Brasas de Odio

1554 Words
El campo de batalla, antes un caos de gritos y acero, se había transformado en un cementerio de humo. El olor a carne quemada y madera verde saturaba el aire frío de la montaña. Bajo el mando de Torin, los guerreros de la Garra de Bronce trabajaban con una eficiencia mecánica, amontonando los cadáveres de los soldados de Ébano junto a sus propios caídos. El Pira de la Purificación Torin observaba la gran fogata con ojos vacíos. No había gloria en la limpieza, solo la necesidad de borrar el rastro de la presencia licántropa para evitar que los humanos o curiosos encontrarán evidencias de la guerra sobrenatural. Con un gesto seco, lanzó la cabeza cercenada de Malphas al corazón de las llamas. El cabello del general se consumió en un instante, y sus rasgos, que una vez inspiraron terror, se convirtieron en ceniza volátil. —Que el fuego devore su rastro —sentenció Torin, aunque su propio pecho ardía con una molestia que no podía explicar. La Carpa y el Ungüento: El Secreto de Torin Mientras el ejército terminaba la limpieza, Jaxon se retiró a una carpa improvisada con Kaia. El cuerpo del guerrero estaba lleno de magulladuras y cortes superficiales. Kaia, con la destreza de una mujer que entendía la fisiología de los suyos, aplicaba ungüentos de caléndula, ceniza lunar y grasa de oso para aliviar el dolor de su hombre. —Eres demasiado terco para admitir que te duele —susurró Kaia, presionando suavemente sobre el hombro de Jaxon. —El dolor me recuerda que sigo vivo, pequeña loba —respondió él, cerrando los ojos ante el alivio del ungüento y sentir las manos de su mujer sobre él. Ambas cosas eran una delicia para Jaxon. La paz se rompió cuando Torin entró en la carpa. Jaxon, con su instinto de instructor siempre alerta, notó de inmediato que algo andaba mal. Torin caminaba con rigidez y su costado derecho seguía manchando de rojo su túnica de cuero. —Acércate, Torin —ordenó Jaxon—. Esa herida debería haber cerrado hace una hora. Kaia dejó a Jaxon para examinar al hermano del Alfa. Al retirar la tela, ambos retrocedieron. La herida no era un corte limpio; los bordes estaban de un color purpúreo extraño y emitían un calor antinatural. —Esto no fue un arma común —dijo Jaxon, su voz volviéndose grave—. Solo hay una cosa que impide que un lobo de tu rango sane. Fuiste herido por tu pareja destinada. Torin bajó la cabeza, su mandíbula se tensó hasta casi romperse. —Fue la hija de Nor. Valka. La Diosa Luna ha decidido burlarse de mí de la forma más cruel posible. Las Reglas Místicas del Vínculo Kaia, confundida por el tono de tragedia, pidió una explicación. Jaxon se puso de pie, mirando la herida con respeto y temor. —El vínculo de pareja no es solo amor, Kaia. Es una ley carnal y espiritual que rige nuestra existencia. Hay reglas místicas que no se pueden romper y te las comparto para que las tengas presente: El Reflejo Álmico: Lo que uno siente físicamente ante un peligro extremo, el otro lo percibe como un eco. La Herida de Sangre: Si un mate hiere al otro con la intención de matar o por odio, la herida no cerrará por medios naturales. Se vuelve una llaga mística que consume la energía del portador. El Consuelo del Destino: Solo el contacto directo o el intercambio de fluidos (sangre o saliva) de la pareja puede cerrar permanentemente esa herida. Prohibido matar a tu Mate: Un lobo que asesina a su pareja destinada pierde su propia alma, convirtiéndose en un Sombra, un ser sin voluntad que vaga hasta morir de inanición. El Dolor de la Marca: Una vez que encuentras a tu pareja, tu lobo lucha por marcarla. Atrasar ese paso hace que pierdan la cordura. Romper el lazo destinado: es despreciar a tu pareja, romper el vínculo. Los lobos que lo hacen someten a su cuerpo a un gran dolor físico y emocional. Su lobo se inhabilita por meses dejando su parte humana vulnerable. Es considerado un menosprecio a la Diosa Luna, no mueres, pero es una herida que dura años de sanar. —Torin bebió un poco de la sangre de Valka durante la pelea —explicó Jaxon—, eso calmó la herida brevemente. Pero al participar en este nuevo encuentro sangriento contra el ejército de su padre, la conexión ha interpretado su agresión como un rechazo al vínculo, y la llaga ha resurgido. Valka debe estar sufriendo lo mismo o peor ahora mismo. Torin miró a Jaxon suplicante. —No le digas a Caleb. No ahora que está débil. Mantén esto en secreto hasta que encuentre la forma de romper este maldito lazo. —Ya oíste a Jaxon—interrumpió Kaia al escuchar como Torin se expresó de su vínculo con Valka. Quieres perder tu rango y desempeño en la manada por despreciar a esa mujer. Busquemos una forma segura de que puedas seguir adelante con nosotros. —Por el momento mantendremos el secreto. Cuando tengas la solución acércate a decirlo, si por alguna razón no puedo atenderte, díselo a Kaia. —Jaxon se dirigió a su mujer— Tienes libertad para ayudarlo cuando él lo necesite, si no estoy cerca debido a mis obligaciones con la manada. No necesitas venir a mí para ayudar a Torin. Kaia aceptó la instrucción de su hombre. Torin respiro profundamente, su mentor junto a su mujer serían aliados de él para buscar una fórmula para solucionar su vínculo maldito como él consideraba su conexión con una de Ébano. El Luto Violento de los Ébanos A kilómetros de allí, en el territorio de los Colmillos de Ébano, la atmósfera no era de tristeza, sino de una intoxicación agresiva. Nor había declarado una semana de luto por Malphas, pero para los Ébanos, el luto se celebraba con excesos. El funeral fue dantesco. El cuerpo decapitado de Malphas fue colocado sobre una pira de huesos de animales. Los guerreros bailaban alrededor, hiriéndose a sí mismos con dagas para dejar caer sangre sobre el cadáver. Se sacrificaron grandes presas y se bebió un brebaje fermentado de bayas venenosas y sangre de presa que los mantenía en un estado de euforia violenta. —¡Bebed! —rugía Nor, con los ojos inyectados en sangre—. ¡Bebed hasta que el odio por los Bronce les queme las entrañas! ¡En siete días, la nieve se volverá roja! El Trato de Valka Lejos del banquete, en sus aposentos privados, Valka se retorcía de dolor. Su herida supuraba una luz plateada que parecía quemarla desde dentro. A su lado, Nefer, una loba blanca capturada años atrás y asignada como su sirvienta, la observaba con ojos sabios. —No podrás ocultarlo mucho tiempo, princesa de las sombras —dijo Nefer con voz suave—. La herida de un mate es el grito de la Diosa. Te está consumiendo porque tu odio lucha contra tu destino. —¡CÁLLATE! —gritó Valka, aunque el esfuerzo la hizo vomitar bilis—. Valka como toda una viuda negra cubierta con su traje oscuro se revolcaba en la cama. Cada maldición que enviaba a Torin ardían en su cuerpo hasta hacerla retorcerse de dolor. Desesperada se acercó a la única persona que le podía confiar algo así. — Ayúdame, loba blanca. Sé que tus chamanes conocen los sortilegios para esto. Nefer se acercó, susurrando al oído de la mujer que la tenía esclavizada. —Puedo detener el dolor momentáneamente. Puedo enseñarte a equilibrar esa herida para que tu padre no la huela. Pero el precio es mi libertad. Sácame de esta manada y te ayudaré para que puedas liberarte de esa agonía. Valka miró a la esclava. El dolor era insoportable, una agonía que la hacía desear la muerte. El trato estaba sobre la mesa, y la lealtad a su padre empezaba a flaquear ante el instinto de supervivencia. El Despertar del Alpha De regreso en la Fortaleza de la Garra de Bronce, el ambiente era de renovada esperanza. El ejército de Jaxon entró por las puertas principales con Kaia a la cabeza, cargando el orgullo de su victoria. Los guerreros gritaban el nombre de la loba blanca que había ejecutado al general enemigo. En las cabañas de aislamiento, Caleb abrió los ojos. La poción de Lyra —una mezcla espesa de savia sagrada, sangre de linaje real y el canto de las chamanes— había surtido efecto. La palidez de su rostro había desaparecido, sustituida por un brillo saludable. Su lobo, antes errático, ahora rugía con una claridad absoluta. Caleb se incorporó, sintiendo la energía de la montaña fluyendo de nuevo por sus venas. —Siento a mi manada... —susurró Caleb, mirando a Lyra que estaba a su lado—. Y siento a Elena. Está cerca. Caleb salió de la cabaña justo cuando Jaxon y Torin se acercaban. El Alfa estaba de pie, imponente, con su autoridad restaurada. —Informe —ordenó Caleb. Jaxon miró a Torin por un breve segundo antes de dirigirse a su Alfa. El secreto del vínculo de Torin estaba a salvo por ahora, pero la guerra total ya no era una posibilidad, sino una certeza inmediata.
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