El sábado por la mañana me encontraba conduciendo hasta la casa de mi madre a las afueras de la ciudad, me encantaba venir ya que la paz y tranquilidad se sentía desde apenas entrar por las puertas de la casa. Estacione mi auto en la pequeña cochera que mantenía la casa, en la cual mi padre había trabajado por años, enseñándome a mí y a mi hermana un poco de su profesión. Camine hasta la entrada donde antes de poder tocar mi madre estaba abriendo y con sus brazos extendidos me abrazaba fuertemente. — ¡Maxi!— me estrechó entre sus brazos, “como extrañaba un cálido abrazo” —Debes estar cansado, entra he preparado un limonada para que te refresques un poco— con una sonrisa en mi rostro seguí a mi madre. La casa seguía tal cual como hace tantos años, casi nada había cambiado, quizás solo l

