PVO Sasha.
El cuerpo aún me tiembla y de mi cabeza no puedo sacar ese beso. Ese traicionero beso que él le dio a esa mujer, a la que ahora ama.
—Menos mal que llevé mi chal para que no me vieran —susurra Joyce, la mujer de buen corazón que me apartó de aquel horroroso lugar—. Sasha, yo... lo siento. Sé que no es lo que esperabas.
Se parece a él, incluso en el nombre, pero hay algo en sus ojos que lo hacen distinto del hombre del que yo me enamoré. No, ese no es mi Skyler; él nunca hubiese roto mi corazón de esa manera.
Pero... ¿y si perdió la memoria?
Mi mente es un laberinto, un caos, tanto que, si fuera cierto, no sabría por dónde comenzar.
Él está comprometido, y yo soy un ser que odia... ¿Pero por qué? ¿Por qué dijo que odia a los humanos?
—¡Que no! No puedo decirle, y no insistas, Rabat.
—¿Con quién hablas? —interrumpo la conversación al aire de Joyce, que se sobresalta—. ¿Y quién es Rabat?
—¿Q-qué? —gira a verme—. Ay, ignórame, nena, estoy un poco alterada con lo que pasó, eso es todo.
Puedo notar que hace gestos extraños y su sonrisa es más fingida que nada.
—S-Sasha, no es que quiera parecer mala, pero deberías irte de Banff apenas amanezca. Dijiste que te trajo tu amigo, ¿no? Deberías llamarlo.
—Y-yo no sé si quiero irme.
Joyce se congela en su lugar, pero es cierto. Si Skyler tiene amnesia, con mas razon creo que debo quedarme.
—¿P-pero qué dices? ¡Acabas de ser rechazada por el Alfa! Él no te conoce, no es tu Skyler. ¡Sasha, por la Diosa luna, debes irte para salvarte! ¡Ay! —se cubre la boca como si hubiese dicho algo que no debía.
Alfa. Esa palabra la menciona mucho.
—Joyce, ¿qué es un Alfa y por qué dijiste que la vida de mi hija corría peligro si me quedaba?
Joyce se mueve de un lado a otro, y parece susurrar sola, como si hablara con alguien.
—¡Ya bien! ¡Ganaste, Rabat! Y si sale corriendo va a ser tu culpa, loba golosa.
—¿Loba golosa?
Joyce rueda los ojos y suelta una risita.
—Ponte cómoda, chica, que vamos a tener una conversación larga. Y después de esto, sé que vas a querer escapar y no saber nada de este lugar, te lo garantizo.
—¿Así?
—Sí —saca unas latas de cerveza y me las lanza—. Y no creo que te guste lo que vas a escuchar.
—Mi novio me acaba de romper el corazón, ¿qué puede ser peor?
—Bueno, no sé. Que estás en una ciudad donde viven lobos; solo un 10% son humanos. Y aquí, el que lidera la manada es nuestro Alfa, el padre de Skyler, pero dentro de poco ese cargo pasará a su hijo, algo así.
Mis ojos parpadean incrédulos, buscando alguna pizca de mentira.
—Escucha, Sasha, yo no soy una humana. Tengo la apariencia, sí, pero soy una loba.
—Ajá, y yo soy la hija del hombre más rico del mundo. —Literal, lo soy.
—¿No me crees, verdad?
—Pues la verdad, no. —Aunque...
—Sasha, Skyler es un lobo. Y al decirme que tienes una hija de él, la pequeña Sky, es simplemente imposible.
—¿Q-qué? ¿Y eso por qué? Espera, ¿qué tratas de decirme?
—Sasha...
—¡Mi Sky es su hija! —me levanto alterada ante lo que trata de decirme—. ¡Y yo nunca estuve con ningún otro! ¡Solo Skyler fue el primero y único!
No me cree. Por esa mirada y despreocupación suya, me da a entender que no me cree, y eso me jode.
—Sasha, quiero creerte, pero es que eso jamás ha pasado. Si una humana tiene un hijo de un lobo, y sobre todo si es del nivel de Skyler, pues... no sobreviviría.
¡¿Qué dijo?!
—Y supongo que por eso te abandonó Skyler. No se me ocurre otra razón.
Suelto mi cerveza y los ojos se me llenan de lágrimas.
—Me pareció raro que no te reconociera, a pesar de que tú afirmas que sí. Y bueno, si lo conozco, creo que él está fingiendo no conocerte por esa razón, para alejarte de él, para protegerte.
—¡Pero es que no tiene sentido! ¿Por qué entonces no se alejó de mí antes de enamorarme como lo hizo? ¡¿Por qué no se alejó?!
Estoy enojada, molesta, pero también dolida por lo que me dice. Y si es cierto, Skyler es cruel.
Aunque... un lobo. ¿Skyler?
No, no, esto no puede ser cierto. Es como si mis novelas de Dreame y sueñovela se hubiesen hecho realidad.
—Hay una fuerte razón, Sasha.
—Espera, entonces si Skyler es un l-lobo —Dios, sí que cuesta decirlo—. ¿Mi Sky también lo es? —mis labios tiemblan ante esa posibilidad.
—Si es su hija, sí. La pequeña Sky sería una loba.
Tengo que llevarme una mano al pecho por lo fuerte que implica esa palabra.
¡Mi hija es una loba!
—Entonces debo decirle a Skyler, enfrentarlo y decirle que yo no morí, que tenemos una linda cachorrita que muere por saber de su papi, ¡Joyce por Dios! ¡Tienes que ayudarme!
—¡Qué! ¡No! —alza la voz, haciéndome asustar—. Si es hija de Skyler, con más razón nadie debe saber de ella. ¡La matarían!
Se me sale el alma y un miedo me golpea tan fuerte, que antes de darme cuenta, ya estoy junto a mi pequeña Sky. Ella está durmiendo, ajena a las palabras que acaba de decirme Joyce.
—Sasha, no quiero asustarte, pero tu vida y la de tu hija corren peligro. Por eso debes irte de Banff.
—¿Quién...? —susurro sin contener las lágrimas—. ¿Quién la quiere matar? ¿Skyler? ¿Él no quiere tener hijos acaso, y por eso los quiere matar?
—¡Qué! ¡Ay, no! Skyler no sería capaz. Él es muy bueno, pero ha sufrido mucho, Sasha, y supongo que enamorarse de ti y después alejarse debió dolerle.
Cubro con su mantita a mi pequeña, que menos mal no se ha despertado a pesar de mis sollozos.
—¿Quién...? —me seco las lágrimas—. Si no es Skyler quien quiere hacernos daño, dime, ¿quién quiere dañarnos? ¿La prometida de Skyler?
Joyce se muerde el labio y baja la mirada al suelo. Ella sabe más de lo que dice.
—No lo sé, aún no sé quién es, pero lo más probable es que sea quien mató a Asena.
—¿Asena? ¿Y esa quién es?
Joyce mira a mi Sky y después a mí, solo que con mas intensidad.
—La primera novia de Skyler, y su luna.—Me confiesa —Con la que se iba a casar y de quien estaba muy enamorado.
Hubiese preferido no saber eso.
—Y más te va a sorprender ver cómo era ella.
Joyce camina hacia un armario y parece buscar algo entre sus cosas.
Así que novia, Skyler tuvo una mujer antes de mí.
—Mira, ella era Asena. Murió en un accidente hace veinte años, por eso Skyler se perdió por un tiempo, se fue de Banff y solo apareció recién hace cuatro años.
Tomo la foto que Joyce me extiende. Tengo miedo de ver a la mujer que Skyler amó alguna vez. ¿Será más bonita?
—Asena era una loba poderosa. Tú no, Sasha.
Me quedo petrificada al ver la imagen de la mujer.
¡Soy yo!
—Asena tiene un parecido contigo, quizás por eso a Skyler le atrajiste, Sasha. Si se enamoró de ti, pues... no lo sé.
Me muerdo el labio ante lo que dice.
Entonces, para Skyler solo fui... ¿un reemplazo de su novia muerta?
—Sasha, escucha lo que voy a decirte ahora.
Mis ojos siguen fijos sobre la foto de la mujer que parece feliz junto a un Skyler que desconozco, uno que jamás me habló de quién era en realidad.
—No creo que la muerte de Asena haya sido un accidente causado por humanos, sino un evento premeditado.
—¿Cómo? —dirijo mi vista a Joyce, que suspira, como si intentara recordar ese evento.
—¿Asena murió por culpa de un humano?
—Eso es lo que nos han hecho creer, pero yo no lo creo. Alguien la mató —aprieto la foto—. Y ese mismo ser, puede ir por ti y por la pequeña Sky.
No puede ser. Ahora entiendo por qué Joyce quiere que me vaya de aquí. Esto es más de lo que puedo soportar.
—Espera, dijiste que Asena era una loba poderosa. No tendría sentido que fuese asesinada por un humano.
—Por eso muchos creen que no pudo ser un humano, sino un brujo o un ser oscuro que debe tener mucho poder.
Dios, ¿y ahora qué hago? Esto no es lo que esperaba al venir aquí.
—Sasha, los humanos no saben de nuestra existencia, y es mejor que siga así. Por tu bien y el de la pequeña Sky, deben irse y olvidar todo lo que has visto y escuchado aquí.
¿Irme?
—Joyce, ¿tú sí me crees cuando te digo que mi Sky es hija de Skyler, verdad?
No responde, solo mira al suelo. No, no me cree, y creo que nadie aquí lo hará.
—Bien, no es necesario que me respondas, Joyce. Mañana, antes de que salga el sol, yo y mi hija nos iremos de aquí.
Duele, pero si para mantener la seguridad de mi Sky es alejarme de su padre, pues eso haré.
—Créeme, es lo mejor que vas a poder hacer. ¿Quieres algo de tomar? Sé que debes tener hambre.
—Sí, una cerveza que me haga olvidar a Skyler. No estaría nada mal.
—Una bruja podría hacer eso.
No puede ser que también haya brujas. Y yo pensé que solo eran producto de la imaginación humana, como en mis novelas.
—Mejor un té de jazmín y unas galletitas francesas.
—Tengo té en sobre y galletas de soda.
—No sé qué signifique, pero te acepto lo que sea.
Trato de sonreír, a pesar de que estoy rota, confundida y triste por todo esto. Salimos juntas, no sin antes darle un último vistazo a mi hijita, que duerme como un angelito.
Una lobita. Mi bebé es una lobita. No sé qué signifique eso exactamente, pero quizás Joyce me pueda ayudar con eso. ¿Mi Sky se transformará en un lobo alguna vez? De solo imaginarla, me entusiasma, pero no sé si a mis hermanos y padres les guste verla así.
—Tranquila mi Sky, seas lo que seas, yo siempre voy a estar a tu lado, y te voy a proteger.
Con esa promesa en mente, cierro la puerta de la habitación y me voy a comer algo, para después partir de aquí.
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Apenas Sasha cerró la puerta, la pequeña Sky, que, a pesar de haber oído todo y no entender más que regresarían a casa sin su papá, se levantó de su camita y, sobándose los ojitos, salió de la habitación.
Desde hace unos minutos, su corazón y algo dentro de ella —que no sabía qué era— le pedían a gritos salir y verlo.
—¿Mami? —susurró bajito, pero ella no la escuchó. Sasha atendía a las palabras de la loba Joyce y no se había percatado de que la niña había llegado a la puerta principal.
La abrió, y su corazón se aceleró al ver a un hombre al otro lado de la puerta. Era un joven apuesto, como en los cuentos que ella leía cuando vivía en la casa de sus abuelos.
“Un príncipe, mi príncipe vino por mí”.
—Hola, ¿quién eres? —preguntó la pequeña, que sin querer, interrumpió la conversación de su príncipe, que estaba en el celular.
El hombre, que apenas escuchó la vocecita de la pequeña, sintió un escalofrío recorrer su cuerpo, por la sorpresa de ver quién era el ser que había hecho que su lobo gritara enloquecido.
—No, no... esto no puede ser. Esto no me puede estar pasando a mí.
Dylan, que sentía que la Diosa Luna no podía ser más cruel, cayó de rodillas, sin apartar los ojos de su pequeña mate.
—Hola, mi príncipe, ¿viniste por mí?
Dylan, que ya se sentía un pervertido por las imágenes que pasaban por su cabeza—Culpa de su lobo—, se congeló en su lugar.
—Y-yo no soy ningún príncipe, niña, y creo que ya debo irme. Es de noche y estoy a punto de volverme loco.
Dylan logra ponerse de pie e irse sin voltear atrás, pero es sostenido por la pequeña; no quiere que se vaya.
—¿No eres mi príncipe entonces?
«No. Soy el lobo feroz que anhelaba encontrar a su luna y llevársela conmigo a Nueva York. Tener una vida feliz, una familia amplia, cachorritos... esas cosas. Pero...»
—Escucha, niña, no soy quien crees, y olvida que alguna vez nos vimos, ¿sí?
A pesar de que debía hacer lo correcto e irse de ahí, el lobo de Dylan gritaba que se la llevara consigo. Y otra sarta de ideas que Dylan no aceptaba, llevarla consigo y esperar a que creciera para convertirla en su esposa. La tentación y fuerza de hacerlo era tal, que cogió la pequeña manito de la niña y sintió que debía hacerlo.
Pero el repentino crujido de la puerta, al abrirse, rompió el intenso momento “romántico” entre una cachorrita que deseaba que fuera su príncipe y un lobo casi humanizado, que deseaba llevársela con él.