Capítulo 12

976 Words
Se quitó las manos del rabo y lo dejó al descubierto. Estaba totalmente empalmado. Parecía un caballo. Avanzó en dirección al pasillo. Cruzó el umbral. La oscuridad le impedía ver con claridad por donde andaba. Comenzó a oír gemidos. La única luz provenía de pequeñas velas encendidas que estaban distribuidas por el suelo a cierta distancia unas de otras. Alguien pasó por delante de una vela y Darío vio una sombra fugaz que desapareció rápidamente. A su lado notó la respiración de alguien. No podía ver con claridad de quien se trataba ni si era joven o mayor. A Darío solo le ponían los jóvenes y delgados. Los mayores no le excitaban nada. Una mano comenzó a manosearle el culo. Pegó su cuerpo al de Darío y comenzó a rozarse con el de él. Le pasó la mano por delante y agarró fuertemente el rabo erecto de Darío. Comenzó a movérselo hacía arriba y hacía abajo lentamente. Darío jadeaba de placer. Unas nuevas manos se unieron tocándole el pecho y besándole suavemente los pezones. Darío gritó de placer. Por su piel suave supo que era joven y eso le excitó aún más. Se dejó hacer de todo. El que estaba por detrás comenzó a darle pequeños bocados en el culo. El chico de delante se arrodilló en el suelo y comenzó a chupar el rabo de Darío lentamente. Darío no recordaba que nadie se la hubiera chupado así de bien. Le mordisqueaba el glande y jugaba enloquecido con él. El chico se levantó para susurrarle algo al oído de Darío: - Me vuelve loco tu rabo... Pero Darío quería seguir avanzando por el pasillo y descubrir que había más allá. Oyó gritos, gemidos, jadeos... Pudo distinguir que procedían de dos hombres. No estaban muy lejos. Gritaban muy fuerte. Estaban practicando una penetración. Darío quería verlos. Le excitaba mucho ver sexo en directo. Se deshizo de los dos chicos con cierta dificultad porque el que estaba detrás de Darío le sujetaba con fuerza. Darío le dio un manotazo y entonces lo dejó marchar. Comprobó que no había mucha gente. Era aún temprano. La gente estaba divirtiéndose por las cafeterías de la zona y acudirían allí cuando estuviera todo cerrado y les entraran las ganas de fornicar. A cada paso que daba, notaba unas manos agarrándole su rabo. Los gritos se oían más cerca. Pudo distinguir dos sombras apoyados en una pared comiéndose a besos completamente desnudos. Sintió el deseo de unirse a ellos pero continuó andando porque el morbo de ver a dos hombres fornicando, le excitaba más que nada en el mundo. Vio una luz al fondo del pasillo. Estaba aproximándose. Alguien se le echó encima y empezó a manosearle el rabo. Se arrodilló en el suelo ávido por metérselo en la boca pero Darío lo apartó con la mano bruscamente y continuó avanzando. La luz de la vela le dio en la cara y Darío observó que era un señor mayor. - ¡Cabrón! oyó que le dijo el señor a sus espaldas. Cuando llegó, se detuvo para contemplar la escena. Un hombre estaba acostado con las piernas muy abiertas para arriba y otro estaba pegado a él, inclinándose fuertemente hacía delante y hacía atrás. Los dos gritaban de placer. Estaban dentro de una jaula. Fuera de ella, tras los barrotes, varios hombres se masturbaban unos a otros contemplando lascivamente la escena. Darío se puso detrás de ellos y comenzó también a mirar. El rabo le iba a explotar en mil pedazos. Estaba completamente duro, parecía que iba a reventar de un momento a otro. Quería eyacular, no podía resistir ya más. Notó cómo un liquido viscoso le salía por la parte de arriba de su rabo. Sabía que si se tocaba, eyacularía. Continuó observando la escena. Se preguntó cómo podían llevar tanto tiempo fornicando sin eyacular. Él no hubiera aguantado tanto. Notó la respiración de alguien en su cuello y cómo un pene erecto se posaba sobre su culo respingón. El rabo comenzó a jugar con su culo, a rozarlo, a frotarlo, a meterlo por debajo... Darío estaba muy cachondo. - Tienes un rabo de caballo... le susurró al oído. Te la voy a comer entera...Estoy hambriento... Le giró la cabeza a Darío y comenzó a besarlo con fuerza, enroscando su lengua con la de Darío. Besaba muy bien. A Darío le encantó que le besara con tanta fuerza, cómo si quisiera tragárselo. Darío comenzó a acariciar su cuerpo. Era un cuerpo fibrado, cómo le gustaba a Darío. Y joven... Darío bajó las manos hasta llegar a su rabo. Estaba impaciente por saber lo que había entre sus piernas. Pero no le gustó lo que tocó. Era un rabo muy pequeño. A Darío se le quitaron las ganas de seguir tocándole y se apartó. Pero el chico le siguió y se le pegó de nuevo a él. Los hombres que estaban contemplando la escena tras los barrotes de la jaula se besaban entre ellos y se manoseaban furiosamente. Uno estaba de rodillas y chupaba dos rabos al mismo tiempo. Darío entonces recordó que había quedado con Claudio. Miró para los lados en busca de un reloj pero la oscuridad era total. Tampoco podía pedir la hora a nadie porque todos iban desnudos. Tenía que salir de allí cuánto antes. No quería dejar pasar esa oportunidad. Llevaba horas pensando en él. Comenzó a masturbarse frenéticamente. Un hombre que estaba al lado de él se percató y se arrodilló rápidamente. Darío comenzó a eyacular en su boca. Vació todo lo que llevaba dentro. Cuando terminó, se dio la vuelta y regresó hasta la entrada para recoger su ropa. Necesitaba ver el móvil para comprobar si tenía algún wasap de Claudio. Le entregó al chico del guardarropa su ficha con el número 16. Cogió el móvil de las bermudas. Tenía dos notificaciones de wasaps. Eran de Claudio.
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