadora de los tres.
—Valka, tú liderarás el asalto a la fortaleza. Fenris y Sköll, síganla de cerca, pero eviten exponerse mucho o tener muchas bajas. Mientras tanto, Malphas minará el camino hacia la cueva con nuestras mejores tropas. Si intentan llegar a la loba blanca, encontrarán una alfombra de cadáveres de bronce.
Los Ébanos no creían en la Diosa Luna ni en los vínculos del destino; para ellos, el poder se tomaba por la fuerza. No sabían que la Diosa estaba a punto de jugar su carta más irónica.
El Asedio a la Fortaleza
La letal Valka se acercaba al territorio del Bronce cuando los centinelas de la fortaleza observaban de lejos la jauría de lobos. El cuerno de guerra de la Garra de Bronce interrumpió la paz de la fortaleza al anunciar lo que menos se imaginaron, un ataque.
Caleb salió con los mejores comandantes disponibles para interceptar lejos de la fortaleza, no contaba con Silas, ni Bastien y Jaxon estaba lejos. El Alfa no quería que los Ébanos se acercarán a la fortaleza y ocasionarán daños que les llevaría meses en reponer. Con una furia desesperada, Caleb es apoyado por un aliado inesperado: su hermano menor, Torin.
Torin había pasado años encerrado en las cabañas periféricas tras perder la razón por la falta de su pareja destinada. Decía que era una loba especial y que soñaba con ella, pero la urgencia del ataque lo había devuelto al frente, convertido en una bestia de combate pura y sin frenos.
Mientras tanto Jaxon percibió el llamado de combate de la fortaleza.
—¡Transfórmate Kaia!... Los Ébanos quieren destruir nuestra fortaleza.
Kaia pondría su loba blanca en acción a lado de su hombre, corrieron sin detenerse al encuentro de los hombres de Bronce
La llegada de Jaxon y Kaia fue el punto de inflexión. Como un solo organismo, la pareja se abrió paso entre las filas enemigas. Kaia peleaba con una ferocidad que rivalizaba con la de los ejecutores más veteranos, mientras Jaxon despedazaba a cualquiera que intentara acercarse a ella.
Aquella enorme loba blanca fue un impacto ante los Ébanos, no era una contrincante débil y estaba destrozando a su enemigo sin piedad. Era algo imposible de creer. Kaia entendió porque su entrenamiento fue con su cuerpo humano, su loba no tenía miedo porque la mujer era invencible. Cada mordida o zarpazo eran letales, no quería su rendición, tienen que morir como se lo inculcó Jaxon.
El Vínculo Prohibido
En medio de la carnicería, Valka, la hija de Nor, se enfrentó directamente a Torin. Ella buscaba la cabeza del hermano del Alfa para quebrar la moral de los Bronce. Sin embargo, en el momento en que sus garras chocaron con la fuerza bruta de Torin, el mundo se detuvo para ella.
Un relámpago de energía plateada recorrió su columna vertebral. Su loba interna, que solo conocía el odio, emitió un aullido de reconocimiento que la dejó paralizada.
Mate. Compañero. Destino.
Torin, en su estado de locura guerrera, se detuvo un segundo, sus ojos grises encontrándose con los amarillos de Valka. Ella estaba herida, un tajo sangrante cruzaba su hombro, pero lo que más le dolía era el impacto en su alma.
—¡Imposible! —rugió Valka, retrocediendo con horror.
Torin se transformó en humano mientras miraba a la gran loba Valka. Se acercó lentamente y a cierta distancia se agacho para ver a la loba herida y sin poder moverse ante tal impacto de energía lunar.
—¡Vaya, vaya!... No te parece una jugada magistral del destino. Parece que eres Mía… Mi lobo te desea niña de papá. Regresa a casa, mujer. No dejaré que luches cómodamente y no podrás mientras la conexión y el deseo de que te marque te torturen.
Seguiré destrozando a tus hombres hasta que des la orden de retirada. Mi guerrera, me conformaré con llevar el olor de tu cuerpo conmigo, mientras chupo mis dedos que conservan tu embriagante sangre. Un cuerpo que pronto será mío.
Torin degustó la sangre de Valka mientras volvía a su forma licántropo.
Los Ébanos no tenían parejas destinadas. Aquello debía ser una burla de la Diosa Luna, una purga mística que los había alcanzado. Incapaz de seguir peleando, herida y confundida, Valka dio la orden de retirada a sus hermanos, huyendo del campo de batalla con el corazón ardiendo por una conexión que su manada despreciaba.
Torin quería seguir destrozando a los colmillos por aquella ofensa de pretender atacarlos, pero el comando de su hermano lo detuvo. Regresó ileso y con una verdad incómoda, su mate estaba en los campos enemigos.
Redención y Perdón
Tras el repliegue de los Colmillos de Ébano, el silencio regresó a la fortaleza, empañado por el olor a sangre y ceniza. Los lobos de bronce regresaban con la victoria, entre ese mar de hombres de sombras, la hermosa figura de la loba blanca de Kaia impactó a los hombres. Caleb quedó admirado ante la llegada de Jaxon y tras él su mujer una Loba Blanca que inyectó de una energía inexplicable a los lobos bronce. Caleb se dio cuenta que estaba perdiendo su fuerza, esa batalla lo había dejado sin deseo de continuar. Necesitaba a Elena, ya que era vital para su cordura tener a su Luna a su lado.
Las 48 horas de castigo de Lyra y Selene habían terminado justo cuando el ataque comenzaba, pero el conjuro de aislamiento les había impedido participar.
Cuando salieron de las cabañas, demacradas, apestando ya que no tenían acceso al agua para limpiarse y con los ojos llenos de una nueva comprensión, fueron recibidas por Silas y Bastien. Las cubrieron con una túnica para no regresar en ese estado deplorable a la fortaleza. La pena de no haber podido apoyar a su manada durante el ataque era un peso insoportable tanto para las hermanas como para sus compañeros. Tenían que ir a sus aposentos a limpiarse y esperar que llegarán las noticias de lo acontecido.
Los hombres regresaron a la fortaleza, Silas y Bastien ayudaron a los que estaban heridos y se encargaron de poner orden en la fortaleza. Observaron la llegada de un enorme lobo oscuro y a su lado su gran aprendiz y mujer, la loba blanca.
Silas se acercó a Jaxon.
—¡Gracias por cuidar a Caleb!...—sentenció Silas.
—Así será mi señor Silas. Soy tu perro de combate. Mi mujer está consagrada junto a mí a pelear por esta manada.
Por primera vez, Silas miro a Kaia con admiración y respeto. Una loba de su linaje, era la mujer de su hombre de combate. Hizo una reverencia ante Kaia en señal de respeto y reconocimiento de que era una gran guerrera.
Transcurrieron dos días del ataque. La normalidad había regresado a la fortaleza, los heridos estaban nuevamente entrenando. Lyra y Selene querían encontrar a su hermana para pedirle perdón. La única forma de liberarse de aquel dolor, ya que no pudieron ni ellas ni sus parejas apoyar a la manada era reconociendo su error.
Con paso humilde, las hermanas buscaron a Kaia y Jaxon en el patio principal. Su hermana estaba entrenando como siempre con los ejecutores. Kaia observó de lejos que sus hermanas la estaban llamando, pero no se inmuto en dejar el entrenamiento hasta que Jaxon diera la orden.
Silas al observar que su mujer quería enmendar la falta, se le acercó a Jaxon para que le permitiera a las mujeres entrar ya que querían disculparse. Jaxon dio la orden que se acercarán las hermanas de su mujer.
—Perdónanos, Kaia —dijo Lyra, con voz quebrada—. El aislamiento me mos…—¡Cállate Lyra!—la interrumpió Kaia.
—Solo aceptó que le pidan perdón a mi hombre, y si él las perdona. Yo lo haré.—sentenció Kaia.
Aquella actitud generó un silencio brutal en el campo de entrenamiento. Lyra miro alrededor, todos los hombres de Jaxon, su mate y su hermana esperaban que ella se disculpara primero con el hombre que desprecio. Entendió lo que es hacer algo frente a la manada. Cargaba el dolor de que Silas no pudo apoyar a su Alfa y Kaia le atravesaba el corazón con tal petición. Las lágrimas recorrieron las mejillas de la chamán, pero entendía la lección que hasta ese momento le daba una leal guerrera.
Lyra camino hasta donde estaba Jaxon y con la cabeza baja y la mirada en el suelo. Sabía que tenía que mirarlo a los ojos, así que respiró profundamente y levantó su cabeza y lo miró a los ojos.
—¡Perdón Jaxon!... Fui una desconsiderada contigo y le falte a mi hermana al dudar de tu linaje y culparte de lo que tus ancestros realizaron. Por favor, perdóname.
Lyra procedió a arrodillarse frente a Jaxon. Selene conmovida por las palabras de su hermana. Se arrodilló también, pidiendo perdón.
Kaia ante aquel acto impulsivo de sus hermanas, cerró los ojos. No quería llorar, había sido dura con sus hermanas, pero sabía que lo que ambas le hicieron al hombre que aceptó protegerla no era justo. Estaban despojándose de toda esa arrogancia y se habían arrodillado a un guerrero que ellas consideraban de bajo estatus dentro de la manada y de un linaje de traidores.
Jaxon recorrió con su fría mirada el campo, observó a Silas y Bastien que estaban fijos en sus mujeres, pero no iban a interceder más. A sus hombres que miraban con atención aquella petición de las hermanas y un Alfa que tampoco podía intervenir.
Jaxon observó que su mujer y guerrera, por primera vez estaba conmovida, sus lágrimas cubriendo su hermoso rostro, lo suavizaron.
Aquel guerrero seguía inmóvil, tomándose ese crucial tiempo para dar una respuesta o reaccionar. Miró a su mujer y le pidió que se acercara.
—Ven aquí Kaia.
Kaia se acercó con los ojos nublados por las lágrimas, trataba de ser fuerte ante su protector. Él limpió sus mejillas y sonrió ante la mirada atónita de los presentes. Le dio un beso en la frente y le dijo que le diera la mano y se pusiera a su lado. Kaia obedeció al sentir la fuerza y compasión que había dentro de él.
—Levántense, por favor. Son Lobas Reales. Mi mujer ha sufrido en silencio su falta de comprensión. Ignorar las leyes de la manada hizo que actuaran de esa forma. Es la primera vez que hago esto frente a mis hombres y los alfas y betas de mayor rango de la manada.
Pero estoy agradecido por tener a Kaia como mi mujer. Es cierto que mi rango en esta manada no es para tener una loba como ella, se merecía un hombre de su estatus. Pero me derritió la firmeza de Kaia para que fuera su protector. Se sometió a unas reglas que para ustedes puede ser humillante y para la manada en general. Es un pacto brutal y cruel, no lo dudo. Pero ella lleva mi olor con orgullo y eso para un lobo de mi linaje es un honor muy grande.
No saber que piensa o siente es mi nueva tortura, que no lleve mi conexión aún más y que al final tengamos que obedecer a la Diosa Luna si aparecen nuestros mates, no es fácil para ninguno de los dos.
Acepto su perdón. Mi mujer y yo somos uno, mi perdón es el perdón de ella.
Kaia sonrió con aceptación lo que su hombre había dicho, quería seguir llorando, pero no podía. Respiro profundamente y apretó con fuerza la mano de Jaxon. El hombre la levantó para besarla y mirarla con ternura.
Lyra y Selene reconocieron con lágrimas en los ojos, lo que Kaia había visto, porque lo escogió como su protector, para ser de ella la gran guerrera de la familia y de una manada.
—Estamos listas para cooperar. Elena nos necesita, y ahora sabemos que solo unidos podremos sacarla de esa cueva. —sentenció Lyra.
Caleb conmovido se acercó a la reunión, por primera vez había visto una faceta diferente de Jaxon.
—Perdimos un tiempo valioso con disputas personales. Me alegra que hayan hecho las paces, necesito que urgentemente volvamos a nuestro plan original recuperar a mi Lun…—Caleb se desmayó.
Alfa…—gritaron los presentes al ver al hombre fuerte desvanecerse.
Mientras en el territorio Ébano, Valka contempla la luna con miedo, sabiendo que ahora su destino está ligado a un hombre que debería ser su enemigo mortal. Guardó silencio a su llegada a la manada, no quería decirle a nadie aquel giro del destino. Pero es la guerrera de su padre y si volvía a ver aquel lobo de bronce iba a perder de nuevo la cordura.