Amor a primera vista

1631 Words
Al día siguiente se despertaron con la noticia de que las autoridades ya sabían de las acciones de Antonio. El estadounidense, en cuanto se recuperó un poco, fue mal herido a denunciar al sujeto ex agente de la DEA. Sus compañeros de trabajo no lo podían creer, Antonio siempre se había caracterizado por ser un hombre intachable, aunque cuando lo pensaban más claramente si les parecía posible porque siempre mostraba indicios de que los ideales de justicia propuestos por el estado y las organizaciones no eran suficientes para acabar con la maldad, o al menos para hacer de un pueblo justo. A partir de ese momento ya no podría actuar con total libertad como lo venía haciendo, tendría que cambiar un poco su aspecto y evitar ser visto por las cámaras de seguridad. Salía a la calle con un atuendo diferente, ahora usaba una gorra que le tapaba parte de los ojos y unos lentes oscuros, estaba siempre a la expectativa. Además, también tenía que cuidar a su nueva compañera Carla porque también la había denunciado a ella. Esta última se encontraba muy molesta, evidentemente ella tenía razón, de no haberlo dejado escapar todo seguiría como antes. Antonio reconoció que no pensó en las consecuencias que podía tener dejarlo libre, era obvio que estaba muy resentido e iba a intentar hacer algo en contra de ellos, así no fuera con sus propias manos. Sin embargo, era algo que se esperaba, sabía que en cualquier momento sería la presa de sus ex compañeros. Por suerte también había conservado muy buenas amistades allí, que no estarían dispuestos a entregarlo así de fácil, adicional a eso, era claro que su intención era buena sin estar dentro del margen de la legalidad. Con todo el dinero que tenía compró varias casas en diferentes lugares, ya no solo podía esconderse  en la Ciudad de México, sino también en Tamaulipas, Quintana Roo, Sinaloa, Veracruz, Durango y en el estado de Jalisco. Tenía unas rutas alternas por medio de las cuales podría transportarse sin tener que usar las carreteras principales, sabía que su rostro iba a estar en los retenes de cada paso a diferentes estados. Recibió una llamada de su mejor amigo Isaac, quién le decía que habían encontrado un cuerpo que coincidía con el de la mujer culpable de la muerte de todos los niños. No obstante, estaba totalmente quemada, no podían reconocer a ciencia cierta por medio de la vista si eso era verdad, pero los resultados arrojaron que coincidía con su ADN. Como esa mujer era tan poderosa era muy factible que se hiciera pasar por muerta, fácilmente podrían alterar uno de esos exámenes o pagarle a un forense para que certificara su muerte. Quiso cerciorarse de que en realidad eso fuera correcto, así que pidió los datos donde tenían su cuerpo y se fue a visitarla antes de que sus compañeros de la DEA lo hicieran. Estando en el lugar se dio cuenta de que le habían asignado a ese caso una nueva persona para que le hiciera exámenes, preguntó de quién se trataba y aprovechó para notar si era una persona de fiar. Allí estaba una mujer alta, de tez clara, cabello castaño, ojos claros y labios rosados. Su nombre era Ximena, trabajaba desde hace algunos años en el campo, se veía muy amable y carismática, a Antonio pocas veces le parecían las mujeres dignas de una caracterización a la primera impresión, aunque con ella no tuvo reparos en hacerlas, pero de manera positiva. Se acercó para preguntarle algunas cosas sobre el caso, Jimena se mostró en primera instancia un poco desconfiada, no podía hablar con cualquier extraño sobre su trabajo. Antonio nunca devolvió su placa de la DEA, así que le hizo creer que era parte de la organización, incluso le contó sobre las cosas tan crueles que encontraron en las bodegas donde se hallaba la mujer. Con esa nueva información Jimena se sintió más segura y le dio toda la información, le aseguró que no estaba dispuesta a dejarse sobornar por las personas que estaban interesadas en mostrar la realidad como no era, ante todo era una persona legal y amaba su trabajo. Exploró cada parte del cuerpo de la recién quemada, y según sus análisis, no coincidía con la mujer que ellos estaban buscando. Era evidente que alguien estaba tratando de hacerla pasar por muerta. Sin embargo, al revelar la verdad estaba poniendo en peligro su vida, confesó que alguien intentó sobornarla, pero no fue posible, así que a partir de ese momento tendría que cuidarse un poco más. No quería que juzgaran al primer médico que dio el dictamen, puesto que él mismo le confesó que estaba siendo una víctima más. Esas personas ya tenían ubicada a su hija, incluso le mostraron las fotos de ella saliendo de la escuela. Jimena no tenía muchas personas en su lista de querer, así que no había con qué amenazarla, era una mujer muy solitaria, procuraba no tener muchos amigos para evitar decepciones. Antonio se percató de que tenían muchas cosas en común, eso era muy raro, las mujeres por lo general se caracterizaban por ser sensibles y amorosas con la familia, pero ella estaba alejada de cualquier normalidad. Mientras la veía hablar miraba el movimiento de sus labios, le parecía que sus expresiones eran perfectas. Sus ojos combinaban perfectamente con su piel, parecía que todo era armonioso. Desde hace mucho tiempo no veía una mujer de esa manera, se había enfocado en su trabajo, para satisfacer sus necesidades sexuales acudía por lo regular a Carla, quien a pesar de ser muy bella no se comparaba con Jimena. Con disimulo y mostrando un poco la cotidianidad le preguntó si tenía pareja, a lo que la mujer respondió negativamente.En ese momento su perspectiva de posibilidad cambió, vio en ella una esperanza, aunque eso le daba un poco de miedo, el amor siempre es un trama que envuelve a sus víctimas y les hace hacer cosas que no siempre se encuentran en el margen de la racionalidad. Jimena le empezó a contar cosas de su trabajo, aunque Antonio no entendía nada se hacía el interesado solo para que siguiera hablando y poder pasar más tiempo con ella. Antes de irse le dejó su número para que lo llamara en caso de emergencia, le daba miedo que alguien intentara hacerle daño por haber hablado con la verdad. Se despidieron de beso en la mejilla, mientras Antonio sugería que podían verse algún día para tomar un café, o simplemente para hablar del caso, pues no sabía si ella estaba interesada en buscar siquiera una amistad. Por la manera en que hablaba de su trabajo era claro que estaba interesada más en la parte profesional, igual que él, salvo por ese momento. No lograron concretar nada, ella le hizo señas de que podía ser una posibilidad, pero a ciencia cierta no lo confirmó con la palabra. Antonio se dirigió hacia la salida convencido de que su misión era continuar buscando a la mujer, ya que sabía con certeza que no era la que yacía muerta y quemada en medicina forense. Afuera se percató de que al lado de su carro había unos hombres que parecían estar esperando a alguien, miraban hacia dentro como si su víctima estuviera próxima a salir. Evidentemente no se trataba de él porque cuando lo vieron no hicieron ningún gesto, posiblemente estaban esperando al médico que dictaminó que la mujer que estaba ahí no era por la que ellos querían hacerla pasar. Eso significaba que Jimena estaba en peligro por no ceder ante los sobornos de los demás. Antonio se regresó fingiendo que se le había quedado algo adentro, cuando entró de nuevo a su lugar de trabajo ya la mujer no estaba, lo único allí era el cuerpo que estaba analizando  y su celular tirado en el piso. Lo tomó y empezó a buscar por todas las partes del lugar, no quería que nada malo le pasara, por fin había encontrado una conexión tan fuerte con alguien, no estaba dispuesto a dejarla ir. Luego, disimuladamente sacó su arma para disparar en caso de que fuera necesario. Había rastros de sangre,  decidió seguir esa pista, la sangre era poca pero constante. A lo lejos pudo escuchar la voz de Jimena, gritaba desesperadamente: “auxilio, auxilio, necesito ayuda”. Después de eso se sintió como si de un golpe la hubiera callado, se quedó todo en silencio. Antonio se dejó guiar por el sonido que recordó haber escuchado y efectivamente, dio con ella. Unos hombres pensaban sacarla por la parte de atrás en una camioneta, le disparó a uno de ellos, logró darle justo en la cabeza. La mujer estaba muy asustada, por poco el tiro hubiera sido para ella, pero no, el hombre lo tenía todo totalmente controlado. Ella se agachó porque en ese instante empezaron a llegar más de los guaruras que tenían afuera. Antonio les empezó a disparar a todos, algunas de las balas de sus enemigos le dieron por suerte en su chaleco, el cual era invisible ante los ojos de los demás, Aunque el impacto le dejaba un gran dolor tenía que seguir peleando, de otro modo los matarían a ambos. El primer muerto que había dejado tenía en su mano ya listas las llaves de la camioneta. El hombre le gritaba a Jimena que por favor se las quitará y encendiera el auto para escapar. Ella Jamás había vivido algo tan espeluznante, le daba mucho pánico siquiera tocar un muerto, pero se vio obligada a hacerlo, abrió sus manos fuertemente porque parecía estar apretandola aunque ya estuviera sin vida, le quitó las llaves y las ingresó a la camioneta. Mientras tanto Antonio continuaba disparándole a los que estaban al frente, al menos para distraerlos un poco. 
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