Leyó los dos wasaps de Claudio en la pantalla del móvil:
"Cómo vas? Yo de camino ya a la disco"
---------- Diez minutos después------------
"Ya he llegado. No llevaré el móvil encima, lo tengo prohibido. Esta noche me ha tocado la barra de la segunda planta. Uf lo que me espera..."
--------------------------
Darío conocía esa planta de la discoteca: Era de música disco y donde más gente se concentraba.
Miró la hora: las doce y cincuenta.
Faltaban diez minutos para la una.
Se puso la camiseta y la bermuda rápidamente y salió a la calle.
La discoteca Piscis quedaba a dos calles de donde se encontraba él.
Se miró de arriba a abajo y se sintió ridículo con aquella ropa tan ajustada de colegial.
No quería empezar con mal pie en su primera cita.
Su casa quedaba a unos veinte minutos.
Prefirió ir andando, a hacerlo en taxi.
Comenzó a abrirse paso entre la gente.
La calle en la que estaban todos los locales de marcha estaba repleta de gente.
Llegó hasta el portón de su edificio.
Sacó la llave y cuando fue a abrir la puerta, alguien salía.
Era su vecino del piso de abajo. No llevaba mucho tiempo viviendo en el edificio. Era guapísimo. Parecía un príncipe y siempre iba elegantemente vestido, tenía mucho estilo. Nunca había pasado nada entre ellos dos porque Darío no había querido por vivir tan próximo a él. Era mejor ser precavido y evitar futuros problemas.
- ¿Hola, qué tal? Le saludó él sonriente sujetando la puerta para que entrara primero Darío.
Se había presentado unos días antes en el ascensor. Se llamaba Mikel y había venido a vivir a Madrid porque había aprobado una oposición de técnico para trabajar en el Ministerio de Agricultura. Parecía muy feliz.
Darío se sintió al lado suyo tan patético... Pensó que a otra vez cuando se fuera a buscar sexo, se llevaría un macuto para cambiarse de ropa.
- ¡Hola Mikel! Voy a cambiarme de ropa y saldré a tomar una copa. Esta noche no me quiero acostar tarde, tengo cosas que hacer mañana bien temprano.
Mikel le miró disimuladamente de arriba abajo cómo pensando si era el mismo vecino que unos días antes se había encontrado con él en el ascensor e iba vestido con un impecable traje corbata y un maletín.
- Pues igual que yo. También he quedado con unos amigos para divertirnos. Iremos a Chueca. Primero vamos a tomar unas cervezas al Delirio y después nos pasaremos por Piscis para pegarnos unos bailes. Me gusta la música que picha el dj que está en la sala de la planta de abajo, al fondo de la disco. Es todo música tecno. Se pone muy bien, la verdad.
Darío no supo que contestar cuando oyó que él también iba a ir a Piscis.
Lo último que deseaba era que su vecino se enterara que era gay.
- Qué puta casualidad... pensó.
Ahora tenía un problema...
Notó cómo su vecino bajaba la mirada disimuladamente hacía su polla.
Darío se ruborizó.
No estaba nada excitado ya porque había descargado bien...
- ¡Bueno, pues diviértete Darío! Ya hablamos.
Mikel salió a la calle cerrando la puerta tras de sí.
Darío cogió el ascensor.
Cuando entró a casa se sintió angustiado, no sabía qué hacer.
Se debatía ansiosamente entre sí ir o no a la discoteca.
Fue hasta el vestidor.
Se desnudó completamente.
La polla estaba ligeramente erecta, parecía que no había tenido bastante por aquella noche, quería más...
Darío pensó en su vecino, se imaginó su cuerpo desnudo acostado entero para él sobre la cama y notó la erección de nuevo.
Se preguntó cómo sería su polla.
Se observó en el espejo y se excitó aún más al verse totalmente erecto.
Se debatía indeciso si salir o no esa noche.
Lo último que le apetecía esa noche era encontrarse de nuevo con su vecino de fiesta por Piscis. Descubriría su secreto...
Pero también deseaba acostarse con Mikel. Le daba tanto morbo cuando estaba acostado en su cama pensar que su vecino estaba en el piso de abajo desnudo sobre la cama... Más de una vez se había masturbado pensando en él.
Entonces recordó que su vecino le había dicho que iba a estar en la sala de música de la planta de abajo de la discoteca y Claudio iba a estar en la planta de arriba, no tendrían porque cruzarse y verse, sería mucha casualidad. La discoteca Piscis era inmensa con tres plantas y varias salas de baile en cada una de ellas con diferentes tipos de música. Además estaba siempre a reventar de gente.
Se armó de valor y decidió ir con todas las consecuencias.
El vestidor estaba abarrotado de ropa de marcas de lujo.
Dudó qué ponerse:
- ¿Camisa o camiseta? ¿Vaqueros o chinos? ¿Zapatos o deportivos?
Debía darse prisa.
Miró el reloj del móvil: la una y cuarto.
No había ninguna notificación nueva de wasap.
Escogió finalmente unos jeans ajustados rotos de Giorgio Armani y una camiseta básica blanca de Christian Dior.
Se perfumó con Jean Paul Gaultier y se peinó el pelo hacía el lado con una raya en el lado.
Se miró al espejo:
- ¡Esta noche triunfo!
Cuando llegó a Chueca no cabía un alfiler por las calles.
Ya estaban comenzando los preparativos para el próximo Orgullo LGBT que iba a celebrarse en breve.
La gente bebía en la calle en pequeños grupos.
El murmullo era muy molesto que a su vez se mezclaba con la música de las barras de los pubs que habían sacado a la calle.
Darío aceleró el paso intentando pasar desapercibido.
Sentía mucha curiosidad por ver a Claudio y comprobar si lo recordaba o no.
Se preguntó cómo sería su cara porque no tenía recuerdos de él.
Llegó a la discoteca. Era la más grande de la zona y donde acababa la gente la noche. Antiguamente había sido un teatro. La fachada estaba toda iluminada y arriba en el techo había un gran rótulo en el que se podía leer en grandes letras rojas: Discoteca Piscis.
Había una larga cola para entrar.
Darío agachó la cabeza para que nadie pudiera reconocerle y se puso el último.
La cola avanzaba rápidamente.
Iba llegando más gente que se iban también uniendo.
Mikel llevaba una copa en la mano y reía a carcajadas con las gracias de su amigo.
Miró hacía adelante y vio a su vecino Darío en la cola.
Sonrió.
Darío a él no le vio.