Los niños

2138 Words
La DEA aún no sabía de sus movimientos individuales para hacer valer la justicia, estaban en un operativo muy importante y necesitaban la colaboración de Antonio, o al menos eso pensaban sus excompañeros. A pesar de que ya no era parte de la organización muchos de sus amigos ahí adentro confiaban sólo en él para unas misiones específicas. No quería aceptarlo, para no comprometerse más con ellos, pero por la amistad que aún tenían lo hizo. Además, ya tenía a alguien en casa que le ayudaba a cuidar a sus prisioneros. El único que no sabía de esta nueva colaboración era el jefe de la Ciudad de México, él no estaría de acuerdo con que un ex agente se reincorporara a trabajar sin el papeleo correspondiente, solo bajo la palabra de unos cuantos agentes. Por suerte, con el uniforme y la gorra podía camuflarse un poco, al menos ante las cámaras que sus superiores veían. Llegaron hasta Tijuana, la idea era capturar a una mujer que estaba traficando con órganos de niños. Antonio decidió ayudar movido un poco por sus intereses, no podía creer que una persona que puede ser madre esté dispuesta a hacer ese tipo de cosas, siempre pensaba mucho en que intereses puede tener una persona para pasar por encima de todos con tal de cumplir sus objetivos. Lo que no sabían era que el lugar estaba muy protegido, evidentemente ese era un negocio que daba mucho dinero y no lo dejarían a la deriva. En cuanto vieron el primer activo de la agencia le dispararon, por suerte tenía, como todos, chaleco antibalas. Todos los de la DEA empezaron a defenderse, Antonio les disparaba a los guardianes que estaban en la parte superior de las bodegas para que dejaran de atacar desde arriba a sus compañeros. Tenía una puntería inigualable, no fallaba ningún tiro, sus enemigos no tenían chalecos ni nada que los protegiera, así que fue mucho más fácil acorralarlos. Cuando iban entrando al lugar, una de las personas que estaba cuidando adentro tiró una granada haciendo que explotara parte del lugar y volaran muchos de los agentes. Por suerte, Antonio estaba un poco más atrás, aunque el ruido lo dejó totalmente aturdido. También tenía unas cuantas granadas, así que le respondió de la misma manera, haciendo que el lugar empezara a entrar en llamas. Se dispersaron todas las personas por el humo, en una de las habitaciones que había se encontraban los niños que iban a ser próximos a descuartizar. Muchos de los agentes se enfocaron en ellos para poder liberarlos de allí, sin embargo, la mujer que causaba todo ese daño estaba escapando por la parte de atrás. Antonio decidió seguirla, no pensó que fuera tan hábil, lo miró para ver quién era el que la estaba persiguiendo y le disparó en un hombro, en ese contexto el chaleco no pudo hacer mucho. Antonio intentó dispararle también, pero sus fuerzas ya estaban muy disminuidas, el impacto de la bala lo había afectado muchísimo, ya no podía correr tan rápido, así que optó por dejarla escapar, pensando en que luego por medio de sus cámaras la podría capturar. Se regresó para mirar lo que sus compañeros habían descubierto en unas de las habitaciones, era realmente impactante la escena, había niños amarrados y desnutridos, ni siquiera se tomaban el trabajo de alimentarlos bien. Todos estaban llorando, realmente se sentían atemorizados, les empezaron a preguntar dónde había más niños, pero decían que ya a todos los habían matado. Señalaron una habitación donde estaban todos los que ya estaban listos para sacarles los órganos, a pesar de que eran muy pequeños, debido a la situación tan difícil que estaban viviendo, parecían ser muy razonables. Entraron a la otra habitación, y en efecto, había cerca de 20 cuerpos sin vida, una camilla, unos implementos y unas bolsas cerca de unos refrigeradores donde se guardaban los órganos para transportarlos. Eso hacía que Antonio odiara cada vez más a las personas malas, por eso no quería tener hijos, temía que en algún momento alguien optara por cobrarle todo lo que había hecho con un ser inocente. Pidieron refuerzos a las autoridades de Tijuana, necesitaban más efectivos y  médicos forenses para que se llevaran los cuerpos y los ayudarán a identificar, de ese modo llegarían hasta sus familias, al menos podían estar con ellos en el entierro. Los otros niños fueron llevados con psicólogos y médicos para que revisaran en qué condiciones se encontraban y, por ende, los ayudaran. Uno de los niños hizo un retrato hablado de la mujer que los convencía para llevarlos a ese lugar la red la general de todos es que eran niños de escasos recursos, por lo general sus madres trabajaban todo el día y los dejaban al cuidado de algún familiar o amigo del barrio. Como no podían darle muchos dulces o cosas que a esa edad se desean por naturaleza, la mujer actúa como una posible solución a esos deseos, optaba por ir a ofrecerles dulces, regalos, dinero u otro tipo de cosas. Se ganaba su confianza de tal manera que verla significaba felicidad, llegaba el día en que los invitaba a ir a un parque de diversiones en su camioneta, ellos aceptaban muy felices. De hecho, del mismo barrio se llevó a 5 niños, muchos de los vecinos pensaban que era una buena mujer y los dejaban ir porque estaban seguros de que los iba a llevar a jugar y los regresaría al rato. Desafortunadamente nadie volvió a saber nada de ellos, hasta el día en que la DEA decidió hacer el operativo. Gracias a la colaboración conjunta de todos los niños pudieron hacer un expediente con muchas denuncias, además del retrato hablado de la mujer, las autoridades pegaron la imagen por todas las partes de Tijuana, con el fin de dar con ella, ese sería un gran golpe contra esa organización. Muchos de los muertos en combate resultaron ser mexicanos y estadounidenses, posiblemente estaban pasando los órganos para allá. Antonio se acercó con recelo a uno de los niños porque vio que, contrario a los demás, no se relacionaba con nadie y no se veía asustado. Lo que evidenció le pareció aún más tortuoso, se trataba de una condición especial, tenía una discapacidad mental que impedía que se diera cuenta de lo que estaba pasando, por eso no se veía tan afectado como los otros, ni siquiera sabía qué estaba haciendo ahí, solo estaba un poco aturdido por los estruendos. La maldad de esa mujer llegaba hasta niveles de crueldad superiores. ¿Quién ponía a un niño especial a donar órganos sin ni siquiera saberlo? Aunque no sabía hasta qué punto eso era positivo, los otros tendrían unos traumas psicológicos que serían muy difíciles de lidiar. Por suerte podían meterlos a un programa donde se tendrían capacitaciones y actividades con psicólogos expertos de manera gratuita, puesto que sus familias no tenían cómo pagar toda esa ayuda. Los encargados de limpiar y recoger todo lo hicieron juiciosamente, luego empezaron a contactar a las madres de los niños y a entregar los cadáveres a los que yacían sin vida. En algunas neveras había muchos órganos ya listos para ser transportados, estos quedaron a disposición de las autoridades e iniciaron la búsqueda de la mujer. Antonio seguía herido, sus compañeros le suplicaban que fuera al médico porque llevaba mucho tiempo sangrando, así lo hizo, simplemente quería saber qué más podía hacer para encontrar a aquella mujer. Ya había una nueva persona apta para ingresar a su nueva habitación de presos, merecía un castigo infernal, a él no le importaba ser quien lo infringiera, solo quería que pagara. No sabía hasta qué punto su nueva trabajadora Carla estaba dispuesta a cobrar venganza, solo esperaba que le durara mucho tiempo, era mucho el trabajo que tenían que hacer. De hecho, estaba pensando en formar una organización más grande para hacer justicia, pero eso implicaba un riesgo mayor con las autoridades. Antonio pensó que era necesario tener su propio médico de confianza, hace unos años le había salvado la vida a la esposa del médico Federico, la tenía secuestrada un psicópata y él intervino, pudo evitar que la mataran. Ese hombre quedó muy agradecido, le dijo que le debía todos los favores del mundo, puesto que su mujer era lo que más amaba, no veía la vida sin ella. Por eso aprovechó y lo visitó, mientras lo estaba curando le dijo que quería contratarlo como su médico personal, le pagaría mensualmente una cantidad de dinero alta, aunque no lo utilizara en algunas ocasiones. Lo único que le pedía era total discreción, cuando lo necesitara enviaría a alguien a que lo recogiera o llegaría de manera sigilosa a su consultorio. No le contó a ciencia cierta cuál era su nuevo trabajo, pero le confesó que era riesgoso y necesitaba alguien que estuviera disponible siempre para sanarlo. Federico tenía que trabajar en un hospital y a veces sería difícil zafarse, pero aun así quería que fuera su prioridad. El médico aceptó, a pesar de que no estaba muy convencido, solo lo hizo porque le debía la vida de su esposa y además le iba a dar buen dinero. Con el sueldo que tenía podía vivir bien pero no le parecía suficiente, así que por unos pesos más estaba dispuesto a curarlo en cualquier situación. Le mandó mucho reposo, aunque era evidente que no iba a cumplir esas órdenes, tenía mucho que hacer. Ya le había enviado a Carla toda la información para que pudieran encontrar a la mujer que les hacía daño a los niños y no fue posible por medio del reconocimiento facial dar con ella, no entendía cómo, posiblemente era muy inteligente y sabía que así podían hallarla. La DEA también tenía aparatos tecnológicos que les permitían encontrar a cualquiera criminal, si ella se ponía unos lentes, gorra y tapabocas no podían dar con ella, así no funcionaba ese tipo de tecnología. Cuando llegó a casa vio que Carla no estaba por ningún lado, parece que se estaba tomando muy en serio su trabajo de cuidadora. Lo que no se esperaba Antonio era que sus ganas de venganza fueran tan fuertes, ella estaba en el sótano haciendo sufrir más al estadounidense, dejó de lado al joven que había robado a la anciana, él seguía descompensado, pálido y sin muchas fuerzas. El otro hombre seguía padeciendo, Carla le había quitado todos los alfileres del cuerpo, pero estaba arrancándole con un cortauñas partes de su piel, no le importaba de qué parte del cuerpo, como si lo estuviera haciéndolo a lo loco, tenía pellizcos por todos lados y estaba sangrando mucho. El otro joven ya había comido, pero este ni siquiera había probado una gota. Antonio le dijo la importancia de mantenerlos hidratados y nutridos para que no murieran, su intención no era matar a nadie, simplemente hacerles saber que no podían actuar como se les diera la gana. El sujeto rogaba por su vida, pero Carla decía que ni siquiera merecía comer, un tipo así merecía morir de hambre y solo. Con dolor y desespero el estadounidense pedía compasión a Antonio, estaba seguro que por parte de la mujer no iba a recibir perdón. El estadounidense llegó hasta el punto que Antonio, le pediría, le suplicaba con lágrimas en los ojos y sus dientes apretados que lo mataran, ya no quería sufrir más, afirmaba que todo lo que había hecho estaba mal, solo quería morirse. Antonio le dijo a Carla que había llegado la hora de liberarlo, aunque se lo dijo el secreto para que el otro prisionero no escuchara e hiciera lo mismo sin sentirlo realmente. Ella no quería dejarlo ir, quería que sufriera más, pero la venganza no podía llegar hasta los límites incontrolables, parecía que ya se había convertido en un fetiche para ella, tenían que ser justos y actuar de manera correcta. Antonio lo soltó de la silla, y luego lo amarró nuevamente con una soga, lo metió en la parte de atrás del carro, no sin antes ponerle algo de ropa y limpiarlo un poquito para que no le ensuciara sus sillas. Le vendó los ojos para que no supiera de dónde había salido y lo dejó muy lejos de su casa. Antes de parar le dio algunas vueltas para que no calculara la distancia desde la que había salido, el hombre quedó agradecido con él por dejarlo ir, afirmaba que la mujer estaba loca y lo iba a terminar matando. Antonio se regresó a casa, Carla no estaba muy feliz con lo que él había hecho, pero tenía que entender que él tenía un propósito y no era matar personas, no quería convertirse en un asesino. Todos los muertos que tenía a su nombre eran por algún tipo de operativo obligado de las autoridades y por defensa propia, jamás por iniciativa.
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