Una gran paloma gris salió volando de la casa, sus alas batiendo justo frente a su cara. Se recuperó rápidamente, entró y mantuvo la puerta abierta para nosotros. −Ha estado cerrado durante mucho tiempo. No tenía ni idea de que habría... − ¡oh! Otro pájaro asustado escapó de la mansión desierta y la mano de la Sra. Knight voló hacia arriba para proteger su peinado.
−Está bien− Mi padre me puso la mano en la espalda y me acompañó hasta la entrada en penumbra. Un espejo roto decorado con vetas de oro y telarañas colgaba de la pared y lo miré. Mi cabello oscuro y lacio estaba desordenado por el viento y mis ojos azules estaban redondos de emoción.
− ¿Podemos encender las luces o no hay energía? − preguntó mi mamá, frotándose los brazos como si estuviera tratando de deshacerse del frío.
La Sra. Knight accionó un interruptor, pero no pasó nada. − La electricidad debe haberse cortado cuando Priscila desapareció y dejó de pagar sus facturas de servicios públicos. Si prefieres verlo en un soleado... −
− No −, sorprendí a todos al decir en voz alta. Miré a mis padres. − ¿Podemos ver el resto de la casa? − Mi padre asintió con la cabeza y seguimos al agente de bienes raíces fuera de la entrada y hacia la sala de estar.
− Oh, está tan sucio −, se quejó mi mamá, levantando una esquina de una cortina que tenía algunas manchas marrones.
− ¿Eso es sangre? − Pregunté, apuntando mi iPad y tomando una foto rápida.
− Bird doo −, dijo mi mamá, soltando la cortina.
Las enredaderas habían crecido a través de las ventanas rotas y se habían arraigado en la alfombra sucia. Como si el exterior quisiera abrirse camino hacia adentro, y lo había hecho a lo grande. Feas raíces bronceadas con protuberancias y forúnculos se deslizaron por las grietas de las ventanas, se deslizaron por las paredes y se hundieron en la alfombra hasta el suelo.
Luego, las raíces se extienden, enviando tentáculos en todas direcciones. Parecía que un pulpo gigante de color gris verdoso se había apoderado de la sala de estar.
− Sé que necesita una renovación, pero con una nueva capa de pintura y un toque de mujer −, insinuó la Sra. Knight, sonriéndole a mi madre, − este lugar tendrá un encanto real. Echemos un vistazo al resto de este piso al menos, ¿de acuerdo? −
− Claro, exploremos un poco más de la casa. Manejamos todo el camino hasta aquí −, dijo mi padre, sonriéndole gentilmente a mi mamá.
Excelente, pensé. A él también le gusta.
Mientras la Sra. Knight nos conducía fuera de la sala, describió la casa. − Tiene al menos tres pisos −.
− ¿Al menos tres? − Mi padre sonrió. − ¿No estás segura? −
− Me parece que tiene tres, pero el agente de cotización dijo que hay cuatro. Probablemente se refería al ático o al cuartito en la parte superior de la torre −.
Cuando nadie estaba mirando, escribí una nota de detective:
Puede haber un piso oculto.
Seguimos a la Sra. Knight a una sala más grande que ella llamó "el salón de baile". Había espejos en algunas paredes y ventanas rotas en otras. Tenía techos altos con diseños estampados en el yeso y olía fatal.
La lluvia se filtraba a través del cristal agrietado y, debajo de los alféizares de las ventanas, los parches empapados de alfombra apestaban por la habitación. Olía a viejo, mohoso, húmedo y podrido, como realmente mal aliento. Mi papá miró alrededor del salón de baile con una mirada intensa en su rostro, asintiendo para sí mismo.
− Esta casa tiene carácter −, dijo la Sra. Knight mientras nos conducía por un pasillo oscuro como la boca del lobo hacia la larga cocina. Un poco de luz entraba por las ventanas pequeñas y noté que muchos de los cajones de la cocina estaban abiertos. Todos estaban vacíos, y algunos estaban boca abajo en el suelo, esparcidos entre montones de lo que mi padre llamaba "tierra de rata". Alguien realmente había buscado a fondo este lugar. Me pregunté qué habían estado buscando.
En un rincón había una estufa redonda de hierro fundido y el resto de la cocina parecía igual de anticuada. Había un teléfono extraño con un auricular separado y una manivela pegada a la pared junto a unos estantes de madera. − ¿Mirarás esa antigüedad? −, Dijo mi papá, acercándose a ella. − Nunca pensé que vería uno de estos −. Pensé que probablemente ya no funcionaría, pero sería divertido de usar si lo hiciera.
Mi mamá se apoyó contra el mostrador y miró alrededor de la cocina. − ¡Puaj! − gritó de repente. Su mano había aterrizado en una pila de algo blanco, marrón y pegajoso que una paloma había dejado atrás. Ella lo miró y luego gimió mientras me mostraba la palma de la mano, tratando de no reír. Cuando giró la manija del fregadero, no salió nada del grifo.
− Lo siento. Tienes un pañuelo −. El agente de bienes raíces le entregó a mi mamá un Kleenex, luego se volvió para sonreírnos a mi papá y a mí. − Hay algo más que debes saber sobre la casa. Después de que se dio por muerta a Priscila Collins, los herederos dividieron sus pertenencias, pero no pudieron encontrar su joyero. Al principio asumieron que la caja había sido robada, pero luego encontraron una nota misteriosa, escrita con su letra −, dijo la Sra. Knight.
Mis oídos se aguzaron como los de un pastor alemán. − ¿Qué tipo de nota misteriosa? −
− La nota decía que había escondido su joyero en algún lugar de la casa. Y quien sea lo suficientemente inteligente y valiente para seguir las pistas que dejó atrás será recompensado heredando su fortuna en diamantes −.
− Wow −, dije, tratando de memorizar la redacción de la nota. − Casi parece que ella sabía que iba a desaparecer de antemano −. Los tres me miraron con las cejas arqueadas. Probablemente se sorprendieron de que yo lo hubiera pensado antes que los adultos. − ¿Qué pistas dejó? − Le pregunté a la Sra. Knight mientras la seguíamos fuera de la cocina.
− Esa es la cosa. Sus herederos registraron toda la casa, pero no pudieron encontrar ninguna pista −. Me hizo una mueca de tristeza, como si fuera una lástima que las pistas no existieran.
Pero pensé que esto era genial. No podía esperar para sacar mi equipo de detective y empezar a buscar pistas. Los herederos de Priscila simplemente no fueron lo suficientemente inteligentes como para encontrarlos.
Esto significaba que el joyero todavía estaba oculto.
− Ahora, además de las grandes habitaciones en todos los pisos − , continuó la Sra. Knight.
− Los tres o cuatro −, bromeó mi padre.
− Hay un montaplatos, una despensa de mayordomo, una glorieta y un invernadero −.
− ¿Un montaplatos? ¿Cómo en Marriot la espía? Yo pregunté.
La Sra. Knight me ignoró y nos condujo a una pequeña habitación detrás de la cocina. − Esta es la despensa del mayordomo −. Había muchos estantes para almacenar alimentos, un fregadero de metal profundo y un segundo lavaplatos. − ¡Solo mira todo este espacio en el armario! − Ella le sonrió a mi mamá y agitó su brazo en el aire. − Tienes un montón de almacenamiento −.
− ¿Es aquí donde trabaja el montaplatos? − Bromeé y mi papá puso su mano en mi hombro.
− Muéstrenos el montaplatos, por favor −, le dijo a la Sra. Knight.
Ella pareció avergonzada. − En realidad, no sé exactamente dónde está −. Al final de la despensa del mayordomo había una puerta estrecha. La Sra. Knight agitó la manija pero estaba cerrada.
− Un montaplatos es como un pequeño ascensor, demasiado pequeño para que lo monte una persona −, explicó. − El cocinero podía preparar las comidas para llevarlas al dormitorio principal o al comedor formal en el segundo piso. Algunos propietarios utilizan montacargas para subir libros a la biblioteca o llevar artículos pesados a los pisos superiores de sus casas −.
− Gracias −, dije mientras mis dedos golpeaban mi iPad.
Encuentra el montaplatos.
− Además de la sala de estar y el salón de baile, hay un estudio y una biblioteca. Más de veinte habitaciones en total −.
Son muchos lugares para buscar pistas, pensé.
Subimos el primer tramo de escaleras y entré en un dormitorio y miré por la ventana. Desde esta altura, todo lo que podía ver eran las cimas de las montañas irregulares a través del cañón y un relámpago ocasional.
Al mirar hacia abajo, noté que una barandilla de metal n***o corría alrededor del borde del patio lateral, rodeando la propiedad como un anillo de rodeo. Medía aproximadamente cuatro pies de alto y tenía postes verticales cada cuatro pulgadas.
Una parte estaba muy abollada en una gran V, como si hubiera sido golpeada por un rayo. Tendría que tener cuidado si explorara afuera por la noche. Si tropezaba con esa parte de la barandilla en la oscuridad, podría lanzarme por la ladera rocosa y desaparecer como Priscila Collins.
Después de recorrer el segundo piso y luego el tercero, perdí la cuenta de las habitaciones y no podía recordar el camino de regreso a la puerta principal. A mi papá le gustaba la casa y yo la ansiaba.
Solo tenía que vivir aquí. − ¿Podría tener esa pequeña habitación redonda en la torreta para mi dormitorio? − Yo pregunté. −El del tercer piso o el cuarto. Dependiendo de cuántos realmente haya −. Mi papá no respondió, pero me hizo un guiño.
La habitación que quería era muy pequeña, pero tenía una escalera de caracol en un lado que conducía a la punta de la torre, donde había una acogedora habitación redonda que me encantaba.
Sería perfecto para mi oficina de detectives. Su techo llegaba a un punto, tenía ventanas alrededor y estaba tan alto que se podía ver en todas direcciones por millas. Como era el final del verano, las montañas estaban cubiertas de hierba seca y matorrales que se habían dorado al sol.
Más allá de las puntas de esas montañas, vi el mar azul verdoso brillando en la distancia. Era lo que más me gustaba en todo el mundo el océano avanzaba con fuerza, vasto y hermoso. Además, si compráramos esta casa, todavía viviría bastante cerca de todos mis amigos y podría ir al parque con Alexa y Luisa.
− Tendré que mostrarte el patio trasero en otra ocasión debido a la lluvia, pero ¿cómo te ha gustado hasta ahora? − La Sra. Knight le preguntó a mi mamá.
− Necesitaremos un jardinero para arrancar todas esas enredaderas de la sala de estar antes de que podamos siquiera pensar en remodelar −. Mi madre parecía haber olido algo desagradable.
− Toda la casa está muy sucia y en muy mal estado −. Probablemente pensó que estaba sucio porque su mano había aterrizado en la caca de un pájaro.
− Lo limpiaré −, ofrecí.
− Necesita muchísimo trabajo −, dijo mi padre, mirando a su alrededor.
− Yo te ayudaré −, supliqué. − Le quitaré las malas hierbas a la alfombra −.
− Es una ganga −, dijo Knight. − No durará −.
− ¿Podemos conseguirlo? − Le rogué a mi papá.
Miró a mi madre y sonrió, arrugando los ojos. Me di cuenta de que a él también le gustó.
− Lo pensaremos −, respondió mi mamá.