La Sangre del Enemigo

1511 Words
El territorio de los Colmillos de Ébano era un pozo de sombras y luto violento, pero para Valka, el verdadero infierno ardía dentro de sus venas. El rechazo sistemático al vínculo con Torin había transformado su cuerpo en un campo de batalla místico. Cada vez que cerraba los ojos, veía los ojos grises del hermano de Caleb, y sentía un tirón en su alma que la hacía vomitar bilis y sangre plateada. Su piel, usualmente bronceada y firme, estaba pálida, surcada por venas que palpitaban con una luz lunar errática. El sufrimiento era absoluto: una fiebre que no bajaba y una debilidad que amenazaba con exponer su secreto ante su padre, Nor, y sus crueles hermanos. En la manada de Ébano, la debilidad se pagaba con el destierro o la muerte. Nefer, la loba blanca que servía como su criada y prisionera, se movía en las sombras de la alcoba de Valka como un espectro. Solo los brebajes prohibidos de Nefer —mezclas de raíces amargas y sortilegios de supresión— mantenían a Valka en pie durante los actos oficiales del funeral de Malphas. —Dime cómo romperlo, Nefer —suplicó Valka, agarrando el brazo de la criada con dedos temblorosos—. No puedo ser la pareja de un Bronce. Prefiero arrancarme el corazón. Nefer la miró con una mezcla de lástima y sabiduría ancestral. —El rechazo a un lazo divino es una ofensa directa a la Diosa Luna, princesa. Si insistes, tú y ese macho sufrirán una agonía que durará años. Sus lobos se van a debilitar, perderás la conexión con la fiera y terminarán como cáscaras vacías, expuestos ante todos como parias del destino. Valka rugió con frustración, pero el dolor la obligó a doblarse. —Necesito sanar la herida. No puedo seguir así. —Solo hay tres caminos —sentenció Nefer—. Su saliva, su marca de posesión... o su sangre. Valka descartó la marca de inmediato; eso la encadenaba a él para siempre. —Buscaremos su sangre. Irás tú, Nefer. Si me traes la sangre de Torin, podré sellar mi herida y seguir siendo la guerrera que mi padre espera. La Infiltración y el Juicio del Consejo Aprovechando que la manada de Ébano estaba sumergida en el tercer día de un luto intoxicado, Nefer salió de la fortaleza con un salvoconducto firmado por Valka, bajo la excusa de buscar hierbas raras para ungüentos de guerra y cosméticos de belleza para la princesa. Sin embargo, al cruzar la frontera de los Montes de Hierro, fue interceptada por los rastreadores de Bastien. Nefer no opuso resistencia; fue conducida encadenada ante el Consejo de la Garra de Bronce. En el Gran Salón, la tensión era palpable. Caleb, ya recuperado pero con la mirada endurecida, observaba a la prisionera. Bastien golpeó la mesa con el puño. —Es una espía. Viene del nido de Nor. Sugiero que la torturaremos hasta que revele la posición de las patrullas de Ébano. —¡Por favor! —suplicó Nefer, hincando las rodillas—. Solo quiero ver a la guerrera loba blanca... la que lleva la marca del protector. Jaxon, que permanecía en una esquina con los brazos cruzados, intervino con su voz de trueno. —Basta, Bastien. Es extraño que una criada de Ébano pida ver a mi mujer específicamente. —Jaxon se acercó a Nefer, intimidándola con su sola presencia—. Habla. ¿Qué haces en mis tierras? Nefer, siguiendo el plan, mintió con habilidad: —Mi ama, Valka, es una mujer vanidosa. Me envió a buscar ingredientes para una crema de belleza que sólo crecen aquí. Está sufriendo mucho por su piel... Jaxon no era tonto. Intercambió una mirada rápida con Torin, quien estaba inusualmente pálido. Ató cabos de inmediato: Valka no buscaba cremas, buscaba contacto. —Bastien, deja este problema en manos de Kaia —ordenó Jaxon. —¿Estás loco? Es una enemiga —protestó Bastien. Jaxon se impuso, dando un paso agresivo hacia el rastreador. —Es una Loba Blanca, una de las nuestras que ha sufrido décadas de esclavitud, y ahora llega a la casa de sus reinas y tú quieres romperle los huesos. No lo permitiré. Caleb y Silas asintieron, apoyando la autoridad de Jaxon. Nefer fue llevada bajo guardia hacia los aposentos de los ejecutores. El Pacto de las Sombras Kaia recibió a Nefer en su habitación. La criada, al ver a una mujer de su propia estirpe vestida con el honor de una guerrera, rompió a llorar y le confesó la verdad: Valka se moría por el vínculo con Torin y necesitaba su sangre. —¿Por qué la ayudas, Nefer? —preguntó Kaia, escéptica—. Ella es tu carcelera. Nefer bajó la mirada, su voz quebrada. —No soy la única presa. Mis hijos también están allí, guerrera Kaia. Valka me prometió la libertad para mí y para mis niños si la ayudaba a calmar su dolor. Es mi única oportunidad de sacarlos de ese infierno. El corazón de Kaia se apretó. Entendía los sacrificios por la familia. Sabía que Torin también estaba sufriendo y que un encuentro era la única solución. —Escucha bien. No puedo darte sangre de Torin aquí, en medio de un consejo de guerra. Pero conozco los túneles secretos. Hay un punto que limita con el territorio Ébano. Kaia dibujó un mapa rápido en un pergamino. —Dile a tu ama que espere en este punto es la cueva de los aulladores. Debe ir sola. —¡No!...Guerrera Kaia, debe llevarnos con ella y si cumples tu le permites ver a su mate. —Tienes razón, dale este mensaje a ella de mi parte. No te preocupes, ella se las va ingeniar para sacarlos y traerlos a este punto. Intrigas y Engaños Para que Nefer pudiera regresar sin levantar sospechas, Kaia necesitaba hierbas de curación real que solo su hermana Lyra poseía. Se dirigió a los aposentos reales. El ala de la fortaleza donde vivían los alfas y betas de alto rango de la manada. Lyra, absorta en sus preparativos para rescatar a Elena, apenas la miró. —Saca lo que necesites de las cajas de sándalo, Kaia. Estoy ocupada con el ritual de apertura. Al salir, Kaia se topó de frente con Selene. —¿Qué haces aquí, hermana? —preguntó Selene, suspicaz—. Estás lejos de tu "protector". Kaia, rápida de reflejos, inventó una historia aterradora: —Esa mujer que atraparon... es una criatura siniestra. Vive presa entre los Ébanos y crea conjuros, cremas y pociones para esa manada. Necesitaba estas hierbas para crear sus menjurjes de eso depende que ella y su familia sobreviva allí. Es nuestra gente Selene, miembros de la manada que son utilizados para sus caprichos malévolos. Selene se estremeció y le comunicó a través del vínculo mental a Bastien sobre esa mujer y su fatídico destino. Más tarde, Bastien se acercó a Jaxon en el patio. —Parece que me equivoqué con esa criada, Jaxon. Selene dice que Kaia la está manejando con cuidado porque es una experta en artes oscuras, maleficios y brebajes que ayudan a esos miserables. Tu mujer es astuta. Jaxon sintió un destello de orgullo que casi le quita el aliento. Ver a Kaia moverse con tanta inteligencia entre las mentiras de la manada le fascinaba. Por un momento, el deseo de que ella fuera su mate, de poder conectar con su mente y sentir su audacia, lo envolvió. Pero se recordó a sí mismo que era solo su protector... aunque su corazón empezaba a decir lo contrario. La Cita en el Abismo Kaia liberó a Nefer bajo el pretexto de que había escudriñado los secretos más oscuros de aquella sirvienta y que solo era una mujer atrapada en una manada y buscaba la forma de sobrevivir con su magia. La criada regresó a los Ébanos con el mapa, la nota de Kaia para Valka y la esperanza de su libertad. Al terminar la reunión del Consejo, Jaxon llamó a Torin y ambos se dirigieron a la carpa de Kaia. Ella los esperaba con el mapa extendido y una expresión seria. —He organizado un encuentro —dijo Kaia, mirando a Torin—. Irás a los túneles del sur. Valka estará allí. Necesitan resolver este vínculo antes de que la guerra nos mate a todos. Jaxon... —ella miró a su hombre—, Nefer tiene a sus hijos allí. Si esto sale mal, habré condenado a una madre. Jaxon puso una mano pesada y cálida en el hombro de Kaia. —No saldrá mal. Iremos con Torin, ocultos en las sombras. Si la hija de Nor intenta una traición, yo mismo le cortaré el cuello. Pero hoy, Kaia, has hecho más por esta manada que cualquier estratega. Torin, con un brillo de esperanza y miedo en sus ojos grises, se preparó para la noche. El encuentro entre el lobo de bronce y la princesa de las sombras estaba marcado, y el destino de las tres manadas colgaba de un hilo de plata.
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