Encuentro apasionado

2156 Words
Antonio y Jimena tenían algo de suerte los hombres del bando enemigo tenían una puntería no muy buena, gastaban muchas balas para intentar darle a Antonio mientras él con solo una lograba derribar a la gran mayoría. Jimena ya tenía la camioneta lista y encendida para que ambos escaparan, el hombre se montó mientras aún continuaba disparando y Jimena arrancó rápidamente. Era una camioneta muy sofisticada, de hecho, sus vidrios eran blindados, los subieron y lograron escapar del lugar. Sin embargo, afuera había otro carro lleno de guaruras que los empezaron a perseguir mientras le disparaban al carro. Antonio rogaba que no le dieran a las llantas porque solo ese modo los detendrían, la única opción que tenían era pasar por un punto de control de las autoridades para que les ayudaran a dispersar a los enemigos. Así lo hicieron, Antonio empezó a guiar a Jimena y pasaron por un control que estaba haciendo el ejército, en cuando vieron que el carro atrás estaba disparando empezaron a dispararle ellos también, de esa manera pudieron escapar. El carro se volcó porque el conductor perdió el control, las balas ingresaron a la parte interna e hicieron que perdiera fuerzas, posiblemente alguna le había dado en su cuerpo. No obstante, también las autoridades empezaron a preguntarse por qué estaban siguiendo al otro auto, eso solo significaba que adentro había una persona muy importante, así que también enviaron a que los siguieran. Por suerte, Antonio tenía mucha experiencia en ese tema, ya que muchas veces persiguió ladrones, lo único que hizo fue esperar a que se acercaran un poco, luego de eso sacó una granada y la tiró haciendo que explotara el lugar. De esa forma no asesinó a las personas que estaban adentro del carro, pero tampoco les permitió continuar. Cuando ya estaban a salvo, al menos ya en una carretera donde no estaban siendo seguidos, Antonio pudo notar que la mujer se veía muy pálida, estaba realmente frustrada y desconcertada. Antonio le dijo para dónde podría dirigirse, tenía una casita en el bosque que usaba en muy pocas ocasiones cuando quería sentirse solo y tranquilo en contacto con la naturaleza, se dirigieron hasta allá para poder descansar un poco de toda la pesadilla. Se bajaron del carro en el lugar indicado, ella no decía ni una sola palabra, Antonio le dijo que ya podían estar tranquilos, nadie ni nada les iba hacer daño en esa finca, de hecho, no había persona alguna que supiera de su existencia, ni siquiera sus padres, a quienes hace mucho tiempo no veía. En tono de chiste le comentó que único que podía encontrarlos era el que la había construido. Ella se quedó mirándolo fijamente, corrió hacia él y lo abrazó mientras le daba las gracias por haber salvado su vida. Si él no se hubiera regresado, lo más probable es que la hubieran secuestrado o torturaron hasta que muriera, todo por no querer dejarse comprar. Estaba muy triste porque la justicia en el país era precaria, la mayoría de funcionarios permitían que el dinero intercediera en sus decisiones y cuando se encontraban con alguien que no hacía lo mismo simplemente lo desaparecían. Por eso a las demás personas ya les daba también miedo actuar de forma diferente, es más fácil volverlos a todos corruptos que acabarlos. A la mujer le entraron algunas dudas, ¿Por qué él simplemente no llegó con más de sus hombres armados para defenderse de los enemigos? Si era de la DEA tenía que tener un operativo listo y planeado con más personas disponibles, actuar solo era muy peligroso, por poco casi pierden la vida y no creía que su jefe lo hubiera enviado solo. Antonio tuvo que ser sincero con ella, le comentó que había desertado de la organización porque ante un acontecimiento que para él fue decisivo no actuaron porque no les pareció importante, en ese momento no le quiso contar bien de qué se trataba, pero le dejó claro que sus ideales de justicia eran otros. Deseaba un México en el que realmente los malos pagaran y nadie pudiera pasar por encima de las personas como si fueran simples cucarachas. A ella le gustaba esa idea, aunque no del todo, jamás pensó que fuera muy factible hacer justicia por cuenta propia, para eso existían unos entes gubernamentales organizados, a pesar de que reconocía que muchas veces eran insuficientes. Jimena estaba muy triste porque amaba su trabajo, y con lo que había pasado lo más probable es que no pudiera regresar, pero cómo iba a sobrevivir entonces, ella vivía de la medicina forense. También podía ejercer de manera particular, pero eran mucho menores los casos que salían, eso solo se daba cuando familiares con dinero tenían las dudas sobre la muerte de algún pariente, impacientes pagaban un médico forense privado para salir de dudas, pero de resto casi todos los cadáveres a analizar venían en el orden de lo público. Antonio quería que estuviera tranquila, le aseguró que tenía todo el dinero necesario incluso para que ella viviera toda su vida sin trabajar, pero Jimena tenía unos ideales muy diferentes, no le gustaba que ningún hombre la mantuviera. Contrario a eso, le gustaba trabajar por sí misma para no depender de alguien más, no le gustaba dar explicaciones y mucho menos tener que guardar fidelidad ante una persona que probablemente no se estuviera portando bien. Su idea más inmediata era viajar a los Estados Unidos o Europa, allí empezar una vida nueva, donde pudiera seguir ejerciendo su carrera. Sin embargo, eso no podía darse de manera inmediata porque tenía que sacar la Visa o el pasaporte correspondiente, nunca antes había salido de México y pensó que no tendría que hacerlo, amaba realmente su tierra y no se veía en otro lugar. De esa manera entendió que Antonio tenía en parte razón, no siempre servía ser bueno, las personas malas pasan por encima del que quieren con tal de cumplir sus propósitos, por eso había que hacer algo. Le preguntó con un poco de timidez si tenía un puesto disponible para ella en su organización de la justicia, podría ser de mucha utilidad, conocía mucho sobre medicina y sabía sobre antídotos que podrían ser letales o incluso podía descubrir qué había consumido una persona. Comprendía perfectamente el cuerpo humano y sus modos de obrar vivo o muerto, le parecía que era un tema decisivo para actuar con respecto a los enemigos. Antonio de inmediato la recibió, aún no sabía qué la iba a poner a hacer exactamente, pero algo se inventaría con tal de tenerla cerca. Le contó que vivía en una casa en la Ciudad de México, pero que tenía muchas casas en otros estados por si quería ir. Actualmente estaba con Carla, una amiga que le ayudaba a cuidar a sus prisioneros, aunque por el momento solo tenía uno, a saber, el joven que había robado a la anciana aquel día. Ella también les infringía dolor o les daba su comida dependiendo de cómo se portaran y el arrepentimiento que mostraran. Jimena no quería ser una piedra en el zapato, posiblemente se trataba de su mujer o esposa, los hombres casi siempre tratan de ocultar sus relaciones para conseguir una nueva y ella no quería ser parte de la inseguridad de otra mujer, así que se negó. Él le suplicó que se fueran juntos, le juró que con ella no tenía nada, incluso podían vivir los tres en la misma casa, sería un ambiente tranquilo porque estarían trabajando bajo los mismos ideales. Decidieron pasar ese resto de día en la casita del bosque, ella no estaba dispuesta a enfrentarse nuevamente a personas que la estuvieron buscando para matarla, quería tener un poco de paz para luego volver a la guerra que implicaba ser una persona que siempre busca el bien. Adentro había una cama muy cómoda, le dijo que si quería ella podía dormir ahí y él en el piso, pero Jimena mostró que tenía ningún inconveniente a pasar la noche juntos, al fin y al cabo, tenía que agradecerle por haber salvado su vida, aunque eso no implicaba necesariamente que tenía que tener alguna relación de tipo s****l. En la casita había comida enlatada y algunas cosas para preparar, como Antonio casi no la visitaba estaba un poco sucia. Juntos la limpiaron y cocinaron algo rico, se sentaron a cenar bajo la luz de la luna, pues había una especie de mesita afuera, de hecho, era muy romántica. Hace mucho tiempo no pasaba el rato con una persona especial, casi no le gusta hablar mucho con mujeres porque le parecía que siempre involucraban sus cosas personales, pero con Jimena todo era diferente, encontraban tema tras tema, hacían chistes, contaban sus anécdotas y se reían de ellas. Antonio decidió sacar un vino que tenía, era de una reserva muy fina, sabía que a ella le encantaría. Tenía un sabor como amaderado, pero era perfecto para ese momento. Se bebieron casi toda la botella e incluso bailaron una canción, pues allí había un equipo que él había puesto con música suave, muy amena, por cierto, para pasar el rato. Cuando se fueron a dormir fue casi imposible evitar que sus labios se rozaran, ambos sentían esa conexión que era imposible evitar, por más que ella trató de resistirse para que él no pensara que era una mujer fácil, las cosas no se le dieron. Sus labios se estaban deseando desde el primer momento en que se vieron frente a frente, el beso fue tímido y muy suave, pero luego sus lenguas rogaban por un encuentro también, así que se empezaron dar un beso muy apasionado. Después del beso, sus manos empezaron a recorrer cada parte de sus cuerpos, a Antonio le parecía tu piel era realmente suave, sus senos cuan montaña perfecta y sus muslos totalmente proporcionales al orden cósmico que era su cuerpo. Del mismo modo, ella sentía que Antonio era muy atractivo, se notaba que había hecho ejercicio muchísimo tiempo, tenía su abdomen marcado, era musculoso y con un cuerpo que revelaba todas las batallas que había tenido. No podía evitar sentir que tenía algunas cicatrices, algunas más profundas que otras, pero eso le daba un matiz más especial. Era una persona que había pasado por muchas cosas, lo que lo volvía de alguna manera más maduro. La noche continuó de manera ardiente, hasta el punto en que Antonio penetró cada parte de Jimena. Cuando terminaron descansaron un poco mientras el hombre le confesaba que nunca había sentido eso con una mujer, por lo general estaba con prostitutas para no involucrarse con nadie, pero se había dado cuenta de que era un gran error, no había nada mejor que sentir la conexión de la otra persona, solo de esa manera puede alguien saber si se trata de amor a primera vista. Según su experiencia lo confirmaba, se había enamorado por primera vez en una noche, a veces se reía de los adolescentes que se decían te amo a la semana estar juntos, pero en ese instante se dio cuenta de que eso no era tan imposible, había sido cuestión de segundos para que sintiera que ella tenía que estar en cada instante de su vida. A ella le pasaba lo mismo, aunque no quería expresarlo, sentía que si lo hacía sería un punto débil para ella, los hombres a veces se aprovechan de lo que las mujeres sienten para hacer de ellas un molde de lo que proyectan. Lo único que reconocía era su interés en que esa noche fuera eterna, no quería que se acabara, aunque eso no podían hacerlo por no manejar el orden de la naturaleza o simplemente no ser dioses. Antonio le prometió que podían repetir, ella podría trabajar con él de ese modo podían pasar momentos inolvidables llenos de todo ese amor que acaban de experimentar. Incluso podemos cansarnos de amarnos tanto, le dijo Antonio mientras sonreía y miraba sus ojos llenos de ternura. De tanto hablar y amarse quedaron totalmente cansados, se fueron quedando dormidos, Jimena en los brazos de Antonio, desnudos y con sus cuerpos totalmente agradecidos por lo que habían hecho. Ese había sido un día muy diferente para ella, jamás imaginó que estuviera a punto de morir y que luego volviera a revivir encontrando a su gran amor, un hombre de acción dispuesto a combatir el mal y a protegerla. Siempre había sentido esa necesidad, aunque jamás lo aceptara, de que alguien estuviera dispuesto a darlo todo por ella, a cuidarla sin más reparos que su amor de vuelta. Temía que esa nueva vida tuviera muchas consecuencias, la muerte podía estar acechándolos a todo momento, pero prefería vivir su vida al 100% que continuar como lo venía haciendo. Antes estaba feliz porque pensaba que eso servía para algo, ser correcto y justo eran sus mayores deseos, pero tampoco quería morir en manos de sus verdugos por hacer las cosas como ella creía que eran mejor.
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