Estaba por caerme de cara contra el suelo, ¿Cómo es que permitían que me apartara? Como si de un simple objeto se tratara mi vida. ¡Están todos locos!
Quería gritar que aquello iba en contra de todas las leyes existentes. Pero la mirada que Madame Josephine me dio fue suficiente para mantener mi boca cerrada por un momento, pero no mi mente donde ya había insultado a todos en todos los idiomas que conocía.
Tan pronto todos los invitados se fueron todas las chicas corrieron a felicitar a Tamara ya que después de todo el chico no estaba nada mal y no solo hablando físicamente, más bien económicamente no estaba mal. Aunque sé que posiblemente hablaran de mi por haber sido elegida dos veces solo el día de hoy. ¡Vaya suerte de mi***a!
—Después de todo parece que si existen los milagros— había dejado de lado la atmósfera en la que encontraba donde solo existía yo y mis pensamientos (que eran más agradables que la realidad) para entrar a mi pesadilla.
—No sé a qué te refieres, para mi más bien parece que mis peores pesadillas se están volviendo realidad— el cuchicheo aumento en la sala, así que cuando Madame Josephine regresó a poner orden, por primera vez lo agradecí.
—Tamara hablaré contigo más tarde...— ahora me miraba a mi —Tu, vienes conmigo— no podía descifrar su tono de voz quizás era el mismo de siempre o esta vez sonaba molesto. ¿Cómo iba a saberlo?
Seguía a Madame Josephine hasta su oficina donde me dejo pasar primero antes de cerrar la puerta con la delicadeza necesaria.
—Esto será nuevo para ti— extendió una serie de papeles perfectamente ordenados dentro de una carpeta.
— ¿De qué trata?— aún estaba conteniendo mi ira, pero sabía que en cualquier momento estallaría. Solo esperaba que no fuera frente a ella o mi vida sería peor, no lo sabía pero lo presentía.
—Tus nuevas clases avanzadas, tu proceso de educación será más exhaustivo de lo que realmente ya es, ahora que has sido elegida...— y esa era mi señal para estallar. “Adiós protocolo, nunca fue un gusto conocerte”
—Si bueno, no estoy a la venta en un aparador para que vengan a apartarme— deje de leer los papeles y los puse sobre mi regazo.
—Eso no está en discusión señorita Morrison— la sonrisa que tenía en su rostro era perturbadora.
—Creo conocer demasiado bien mis derechos como para saber la docena de ellos que está rompiendo en estos momentos— me cruce de brazos lanzando una mirada retadora. Honestamente desconocía la ley, siempre me había llamado la atención pero mis conocimientos solo eran uno que otro capítulo de la ley y el orden. “Demasiado básica” dijo mi mente.
—No es lo que está carta estipula— abrió un cajón sacando otra carpeta, lo primero que llamo mi atención de aquel papel era la firma de mi madre plasmada, pero yo ya era mayor de edad ¿Eso vale, no? —Lo que tienes frente a ti es una carta de total consentimiento para ser una joven lista para ser desposada... en otras palabras podemos buscarte marido quieras o no— ¿Eso era legal? Para mi sentido común eso era lo más ilegal que me había tocado presenciar.
—Necesito hablar con mi madre— diría que me sorprende que ella haya caído tan bajo pero no es novedad la verdad.
—Vendrá en cualquier momento, la noticia de tu compromiso debe ser anunciada cuanto antes— solo pude asentir y no dejar de pensar en la manera de salir de toda esta situación.
—Si no es molestia, quiero retirarme a mi habitación— con un asentimiento Madame me dejo libre, podía ir trazando un plan para librarme pero nada parecía encajar, tenía piezas de mi rompecabezas extraviadas y otras que no me pertenecían, todo estaba peor de enredado que un par de auriculares en una bolsa.
—Deberías saber que tu rostro se embellece cuando sonríes— y levantando mi vista que hasta ahora permanecía en el suelo, lo vi, era aquel hombre que me había apartado sin importar en lo más mínimo mi opinión.
“Ven, acércate, que te acaricio con una roca...” solo eso pude pensar al verlo frente a mí.