El aire en el patio de la fortaleza se congeló, pero no por el clima de los Montes de Hierro. En medio del círculo formado por las hermanas y los guerreros, Caleb, el Alfa de la Garra de Bronce, se desplomó. El sonido de su cuerpo golpeando la piedra resonó como el derrumbe de una torre.
Lo que la manada presenciaba era el Vínculo del Vacío. Para un Alfa de alto rango, la ausencia prolongada de su mate —su ancla espiritual— no es solo una herida emocional; es drenar su alma. Sin la Luna para equilibrar su fuego, el lobo interno de Caleb había empezado a devorar su cordura, consumiendo su energía vital en un intento desesperado por "aullar" a través del nexo roto.
—¡Llévenlo a las cabañas de aislamiento! —rugió Silas, sosteniendo el cuerpo inerte de su amigo.
—¿Qué haces Silas?—preguntó Lyra. Para ella llevar al Alfa en esa condición a las cabañas que ella y Selene estuvieron era empeorar su condición.
—Su lobo va a empezar a enloquecer y puede atacarnos a cualquiera de nosotros. Ya varios hemos experimentado ese proceso. Inicia así, te desplomas, luego empieza a agredir a todo el que se le cruza y deja a lobos con graves heridas.
—¿Eso cuánto puede durar?—interrumpió Selene.
—Semanas o meses. —respondió Bastien. Muchos hemos tenido que ir a esas cabañas para detener la bestia. Hace poco mi hermano Torin salió de una. Pero Caleb ha resistido mucho, pero está ansioso que recuperemos a tu hermana y nos quedamos peleando tonterías. Perdona que saque el tema de tu hermana Kaia.
Era la primera vez que el gran Caleb sucumbía. El hombre que nunca había flaqueado fue llevado a rastras hacia las mismas celdas donde antes encerraban a los lobos desquiciados. Su lobo, en un último arranque de agonía, soltó un gruñido sordo que hizo temblar los cimientos de la fortaleza.
Lyra, con el rostro pálido pero los ojos encendidos por la determinación chamánica, se giró hacia Selene. —No despertará solo con descanso. Necesita una Infusión de Almas. Prepararé una poción con raíz de luna y nuestra sangre, la misma sangre de su amada; somos lo más cerca que tiene a la esencia de Elena. Sin él, no podemos contactar a Elena dentro de esa cueva.
La Avanzada de las Sombras
Con el Alfa incapacitado, el mando recayó en Silas. Sabía que no podían quedarse quietos mientras el enemigo se reagrupaba. —Jaxon, toma a Torin y un grupo de los mejores ejecutores y avanza hacia la cueva —ordenó Silas—. Necesito saber cuántos Ébanos nos separan de la entrada.
Jaxon asintió, pero su mirada buscó a la mujer que llevaba su marca. —Kaia, prepárate. Vendrás con nosotros —sentenció Jaxon.
Kaia observó a Torin, el hermano de Caleb. A diferencia de la majestuosidad de su hermano Alfa, Torin emanaba una vibración de violencia contenida, una crudeza que ella reconoció de inmediato.
—¿Él también? —preguntó Kaia a Jaxon.
—Torin fue mi mejor pupilo antes de que la locura lo reclamara —explicó Jaxon mientras afilaba su hacha—. Él no pelea por honor, pelea por instinto. Es el único que puede cubrirme las espaldas si las cosas se ponen feas.
Kaia se fue a preparar para su gran salida. Jaxon estaba con ella y le proporcionaba todos los implementos que debía llevar. Cuando estaban arreglando todo para su partido, alguien tocó la puerta de su aposento.
¡Toc, toc!...
Era Lyra quería pedirle a Jaxon un favor.
—¿Quiero pedirle un gran favor, Jaxon?... Voy a hacer una poción para Caleb y lograr que recupere la cordura, pero necesito la sangre de Kaia. Selene y yo usaremos parte de nuestra sangre, pero necesitamos la de Kaia también.
Jaxon miro a la chaman fijamente a los ojos. Observó ese sincero interés por el Alfa, tomó su cuchillo y le pidió a Kaia su brazo izquierdo. Corto la mano y estímulo para que un gran chorro de sangre saliera. La mujer no se inmuto ante la acción de su hombre. Lyra quería reaccionar ante aquella brutalidad, pero al observar la manera tan tranquila y confiada en que Kaia reaccionaba a su hombre, ella solo le paso el cuenco para que recogiera la sangre.
—¿Está cantidad está bien?—preguntó Jaxon .Liberando un poco la presión que ponía sobre Kaia.
—Gracias por la sangre, es lo que requiero. -—dijo Lyra antes de retirarse. — Les deseo éxito a ambos. Ella le pasó un amuleto a Jaxon para su hermana, un collar de cuero con un lobo sobre la luna con dos puntos rojos. En realidad era la sangre de Lyra y Selene sobre el amuleto.
Jaxon acepto el amuleto que Lyra quería que su hermana llevará y le agradeció el gesto amable hacia él por aceptar la unión entre ellos. Jaxon procedió a colocarle a su mujer el collar.
Kaia solo se limitó a hacer una reverencia a su hermana en silencio. Su hermana se retiró y los dejó a solas.
—Eres una mujer muy fuerte Kaia, no dudes de eso jamás.—intervino Jaxon mientras cubría con unas vendas la herida. En un par de minutos te la quitas, tu herida habrá desaparecido.
Jaxon acomodaba la vestimenta de su mujer y antes de salir la tomó por la cintura y la besó apasionadamente. Y coloco su frente sobre la de ella. Y le dijo lo siguiente:
—Si yo caigo, no dudes en eliminar a nuestro enemigo. Debes continuar hasta acabar con el contrincante. Torin también se entrenó con mi unidad ejecutora y puede perfectamente cuidar tu espalda como la mía.
Kaia se armó de valor para decirle:
—No se te ocurra morir Jaxon. Sería muy dif…
—¡Detente!... Nada de eso mi loba, nada de sentimentalismo. Necesito tu agresividad ahora y en ese campo.
Kaia se tragó sus palabras. Quería decirle que lo amaba y lo difícil que sería para ella seguir sin él, pero eso es imposible entre lobos que no están conectados. Sonrió a su hombre y salieron rumbo a la misión.
La Emboscada de Malphas
El sendero hacia la cueva de cuarzo era un desfiladero estrecho rodeado de riscos afilados. Jaxon, Torin y Kaia junto al ejercito de ejecutores avanzaban en silencio absoluto, pero el olor a azufre y magia negra saturó el aire antes de que el primer ataque llegara.
Un par de rastreadores de los Ébanos divisaron el grupo liderado por Jaxon y rápidamente le informaron que se acercaba el perro de los Bronce con sus hombres y su loba blanca.
—¡Ja,ja,ja!. Así que ese perro viene con sus mascotitas.—indicó Malphas al recibir el mensaje de su rastreador.
De las sombras de los peñascos emergió Malphas, el general de los Ébanos, acompañado por una legión de guerreros. Malphas no buscaba una batalla justa; buscaba venganza por la humillación que Jaxon le había infligido al arrebatarle a Kaia.
—¡Hoy el verdugo se convierte en el sacrificado! —gritó Malphas, extendiendo sus manos cargadas de un conjuro de atadura.
Cadenas de energía oscura brotaron del suelo, enredándose en las extremidades de Jaxon. El gran guerrero cayó de rodillas, sus músculos se tensaron por el hechizo que buscaba desarticular su conexión con su lobo. Un intenso dolor recorrió su cuerpo, cayendo en el terreno.
Al ver a su maestro inmovilizado, Torin soltó un aullido que no sonó humano ni animal; convocó a sus compañeros al ataque, fue un rugido feroz. Se lanzó contra la masa de guerreros, desgarrando gargantas con una velocidad cegadora para abrirle paso a Kaia.
—¡Torin, libéralo a él! —gritó Kaia, interponiéndose entre Jaxon y Malphas—. ¡Déjame a este cobarde!
El Ascenso de la Loba de Sangre
Malphas soltó una carcajada ronca, mostrando sus colmillos manchados de n***o. —¿Tú, pequeña perra blanca? Te haré suplicar antes de entregarte a Nor. —Malphas empezó a rodearla, a provocarla con palabras de desprecio para minar su voluntad, tratando de revivir el miedo que ella sintió cuando estaba a su merced en la cueva.
Pero Kaia ya no era esa mujer. Miró a Jaxon, quien luchaba contra las cadenas mágicas, sangrando por el esfuerzo. Sus ojos se encontraron, y Jaxon, con la voz quebrada por el dolor del hechizo, le ordenó: —¡Hasta la muerte, Kaia! ¡Quítale la cabeza!
-¡Auuuuuuuuuuuu!...... Un largo aullido soltó Kaia que recorrió todo el lugar. Estremeció a los lobos y dejo frío ante esa reacción a Malphas.
En ese instante, algo se rompió dentro de Kaia. No fue solo su transformación; fue una Convocatoria de Estirpe. El aura de Kaia se expandió, volviéndose de un blanco incandescente que quemó la neblina oscura de Malphas. Invocó la fuerza de la manada de Anuk, una energía mística que nadie creía que una loba guerrera pudiera canalizar, se aferró al amuleto de su hermana, parte de la sangre de Lyra y Selene la acompañaban.
La batalla fue una carnicería. Kaia, transformada en una loba blanca de proporciones masivas y ojos plateados, embistió a Malphas con una furia suicida. Se revolcaron en la nieve, desgarrándose la piel y mordiendo sin piedad el uno al otro. Malphas, confiado en su fuerza superior, intentó un golpe de gracia, pero Kaia le hizo creer que estaba cediendo, permitiendo que él se acercará a su cuello.
—Esto fue lo que entreno ese perro de Bronce. Llevas su olor, por eso no provoca desearte, pero no te preocupes al final te cogeré frente a él para que se revuelque en el dolor de no poder protegerte. Mientras tú súplicas que me detenga.
Aquellas palabras de Malphas fueron su sentencia final.
Con un movimiento calculado, Kaia esquivó el mordisco y clavó sus propios colmillos en la yugular de Malphas, arrancando una franja de carne negra. El general soltó un alarido de agonía mientras se desplomaba.
Aún jadeante, Kaia volvió a su forma humana en un estallido de vapor. Su cuerpo esbelto, desnudo, estaba cubierto de sangre enemiga, sus ojos aún brillaban con el poder del conjuro. Tomó el hacha que Jaxon había dejado caer y, con un solo movimiento descendente de una fuerza inhumana, decapitó al Gran General de los Ébanos.
La Reina Sangrienta
Los pocos sobrevivientes del ejército de Malphas se quedaron petrificados. La imagen era dantesca y divina a la vez: Kaia, desnuda bajo la luz fría de la tarde, cubierta de sangre, alzando por los cabellos la cabeza cercenada de Malphas. Su mirada era la de una ejecución perfecta.
—¡Huyan! —rugió Torin, que ya había diezmado al resto—. ¡Cuéntele a su Alfa que los Bronce vamos en serio!
Los rastreadores Ébanos huyeron despavoridos, logrando apenas recuperar el torso mutilado de su general para llevarlo de vuelta como una prueba del desastre.
Kaia camino con su trofeo hasta dónde estaba Jaxon. Torin evito mirar el cuerpo de Kaia desnuda, era la protegida de su amigo y entrenador, así que ordeno a los sobrevivientes que se alejaran si Jaxon percibía que alguien mirase a su mujer le arrancaría los ojos.
Jaxon respiro profundamente y sintió como se fue liberando de aquel conjuro hasta recuperarse. Se levantó y miró fijamente a su mujer. Su hermoso cuerpo sucio de la batalla, cargando en su mano la cabeza del enemigo. Lentamente se acerco a una cansada guerrera que hizo lo impensable para muchos.
-Mi guerrera lo hiciste bien. Quemaremos esa cabeza con el resto de los cadáveres. No tiene valor para nuestra manada, pero si para nuestro espíritu guerrero.
Un par de lágrimas cruzaron sus mejillas. Su hombre la abrazó por unos segundos y luego se despojó de su camisa para cubrir a su mujer.
Nadie, pero nadie puede ver a mi mujer.
El Grito de Guerra de Nor
En la fortaleza de los Ébanos, el silencio era aterrador cuando los sobrevivientes depositaron los restos de Malphas a los pies del trono. Nor, el Gran Alfa, se levantó lentamente. Sus ojos amarillos ardieron al ver la humillación infligida a su mejor guerrero.
—Guerra abierta —sentenció Nor, su voz haciendo vibrar las antorchas—. No quiero prisioneros. Que cada lobo blanco sea exterminado, y tráiganme la cabeza de esa mujer. Quiero que la piel de Kaia adorne mi salón.
Nor convocó a sus hijos. Fenris y Sköll rugieron, ansiosos por la sangre, pero Valka se presentó arrastrando los pies. Su rostro estaba hundido y una sombra de dolor cruzaba sus facciones constantemente.
Lo que Nor ignoraba era que Valka estaba sufriendo una herida que ningún sanador Ébano podía curar. La marca mística que Torin le había dejado durante el asedio —el vínculo de mate que ella intentaba rechazar— estaba actuando como un veneno en su alma. Cada vez que Nor juraba destruir a los Bronce, Valka sentía un desgarro en su propio pecho, vinculada para siempre al hombre que ahora era su verdugo y su destino.