Sacrificio.

2275 Words
El sol ya se había ocultado, pero para aquellos tres jóvenes apenas iniciaba la noche que marcaría sus destinos. Una noche trágica, destinada a alterar para siempre el rumbo de la manada más poderosa de su tiempo. —Te vamos a extrañar, Asena, pero esto es lo correcto, ¿verdad, mi amor? —Sí, yo también estoy de acuerdo en que vayas a Nueva York y averigüen qué está pasando, aunque... —Ay, no me salgas ahora con que debería ir Skyler, ¡por favor, Elrik! —No, no... bueno, sí, él será el futuro alfa y debería saber lo que está pasando; además, es tu prometido, Asena. —Amor... —Lo siento, Cassidy, pero es mi opinión. No sabemos lo que Asena vaya a encontrar por esos lares que no son de nuestra competencia. —¡Pero es seguro!.—Insistió la alegre Cassidy.—Además, Asena tiene familia y ya ha estado por esos lares antes, ¿verdad, amiga? —Sí, ya he estado y los conozco a todos muy bien. Descuida, Elrik, solo iré, daré mi opinión sobre a qué se debe esa distorsión que están sintiendo, y regresaré a tiempo para ayudar a mi amiga a elegir su vestido de novia. Asena sonreía para no preocuparlos, pero en el fondo su loba —y ella— presentía que era más complicado de lo que aparentaba. —¡Pero por supuesto que debes venir! Eres mi dama, mi casi hermana, y Skyler me va a matar si no regresas a tiempo. No tienes idea de lo que tuve que mentir para que te dejara venir con nosotros. —¿Así? ¿Y qué mentira le dijiste?.—Preguntó curiosa Asena. —Jiji, te lo diré antes de que me vaya de luna de miel. —¡Ay, Cassidy! No me digas que le dijiste eso. —le increpó Elrik, el joven humano y afortunado novio de Cassidy. —Bueno, sí, pero... —¿Qué le dijeron a Skyler? ¡Cassidy! Las amigas lobas jugaban detrás del auto, mientras Elrik conducía por la carretera, ya saliendo de Banff con dirección a la frontera con EE. UU. —Oigan, chicas, ¿no creen que...? Pero dos horas después, las jóvenes lobitas se habían dormido, producto del largo viaje que estaban haciendo, y discusiones sin sentido. —Lobas, lobas. —sonrió Elrik mirando al frente, ya con las luces prendidas del auto, hasta que de pronto, en una curva, la imagen de un lobo al frente—. ¿Q-qué? ¡Maldición no! Elrik giró bruscamente el auto, cayendo unos metros, para finalmente chocar contra una enorme roca, causando que el mayor daño del impacto, se lo llevara él. Asena y Cassidy lograron salir casi ilesas; pero fue Asena, la loba de un poder especial, la que se protegió del impacto, diferente a Cassidy, que se quebró una pierna y algunas costillas. —¡Cassi! ¡Háblame! ¡Cass!!! Asena intentaba zafarse del grueso bulto de fierros que la presionaban, e intentaba a la vez despertar a Cassidy, que había perdido el conocimiento por el golpe. —¡Cassidy!!! Abre los ojos, ¡Cass!!! —E-estoy bien.—Susurró despertando por los gritos de su amiga.—pero... ¿Elrik? Asena, más poderosa y experimentada que cualquier otra, enmudeció. Apenas percibía el latido del corazón de su amigo, y su presencia casi había desaparecido. —No... no, Elrik... Elrik... Cassidy, quien tenía la salida libre, cruzó la puerta llevándose una mano al pecho. Pero por más insoportable que fuera el dolor físico, nada se comparaba con el tormento de sentir que estaba perdiendo a su compañero. Era un dolor que la desgarraba por dentro, que la hacía desesperar. —Elrik, Elrik, por favor, no... no me dejes... Lágrimas, dolor. Cassidy lloraba, sufría, sin percatarse de que un ser las observaba; muy diferente a Asena, que se percató de su presencia apenas abrió los ojos. —Tú... ¿nos has estado siguiendo, verdad? —la pregunta salió de los labios de la loba, pero ese ser que tenía el rostro cubierto con una capucha no respondió. Asena sabía que ese tipo era un lobo; sentía su olor, y se le hacía conocido, pero algo en el aire lo distorsionaba. “Esto es magia y me está impidiendo detectar su olor y saber quien es. Listo, muy listo el desgraciado." Pero también significaba que no estaba solo; debía tener a una bruja cerca si usaba magia. —¡Elrik, amor! P-por favor, abre los ojos, ábrelos, por favor, no me dejes, no me dejes. —suplicó Cassidy con los ojos llenos de lágrimas y abriendo la puerta con la poca fuerza que le quedaba. “Aún vive, pero creo que no será por mucho", pensó Asena mirando de reojo a sus amigos, pero sin quitar la atención del ser que seguía delante de ella. —Cass, l-lo siento, nena, pero... Elrik logró despertar por las suplicas de su compañera, pero sabía que se le iba la vida, que no le quedaba tiempo. —No, no digas nada, ya no digas nada, cielo. —Sus manos tocándose, sus lágrimas cayendo sin darse cuenta del peligro. —P-perdón, pero no podré ir a la boda de tu hermano...perdón Cass... —No, no Elrik, no...—Cass tomó la mano de su amado y la apego a su mejilla, para darle calor y mantener su vínculo que poco a poco se estaba rompiendo. —T-te amo Cass..te a..mo... Cassidy negó con la cabeza, sin apartar la mirada de él, sin soltarle la mano. Unos segundos después, los golpes del impacto fueron suficientes para detener el corazón del joven humano que se había enamorado de su rebelde lobita rubia. En ese instante, el corazón de Cassidy ardió con tal intensidad que un grito desgarrador escapó de su pecho, seguido de un aullido que hablaba de sufrimiento y desolación. Había perdido a su compañero, su otra mitad, y con él, también a su loba Rabah. —Rayos. —Asena apretó su mano en un puño y dirigió toda su rabia hacia el ser que seguía inmóvil, el causante de la muerte de su amigo—. Tú, habla, ¿fuiste tú quien desvió el auto? Una sonrisa se formó, y la voz del hombre salió gruesa, pero también cargada de veneno. —Y si fuera yo... ¿qué problema hay, luna? Es un insignificante humano que no resta nada a nuestra especie. —¡Cállate! Su grito fue tan fuerte y severo que los árboles y todo alrededor temblaron. Asena no era una loba normal; tenía el don de curarse rápido y repeler ataques con habilidad, además de provenir de un linaje directo de los dioses. Ella lo sabía, y debía aprovechar y matar enseguida al asesino. —Creo que la luna está enojada; qué pena. Pero aún mejor, así podré distraerme y ver cómo suplicas por... vivir. La sonrisa malévola que formaba el ser era lo único que podía ver Asena. No tenía idea de quién era, pero sí sabía que era peligroso dejarlo vivo. Su aura y lo que sea que lo rodeara se estaba esparciendo por el lugar, secando toda vida a su alrededor. —Ven, atácame si puedes, pero primero necesito saber tu nombre. Es de mal gusto no presentarse. —Lo siento, luna, solo confórmate que arderás en mi cama, no sin antes obtener tu valiosa sangre. —¿Mi sangre? “Así que quiere mi sangre." Asena recordó las enseñanzas sobre la sangre de su linaje y el cuidado que debía tener. Era poderosa; demasiado, si procedía como los viejos de la manada habían dicho. Debía cuidarse y evitar que su sangre y órganos cayeran en manos equivocadas. Asena pensó que era algo estúpido, ya que su familia no había sufrido ningún ataque en los últimos cien años, y esperaba que eso pasara con ella. —¿Para qué? ¿Qué quieres con mi sangre? —Eso no tengo por qué decírtelo; solo confórmate que será para un bien común. —¿Bien común... o tu bien? Asena adoptó posición de ataque y, en menos de un segundo, se lanzó hacia la criatura. Pero esta esquivó su embestida con facilidad y, peor aún, una de sus garras alcanzó a Asena, haciéndola tropezar. No era un lobo cualquiera; era más rápido que ella. Lo entendió en un solo movimiento, en un solo golpe. Necesitaba ayuda, pero no estaba en territorio de su manada. La ciudad de Lunaria, el punto más cercano, estaba a dos horas de distancia, y para entonces, la ayuda sería demasiado tarde. —¿Qué haces? ¿Piensas en pedir ayuda? Adelante, así tendré más víctimas para mostrar mi poder. —Desvió su vista hacia la pobre Cassidy, que seguía llorando y yacía con el cuerpo de su amado abrazado—. Y puedo comenzar por esa loba. —¿Qué? —Observa, luna, observa cómo desgarraré y mataré a su amiga frente a ti. Un paso, dos, suficiente para que Asena colocara una daga en su cuello, y el ser oscuro se detuviera y viera con miedo el accionar de Asena. —¿Q-qué haces? —Quieres mi sangre, ¿no? Pues te tengo noticias, no tendrás ni una gota más que esa que tienes en tu uña. —No digas tonterías, maldita desquiciada; sabes bien lo que eso significaría. —¿Mi vida por debilitarte y darle tiempo a las manadas de destruirte?. Sí, sé lo que significa, y eso no te beneficia. —Asena sonríe; sabe que eso lo asusta, puede sentirlo. —No, no lo harás si no quieres ver morir a tu futura cuñada. —Y hasta que llegues a ella será demasiado tarde, y tú no obtendrás lo que deseas. Y apenas terminó de hablar, el lobo se lanzó contra Cassidy, a la que poco o nada le importaba su vida, pero a Asena sí le importaba. Era la hermanita menor a la que había prometido proteger a su Skyler, y cumpliría su palabra aunque eso significara entregar la suya. —No, no lo harás. —Un susurro de Asena, y antes de que el ser oscuro llegara a Cass, Asena, con una marca en su mano hecha con su propia sangre, tocó la espalda del malvado lobo, causando que se detuviera y soltara un aullido de dolor que se escucharía hasta los confines. —M-maldita... ¿qué me hiciste?, ¡¿QUE ME HICISTE?!!! —Solo retrasé lo inevitable. —susurró Asena en voz baja, colocándose delante de Cassidy, que seguía en estado de shock—. Escucha, Cass, por favor: sé que estás mal por Elrik, pero debes escucharme; no me queda mucho tiempo. Esas dos palabras fueron suficientes para que Cassidy levantara la cabeza y viera la realidad que los estaba golpeando: había alguien delante de ellas, aullando, gimiendo de dolor por la marca que Asena dejó en su espalda, y muy posiblemente el causante de la muerte de Elrik. —¿Q-qué pasa? —Dile a Skyler que lo amo y que todos los años que estuvimos juntos fueron los mejores de mi vida; que no me arrepiento de nada. —Asena... —Que me busque, si la diosa luna me da otra oportunidad... —Asena... Lágrimas y miedo se apoderaban de Cassidy, porque aquello sonaba a una despedida, y no iba a soportarlo: acababa de perder a su compañero; ahora perdería a una de sus mejores amigas y la luna de su hermano. —Dale mi mensaje, y no dejes de luchar, no te dejes vencer. Sé que es doloroso y que lo que te pido es egoísta, Cassidy, pero eres la única que puede transmitir mi mensaje, amiga. —Asena, no... Cassidy comenzó a temblar, y aumentó cuando Asena puso la daga sobre su cuello. —Escucha, ese tipo no es un lobo cualquiera, y si mi sentido del olfato no falla, es un m*****o de mi linaje. —¿Q-qué dices? —Él no es ordinario, Cass; quiere mi sangre y estoy segura de que no es para algo bueno. Ahora lo he marcado con una maldición que se debilitará con los años. Para entonces deben encontrarlo y matarlo. Ve y habla con los alfas de las manadas; deténganlo, Cassidy. Deben hacerlo o no solo nuestra especie será destruida, sino también la de tu amado Elrik. Los ojos de Cassidy eran un mar de lágrimas a esas alturas; la advertencia de Asena ya estaba hecha, y ella debía cumplir su deber. —Me las pagarás, Asena, ¡me las pagarás!!! —el grito fue tan fuerte que hizo temblar el suelo sobre ellas—. Te tendré a ti, y me darás los cachorros que deseo ¡y nada me detendrá!!! —¡Asena!!!! La loba alfa infundió su magia dentro de su daga, giró hacia su amiga y le dedicó una última sonrisa, mientras el ser malvado corría hacia ella con dolor aún por la marca en su espalda. —Adiós, y espero que nos volvamos a ver. —Asena, no...¡No!!!!! Y un fuego se extendió desde el cuerpo de Asena a varios metros alrededor, quemándolo todo, incluyendo la joya que el ser oscuro deseaba: su sangre. Cassidy, sin saber cómo, fue lanzada por un remolino, lejos del lugar, o al menos lo suficiente para no ser vista por el ser malvado, que también ardió. Él perdió, y tardaría varios años en volver a conseguir lo que deseaba, hasta que una humana con una pequeñita rubia apareciera en Banff, iniciando lo que Asena impidió terminar hace veinte años, y dándole al malvado lobo otra oportunidad, para su obsesión.
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