Joyce y el nuevo Alfa.

2626 Words
—¿Mi amor, qué haces aquí afuera? —Nada, mami, solo quería ver la luna de cerca, ¿no está hermosa? —apuntó con su dedito al cielo. Y sí, se veía hermosa, a pesar de que aún no era luna llena. —¿Y? ¿Quién era? —Joyce, la loba bruja, sale por la puerta. Un olor que no sabía dónde lo había olido encendió su alarma. —Nadie, a mi hija solo le gustó la luna y salió. Mentía, la niña mentía, pero no había manera de probar lo contrario, al menos no con esa carita inocente que Sky sabía poner en los momentos cruciales. A pesar de su inocencia y edad, Sky era más inteligente de lo que aparentaba. —Sasha, deben irse ahora, aprovechando que aún no sale el sol y todos duermen —señala el auto—. Llévatelo, ya tengo otro nuevo. —¿Qué? ¿I-irme ahora? Pero... —Sí, Sasha, ahora. Debes aprovechar. Sasha aún estaba indecisa. Por un lado, el sentimiento de luchar por amor la empujaba a ir por Skyler y decirle que tenían una hija, que ella estaba bien, pero otro, y el más fuerte, era huir de esa ciudad de lobos, porque tenía un enemigo que la quería muerta, a ella y a su pequeña Sky. —Mami, ¿ya no vamos a ver a papá? Sasha miró a Joyce, que negó con la cabeza y mirada triste. Era solo una niña que quería conocer a su papá, pero el maldito destino se lo impedía. —Papá no está aquí, mi niña, así que vamos a buscar en otro lugar, y mientras eso pase, vamos a ver a la Nona y tus primitos, ¿qué te parece? Sky no quería irse sin su papito, presentía que estaba muy cerca, así como también el hermoso príncipe que había visto unos minutos antes. No quería irse sin verlos de nuevo. —Sasha, cuando llegues a tu casa en Nueva York, llámame —le entrega su celular con su número grabado—. Es para asegurarme de que llegues sana y salva. Aunque nos hayamos visto solo un día, me caes bien. Joyce tambaleaba sus dedos, mirando a todos lados, oliendo el ambiente que los rodeaba. Había sentido una presencia cerca, y por eso salió. —Gracias, Joyce, gracias por contarme sobre los lobos, Alfa y de Skyler. —Descuida. Aunque ella deseaba quedarse, sabía que no podría sola en un mundo inseguro. Así que subió al auto junto a Sky, y tras ponerle el cinturón de seguridad, y unas cuantas lágrimas, decidió que era momento de regresar a la casa de sus padres. —Adiós, srta bonita —se despidió Sky, y Sasha, con el dolor de su corazón, emprendió el recorrido. Durante casi una hora, y con los ojos llorosos, Sasha Favre manejó en la oscura carretera, recordando los cortos pero hermosos momentos vividos con su Skyler. Él no era malo, solo la protegía de morir en un posible parto. Agregado a eso, un desconocido la quería matar. No, definitivamente no podía quedarse y exponerse así. —Mami... —Dime, mi amor, ¿qué pasa? Sky señaló al retrovisor. —Hay luces atrás, creo que nos están siguiendo. —¡Qué! Sasha levantó la vista y sí, había un par de luces rojas que se acercaban a ellas. No era un auto, quizás una motocicleta, pero no hacía ruido, así que lo descartó. ¡¿Qué demonios era entonces?! —Sky, hija, sujétate fuerte, voy a acelerar. —No entiendo, mami, pero yo voy a protegerte. —Oh, mi pequeña cachorrita. A pesar de que Sasha trataba de no mostrar su miedo y nervios, sonrió, tratando de mostrar a su pequeña lobita su fortaleza y convicción de protegerla. —Mamiii —Sky se cubrió los ojos y gritó al ver de pronto, frente al auto, una figura parecida a la de un lobo. ¿Lo era? —¡Mierda, no! —Sasha giró bruscamente el timón, perdiendo el control del auto y lanzándose para cubrir a su hija con su cuerpo. Solo el choque y un fuerte sonido de fierros retorciéndose se escuchó. Sasha, con un golpe en la frente y su consciencia hundiéndose, se aferró al pequeño cuerpecito de su niña, hasta que finalmente, no pudo más y se hundió en la oscuridad. PVO Sasha. —¿Qué dijiste? ¿Esa niña es la hija de Skyler Larsen? ¡¿Es en serio, Joyce?! ¿Qué fue lo que me pasó? Abro los ojos lentamente, y una luz tenue golpea mi rostro haciéndome parpadear. No recuerdo lo que pasó. Solo creo que... —S-Sky... —susurré levantándome con un leve dolor en el cuerpo. Pero claro, ya recuerdo. Alguien nos seguía, unos ojos rojos, un lobo al frente y después... ¿chocamos? ¡Sí! ¡Chocamos! —¿Sky? —Bueno, eso fue lo que ella dijo, Eros. —¿Y le crees? Esa voz… ¿Joyce? Me levanto y camino hacia la luz, pero me detengo al ver que sí, es ella, Joyce, y no está sola. Hay un joven hombre que está sentado en un sofá frente a ella, pero lo que me tranquiliza, es ver a mi hijita sentada al otro lado, mirándolos a ambos mientras come una paleta dulce. —No sé, pero cuando lo dije, no sentí esa percepción de cuando alguien miente, Eros, y bueno… —Lo crees —sentencia mirándola—. Le creíste a la mujer y la enviaste a su ciudad, aun sabiendo que podía correr peligro junto a una cachorra que es del linaje de los Larsen. ¿Qué? ¿Entonces Joyce me creyó? —Lo siento, Alfa Eros, cometí un error creyendo que no se habían dado cuenta de su presencia, pero me equivoqué. Ese hombre, al que llama Alfa y supongo debe ser otro lobo —no sé por qué tienen que estar tan guapos los Alfas— se levanta y mira en mi dirección. ¡Rayos! —Sé que estás ahí, humana. Sal. Puedo sentirte. —¿Alfa Eros? Eres un lobo. —¡Mamita, despertaste! —Mi hija se baja del sofá y corre a mis brazos. —¡Mi hija! Sky… —la aparto para ver si tiene algún rasguño, pero no. Mi bebé no tiene ni una heridita—. ¿No te hiciste nada, mi cielo? —Mi niña niega con su cabecita. —A diferencia de ti, ella salió ilesa del choque, Sasha. Supongo que fue porque la cubriste con tu cuerpo. Es cierto, la cubrí, y lo que recuerdo es ver sangre correr por mis brazos, mi rostro. Me toco la cabeza y hay una venda. —Por alguna razón que desconozco, tus heridas se han cerrado. En pocas palabras, tú sola te estás curando. Algo que solo las lobas podemos hacer, pero un humano... —Porque no es una simple humana, Joyce. Ella tiene las cualidades de una loba, pero sin serlo. No me gusta la mirada de Joyce, muy diferente a la del tal Eros, que sonríe. —Oh, es cierto, no me he presentado —toma mi mano y la besa, dejándome aturdida por su atrevimiento—. Soy Eros Madsen, Alfa de la ciudad de Lunaria. —¿Otro Alfa? ¿Y eso qué significa? Por lo que recuerdo de mis novelas, otro Alfa significa peligro, tener cuidado. —¿E-eres enemigo de la familia de Skyler? —¿Enemigos? —Eros suelta una risita que me hace sonrojar—. Acabo de llegar de la fiesta de compromiso de los Larsen. ¿Crees que sería su enemigo? —N-no lo creo. Eros se dirige a mi Sky y se pone a su altura. —Sí, tiene los rasgos de Skyler. Yo sí te creo, humana. Esta niña es la hija de Skyler Larsen. —De nuevo se ríe—. Pobre Jelena, será madrastra. —¡No! —interrumpo su diversión—. Mi hija la criaré yo y nadie más, señor Alfa Eros. —Miro a Joyce, que agacha la cabeza—. ¿Quién? ¿Quién intentó atacarme en la carretera, Joyce? —Eso no lo sabemos —dice Eros—. Cuando Joyce llegó, estabas desmayada y bañada en sangre, mientras tu hija seguía intacta. Obviamente, ya no había nadie cuando ella llegó, pero con este ataque, lo mejor será que te olvides de regresar a tu ciudad. Nuestro enemigo ya sabe de tu existencia. —¿Nuestro enemigo? —Sí, el mismo que mató a Asena, es nuestro enemigo. —¿Y-y quién es? —pregunto recordando al lobo que se apareció en la carretera. —Un antiguo lobo que se obsesionó con la Alfa Asena, pero le salió mal el juego, porque resultó que el destino la unió a Skyler. ¡Pero que irónico! Miro de nuevo a Joyce. ¡Ella sabía quién era el enemigo que mató a Asena! Y me dijo que todos creen que fue algún humano. ¿Porque?¿Porque todos creen eso y ahora Joyce me dice otra cosa? No tiene sentido. —¿Y dónde está ese lobo? ¡¿Quién es?! Eros vuelve a reírse, causándome confusión. —Si supiéramos las respuestas, hace tiempo nos hubiésemos unido todas las manadas del país y lo hubiésemos eliminado, y ahora viviríamos en paz, ¿no crees? Este tipo se está burlando. —Pero ahora sabe de tu existencia y va a venir por ti, Sasha —se muerde la uña—. Solo espero que no se haya dado cuenta de la existencia de Sky. —Esperemos que no. —¿Y eso por qué? ¿Por qué querría matar a mi pequeña? —Mi miedo crece, y no sé si estoy dispuesta a seguir escuchando. —Es tu hija, y de Skyler. Él no querrá estorbos para lo que sea que quiera de ti. —Espera, ¿por qué me quiere a mí? ¿Solo porque estaba enamorado de Asena y me parezco a ella? ¡Esto no puede ser! ¡Es un viejo lobo obsesivo! —No lo sabemos exactamente, pero sí sabemos que fue un lobo Alfa muy poderoso, que llevaba la sangre de los primeros lobos que habitaron esta zona desde tiempos inmemoriales y también... —¿También qué? —de nuevo tiemblo. —También se dice que era descendiente de la Diosa Luna. No pueden hablar en serio. —¿Entiendes el significado de lo que implica eso, verdad, humana? —¿Que es muy poderoso? —Mi inocente respuesta hace que sonría.¡Diosito no! —Te pareces mucho a Asena, y no solo en lo físico, sino también en su inocencia y tozudez. —¿L-la conociste? Joyce se lleva una mano al rostro y Eros se acerca peligrosamente. Si no se aleja, voy a darle vuelta a ese hermoso rostro sin importar la presencia de mi hija, que mira atenta la escena, como si estuviera mirando su novela de la Rosa de Guadalupe. —Por supuesto. Yo estaba enamorado de Asena. No sé si reír, llorar o darle esa cachetada. —Bueno, ya que Skyler se va a casar pronto, y tú ya no puedes regresar a Nueva York, ¿por qué no te quedas aquí y te casas conmigo? Joyce parece morir de la vergüenza, y mi Sky suelta risitas. Espera, esto podría ser algo bueno. Obviamente, no me casaré con este lobo que sigue mirándome con su sonrisa tétrica. —Vamos, humana, no tienes que pensarlo tanto. No tienes más opción, además de que tu hija estará protegida aquí, con el poder de una de las brujas más poderosas a su cuidado. —¡Oye! ¿Y yo por qué debo cuidar a una niña?! —De nuevo Eros y su sonrisa tétrica—. Ya, entendí, Alfa. Pero qué fácil fue convencerla. —¿Y qué dices, humana? ¿Aceptas ser mi novia? —Sí, acepto, Alfa Eros. —Ambos se quedan congelados, tal parece que no esperaban mi respuesta—. Seré tu novia, pero no esperes amor de mi parte —aclaro—. Si Joyce te ha contado mi historia, yo... —Lo sé. Ya me contó por qué viniste, y me parece increíble que, a pesar de la muerte, hayan vuelto a enamorarse de nuevo. Camina hacia mí y toma mi mano. —Yo tampoco estoy enamorado de ti. Tú no eres Asena, pero quién sabe, quizás seas más interesante que una loba y me llegue a enamorar de ti, humana. —Soy Sasha —aclaro, temblando ante sus palabras—. ¿Entonces seremos novios falsos? —Que así sea. —Besa mi mano y Joyce rueda los ojos. —¡Y yo soy la hija falsa! —Sky... —Jijiji. —Es mejor que no. Tú debes permanecer aquí, pequeña cachorrita, al cuidado de la tía Joyce, enseñándote algo de defensa y también a transformarte. Eso suena bien. Alguien como yo, que soy humana, no podría. —Creo que alguien se va a morir cuando vea quién es mi nueva novia. Skyler. Me pregunto si esto lo hará cambiar de opinión. Verme con otro hombre debe hacerlo sentir algo celoso, claro, si es que sus palabras de amor eran ciertas. —¡Bien! No sabes cuánta emoción tengo de presentarte como mi novia ante nuestra manada, y pronto ante Skyler. ¿Debería invitarlo? —Deja de burlarte, Alfa Eros. Tengo sueño, y creo que la pequeña cachorrita ya se durmió. Oh, mi bebé. —Sí, tienes razón. Estoy cansado y es momento de ir a dormir. Ya mañana terminaremos con nuestra conversación. —Espera, ¿no es peligroso? ¿Qué tal si ese lobo malo aparece? —Descuida, Joyce ya se encargó de eso. Ella es una loba y bruja poderosa que cubre con su poder toda la ciudad de Lunaria. Si ese lobo maldito intenta entrar, lo notaré yo y los demás lobos de mi manada. No se atreverá. Eso me tranquiliza, pero... —Sí, yo también quiero dormir. Hoy me llevé un susto con Sasha y no quería verte, Alfa. —Pues tengo el mismo sentimiento, no quería verte. Ambos se adelantan, mientras yo cargo a mi bebé. Hay algo aquí que no me cuadra. —Esperen —se detienen—. Hay algo que no entiendo. Se supone que todos creen que a Asena la mataron unos humanos, pero... ¿por qué ustedes están seguros de que fue un lobo? ¿Cómo lo saben? Eros se pone serio y Joyce agacha la cabeza. Ellos lo saben. —Vamos, tengo derecho a saberlo. Si voy a confiar en ustedes, debo saberlo. Después de todo, ya nada me sorprendería. Lobos, Alfa, un loco obsesivo, Diosa Luna, yo, en fin. —¿Le dices tú o se lo digo yo, Joyce? —No —susurra, bajando la cabeza—. Nadie debe saberlo, al menos aún no, y si te lo digo, Sasha, es porque te vamos a necesitar para cuando ese lobo vuelva a aparecer. Porque presiento que esto es algo que no me va a gustar. —Yo estuve en ese accidente hace 20 años, Sasha. —Confiesa.—Yo estaba con Asena ese día. Y yo la vi auto quemarse para evitar que ese lobo, del cual no recuerdo el nombre, la tomara como su prisionera. —¿Q-qué? ¿Qué quieres decir, Joyce? ¿Cómo que Asena se quemó? ¡No! —Lo sé, porque yo lo vi todo en mi estado agonizante. No pude hacer nada, nada, Sasha. —N-no entiendo, yo... —Yo era la hermana menor de Skyler Larsen, Sasha —confiesa, dejándome más que sorprendida qué antes —. Yo era... Cassidy Larsen.
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