El Pozo de los Olvidados

1765 Words
El aire en el valle oculto se había vuelto frío y tenebroso, una advertencia silenciosa de la montaña ante la tormenta de sangre que se avecinaba. Mientras la manada terminaba de asegurar las cabañas, Jaxon se separó del grupo principal. Sus pasos lo llevaron hacia la zona más antigua del refugio, un edificio de piedra negra que parecía hundirse en la falda del risco. Era el Pozo de la Memoria, el santuario privado de los linajes de los Centinelas. Jaxon sabía que, sin la clave rúnica que Valka mencionó, la "Veta de la Madre" seguiría siendo una tumba de cuarzo para Caleb y Elena. Jaxon se acercó a Kaia, le comentó algo al oído. Ella solo se limitó a escuchar sin ninguna expresión y afirmó con la cabeza. A donde iría lo tenía que hacer en soledad El Descenso al Pasado El interior del Pozo olía a polvo de milenios y a hierro oxidado. En el centro de la estancia, un estanque de agua estancada reflejaba la luz mortecina de las antorchas. Jaxon se arrodilló frente al altar de piedra, donde las estatuas de guerreros sin rostro custodiaban el silencio. —Sanguis et Silentium —susurró Jaxon, la antigua máxima de su orden. Para obtener la clave, no bastaba con recordar; debía ofrecer. Jaxon desenvainó su daga y realizó un corte transversal en su palma, dejando que su sangre cayera en el agua del pozo. Al instante, la superficie comenzó a vibrar. Visiones de hombres gigantes moviendo losas de cristal, el llanto de mujeres encerradas y el eco de un ritual prohibido inundaron su mente. Vio a Keith y Elara en su juventud, y sintió una punzada de dolor que no le pertenecía. En medio de la oscuridad de la visión, una voz de ultratumba resonó en su cráneo: "La llave no es una palabra, Centinela. Es la frecuencia del alma que se rompe por deber. El código es: 'El Lamento del Hijo que nunca volvió' ". Jaxon abrió los ojos, jadeando. El agua le había devuelto una secuencia rúnica que se grabó a fuego en sus pupilas. Pero también le dejó una duda punzante. Las palabras de Keith sobre su hijo perdido resonaban en su pecho. Jaxon siempre fue un huérfano adoptado por la manada de Bronce, un lobo sin origen claro... hasta ahora. La sangre que acababa de derramar en el pozo había reaccionado con una familiaridad aterradora. —No hay tiempo para esto —se dijo a sí mismo, apretando el puño herido—. Caleb es lo primero. Estrategia de Sangre en el Abismo Mientras tanto, en la mesa de mapas del refugio, la tensión era tan espesa que se podía cortar con un cuchillo. Valka señalaba con una daga los puntos estratégicos del "Abismo de los Susurros", la zona donde Caleb y Elena debían emerger. —Mi hermano Sköll es un carnicero, pero Fenris es el estratega —explicó Valka, su voz era fría y técnica, la de una general de los Ébanos—. Fenris ha colocado a los "Susurradores", arqueros de élite que usan flechas con punta de plata líquida, en los nidos de águila sobre la salida. Si intentamos un rescate directo, Caleb y Elena serán acribillados antes de que sus ojos se ajusten a la luz del sol. Kaia, con la runa de Anuk brillando suavemente en su frente, escuchaba con los brazos cruzados. Su instinto le pedía salir corriendo y despedazar a Sköll en ese mismo instante, pero la promesa de obediencia a Jaxon y la sensatez de Valka la mantenían anclada. —¿Cuál es el plan, princesa? —preguntó Kaia con un deje de ironía, aunque sus ojos mostraban respeto por la capacidad táctica de la otra mujer. Valka la miró fijamente. —Necesitamos una maniobra de distracción dividida. Yo lideraré un grupo por el flanco este. Conozco las señales de patrulla de mis hermanos; puedo acercarme lo suficiente para sabotear los suministros de flechas y crear un incendio en el polvorín. Eso obligará a Fenris a mover a la mitad de su guardia hacia abajo. —Y ahí entramos nosotros —intervino Torin, ajustándose su hacha de combate—. Yo lideraré a los ejecutores de Bronce por el frente. Haremos ruido, mucho ruido. Que piensen que toda la manada está intentando recuperar la fortaleza por el camino largo. Valka asintió. —Exacto. Pero la verdadera clave eres tú, Kaia. Mientras nosotros atraemos el fuego de Sköll y Fenris, tú y Jaxon deben entrar por la ruta lateral que descubrieron anoche. Tú eres la única que puede canalizar el poder de Anuk para estabilizar la puerta cuando Jaxon use la clave. Si la montaña siente tu presencia, las trampas de sangre de mi padre se desactivarán por unos segundos. Kaia apretó los dientes. —Quiero a Sköll, Valka. Él mató a mi hermana. No sé si podré contenerme si lo veo desde la distancia. —Si fallas en el tiempo, Caleb muere —sentenció Valka sin pizca de piedad—. Guarda tu odio para cuando la puerta esté abierta. Entonces, y solo entonces, el campo de batalla será tuyo. La Marcha hacia el Abismo El grupo partió bajo el manto de una neblina densa que cubría las laderas. Valka se movía con una agilidad inquietante, casi invisible entre las sombras de los pinos. Torin la seguía de cerca, actuando como su sombra protectora, mientras los ejecutores de Bronce se desplegaban en formación de abanico. Llegaron a los riscos que dominaban el Abismo de los Susurros. Abajo, el puesto de vigía de los Ébanos bullía de actividad. Decenas de hogueras iluminaban el perímetro, y el brillo de las armaduras de obsidiana de la guardia de élite de Nor era una visión desalentadora. Valka se detuvo y levantó la mano. —Allí están —susurró, señalando dos figuras que destacaban sobre el resto. En el centro del campamento, Fenris, alto y de facciones aristocráticas, revisaba unos planos con calma. A su lado, Sköll, una masa de músculos y cicatrices con una mirada cargada de locura, afilaba una hacha que aún tenía manchas de sangre seca —la sangre de Selene—. Kaia, oculta tras una roca a unos metros de distancia, sintió que la runa de su frente quemaba como hierro al rojo vivo. El poder de Anuk pedía ser liberado. Sus garras se extendieron involuntariamente, perforando la piedra. Jaxon llegó en ese momento, colocándose detrás de ella. Su sola presencia pareció anclar a Kaia en la realidad. —Tengo la clave —dijo Jaxon en voz baja, su mano herida ahora vendada—. Pero el pozo me mostró algo más. Este rescate es solo el principio, Kaia. Hay un secreto en mi sangre que se conecta con unos chamanes que están atrapados con Caleb. Kaia lo miró, notando la sombra de duda en los ojos del hombre que siempre parecía tener todas las respuestas. —Lo resolveremos después. Ahora, saquemos al Alfa de esa cueva. Valka se giró hacia ellos, con su arco de guerrera ya tensado. —Es hora. En cuanto el polvorín explote, tienen exactamente cinco minutos para llegar a la puerta rúnica antes de que Fenris ordene el cierre total de los túneles. No habrá segunda oportunidad. —¡POW!... Torin soltó un gruñido de batalla contenido y miró a Valka. —Ten cuidado allá abajo, mujer. No he sobrevivido a la locura para perderte ahora. Valka le dedicó una sonrisa rápida, casi imperceptible, antes de desaparecer entre los riscos hacia el corazón del campamento enemigo. El Inicio del Caos Un silencio tenso se apoderó de la montaña, interrumpido solo por el viento. De repente, una columna de fuego verde —fuego alquímico de los Ébanos— estalló en el flanco este del campamento. Los gritos de alarma no tardaron en seguir. —¡Ataque! ¡Invasores en el polvorín! —se escuchó el grito de los vigías. Valka había cumplido. El incendio comenzó a extenderse con una rapidez asombrosa, devorando las carpas de suministros. —¡Ahora! —rugió Torin, lanzándose risco abajo con un aullido que heló la sangre de los centinelas de Nor—. ¡Por la Garra de Bronce! Los ejecutores de Torin chocaron contra la primera línea de defensa con una brutalidad demoledora. Mientras tanto, en el centro del caos, Sköll levantó su hacha, con los ojos brillando con anticipación. —¡Vinieron por más! —gritó Sköll, buscando con la mirada a los líderes de Bronce—. ¡Traigan sus cabezas! Fenris, sin embargo, no se movió de su posición. Sus ojos recorrieron el campo de batalla, buscando lo que realmente importaba. —Es una distracción —dijo Fenris—. Busquen la puerta de la Veta. ¡Nadie se acerque a la entrada de cuarzo! Jaxon y Kaia, aprovechando el estruendo de la batalla de Torin y Valka, se deslizaron por la grieta lateral hacia la enorme losa de piedra que custodiaba la salida de la cueva. Jaxon se posicionó frente a los grabados rúnicos, mientras Kaia ponía sus manos sobre el cuarzo, sintiendo el latido de Caleb y Elena al otro lado. —El Lamento del Hijo que nunca volvió —pronunció Jaxon, y su voz vibró con una frecuencia que hizo que la montaña entera gimiera. La puerta comenzó a brillar con una luz plateada, pero en ese momento, una flecha negra silbó en el aire, clavándose a milímetros del rostro de Jaxon. —Sabía que vendrías por aquí, carcelero —dijo una voz desde las sombras. Fenris había anticipado el movimiento. No estaba solo; una decena de "Susurradores" apuntaban directamente a los corazones de Jaxon y Kaia. Al mismo tiempo, Sköll, habiéndose percatado de la luz rúnica, abandonó el combate con Torin y comenzó a correr hacia ellos con una velocidad inhumana, con el hacha en alto y una sed de sangre que amenazaba con devorarlo todo. Jaxon arranca la flecha sin ningún problema, pero si le impacta otra es probable que su cuerpo sucumbe a la poción de dichas flechas. —Jaxon, ¿estás bien?—falta poco, pero ese miserable se acerca. —Concéntrate, mujer. No te preocupes por mí, debemos sacarlos ya. No pueden continuar más tiempo allí adentro. El sonido de la puerta rúnica estaba comenzando a ceder, mientras el reflejo de Sköll se proyecta sobre el cristal de cuarzo, y Kaia, entre el deber de abrir la puerta y el deseo de venganza, siente cómo el poder de Anuk estalla finalmente en un estallido de luz blanca que ciega a amigos y enemigos por igual.
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