Darío no pegó ojo en toda la noche.
Cuando sonó la alarma del despertador estaba con los ojos abiertos mirando al techo.
Apagó la alarma.
Pero no se levantó de la cama sino que esperó a que volviera a repetirse la alarma en cinco minutos.
Lo primero en lo que pensó fue en Claudio.
- Estoy loco. Debería estar preocupado por mi trabajo y aquí ando pensando en tonterías de adolescente, en vez de estar pensando cómo un tío de casi treinta años.
Se dio con las dos manos en la cabeza, como si así lograra ahuyentar esos pensamientos.
Analizó en su mente cada una de las palabras de los wasaps que le había enviado el día anterior.
Cogió el móvil para examinarlos mejor.
Comprobó que Claudio había estado en línea la última vez la noche anterior a las once y veinticinco.
Aún no estaba en línea lo que ponía de manifiesto que no era madrugador como él.
Le dio rabia no tener noticias de él desde el día anterior. Le pareció extraño pero comenzaba a acostumbrarse al jueguecito de los wasaps. No era habitual en él coquetear de esa manera con otro hombre. Todos los chicos que habían pasado por su vida habían sido de usar y tirar. Ninguno había significado nada para él.
- ¡Ni un solo wasap mierda!
La sintonía de la alarma volvió a repetirse.
Se levantó de la cama, cogió el móvil, conectó las noticias de la radio y se puso el batín.
Mientras ponía sobre la vitrocerámica la cafetera, su cabeza no paraba de darle vueltas a todo:
- Quizás pueda ayudar a Claudio a buscar un trabajo. En el Paseo de la Castellana, hay varias cafeterías que le darían trabajo gustosamente. Me conocen ya desde hace mucho tiempo y me harían el favor...
El humo del café comenzó a salir de la cafetera italiana.
- ¡Pero mierda cómo puedo estar pensando esas cosas! Por favor, Darío relájate y olvida todo esto, solo te va a traer problemas.
Cogió la taza y se fue a la terraza a ver cómo amanecía en Madrid.
Cada día le gustaba contemplar el cielo madrileño e intuir el tiempo que iba a hacer ese día. Después lo miraba en el móvil para confirmar si había acertado o no y elegir un tipo de ropa u otro.
Apuró el café y se fue directo a la ducha.
Se desnudó y se dio cuenta que estaba de nuevo excitado, le daba mucho morbo pensar en él aunque no le conociera pero eso era quizás el morbo de la situación.
- ¡Para! ¡Por dios!
Descorrió la mampara, abrió el grifo y se duchó con agua fría para relajarse.
Toda la excitación se le vino a abajo en cuestión de segundos.
Al salir se miró al espejo y en él vio reflejada su cara angustiada.
- Nada en mi vida parece estar en su sitio ya, tengo que ordenarlo todo o terminaré loco pero el problema es que no sé qué hacer con mi vida: ¿En qué me gustaría trabajar? ¿Estoy dispuesto a aceptar mi homosexualidad? ¿Y tener un novio y mostrarlo a la sociedad?
El corazón se le disparó, no tenía respuesta para tanta pregunta. No se conocía nada a sí mismo, tan sólo se dejaba llevar por la vida y así le iba cómo le iba...dando tumbos de un lado para otro sin rumbo fijo.
Decidió no ir tampoco ese día al despacho, llamaría a Leo y le diría que estaba indispuesto. Sabía que sospecharían de él por la forma en la que desapareció el día anterior pero lo último que le apetecía era volver al trabajo. Sabía que sí volvía a ver a Sophie era capaz de matarla. Regresaría cuando estuviera más calmado.
Decidió no salir de casa en todo el día.
Cuando cayó la noche, después de cenar, le apeteció echarse una copa.
Fue a la nevera y sacó un vino espumoso.
Lo descorchó en el salón.
Volvió a mirar el móvil: no había tenido ni un solo wasap de Claudio en todo el día.
Cogió el móvil y lo lanzó furioso a la otra punta del sofá.
El vino comenzó a hacerle efecto y se sintió ya algo mareado.
Se levantó a por el móvil y busco en Google "cine porno gay".
Se reclinó en el sofá y eligió una película de jovencitos: eran sus preferidas porque los mayores nunca le habían atraído.
Transcurridos unos minutos notó qué estaba muy cachondo.
Se miró el pene y estaba a punto de explotar.
Paró la película y decidió salir a dar una vuelta...
Se puso unos jeans muy ajustados sin calzoncillos debajo porque le excitaba mucho no llevar puesta ropa interior y que se le marcara el paquete.
Arriba se puso una camiseta blanca Calvin Klein ceñida que resaltaba su cuerpo musculado y se perfumó con Le Male de Jean Paul Gautier.
Se detuvo en el portón del edificio.
Hacía mucha calor a pesar de ser de noche.
Comenzó a arrepentirse de haberse puesto pantalón largo. Decidió subir a casa a cambiarse el pantalón por unas bermudas. Le dio mucho morbo al pensarlo. Fue hasta el armario y buscó las bermudas más ajustadas que tenía. Escogió unas blancas semitransparentes.
Se miró al espejo y se excitó.
Salió a la calle para perderse por las calles de Madrid.
Decidió tomar una copa por el barrio de Chueca.
Iría al pub en el que conoció a Claudio.