("Los capítulos con decimal se los capítulos narrados por nuestro protagonista")
Tiempo antes...
Mientras miro a la gente a mí alrededor más deseos tengo de volver a ser el yo de antes.
— ¡Max!— llaman mi atención, al parecer comencé a divagar demasiado.
— ¿Qué sucede?— miro a mi asistente.
—Necesitan tu veredicto— y aunque llevaba ya casi tres años en este mundo, las decisiones seguían siendo tan variadas y complicadas cada día de mi vida. ¿Alguien podía tomarlas? Para mi mala suerte, no.
—Dales el capital necesario y un reporte de ganancias estimadas, no quiero perdidas— dije mirando a los hombres que rodeaban mi mesa de la sala de juntas. Esa era la respuesta que esperaban. —Se pueden retirar— mientras veía que todos se iban me deje caer casi acostado sobre mi silla, estaba cansado y apenas eras las nueve de la mañana.
— ¿Quiere algo señor?—pregunto mi asistente.
—No, gracias Rob, puedes retirarte si alguien viene a buscarme a mi oficina, no estoy, sea quien sea, sin excepciones— el solo sintió y salió dejándome solo.
Mire más paredes en un tono oscuro dándole cierta característica al lugar, todo lo que hay aquí no me pertenecía hace más de tres años, todo esto parece aún irreal para mí.
Mire mi teléfono, una llamada salía reflejada ahí. No pude haberlo escuchado ya que en las juntas tiendo a dejarlo en silencio. Observe el identificador, debía de haber tomado esa llamada aun así fuese el fin del mundo. Coloque el aparato en mi oído mientras escuchaba los pitidos tratando de contactarme con la otra persona.
—Hola cariño— fue la respuesta inmediata.
—Hola mamá— sonreí. — ¿Qué sucede?— aún no era sábado cuando iba a visitarla sí o sí. Más que ser un buen hijo que visita a su madre, era el lugar donde podía huir por un par de horas para descansar.
—Solo no puedo llamar a mi hijo— su tono de voz era de reproche.
—Claro que puedes, cuando gustes y desees—sonreí, sabía que mantener a mi madre molesta era casi imposible.
—Bien siendo así, ¿Ya comiste?— pregunto cómo toda una mamá sobreprotectora.
—Mama tengo veintiséis años, creo que puedo preocuparme por mi alimentación— reí. Mentiras, si no fuera por pequeños recordatorias que me daba Rob o mi madre podía solo tomar café en todo el día.
—Si bueno, eso no fue lo que dijo Rob cuando lo llame— diría que me sorprendería que mi madre llame a mi asistente pero no es así. —Deberías comer algo... ahora— y así señores es como se controla a un hombre, dueño de una compañía.
—Claro mamá, ahora mismo le pediré a Rob algo— sonreí ante el poder que tenía ella sobre mí.
—Así me gusta— podía sentir como se tranquilizaba. —Cambiando de tema, tu hermana viene este fin de semana dijo algo sobre una papeles legales que le llegaron...— eso lo desconocía.
— ¿Te dijo algo más?—pregunte poniéndome de pie y comenzado a caminar de un lado a otro, mis piernas necesitaban estar en movimiento.
—Solo que es importante que vengas— parecía un asunto sin importancia, o al menos así lo hacía sonar mi madre. —Así que los esperaré a ambos aquí el sábado por la mañana— declaro firmemente.
—Tal vez...—su voz me detuvo.
—He dicho por la mañana, más vale que canceles todo y estés puntual, te quiero hijo, cuídate— y así me dejo con la palabra en la boca, la única que me podía tratar así a pesar de tener la edad que tuviese.
Reí para mí y busqué a Rob para que me buscara algo de comer antes que mi madre apareciera aquí y me obligara a comer a base de golpes. Ella siempre tan tierna, y yo tan obediente.