Efectivamente no se había equivocado.
Era un wasap de Claudio:
- "No puedo dormir ¿Cómo va el día?"
Darío comenzó a lamentarse de porque mierda le había dado su número de teléfono.
Ahora lo invadiría a wasaps.
Continuó andando.
El cielo se escaba encapotando, se avecinaba una tormenta.
No contestaría a Claudio para no dar lugar a la réplica, lo último que le apetecía era tener ahora una larga conversación por wasap. Estaba en horario de trabajo y no quería distraerse, lo primero era lo primero, se dijo para convencerse.
El Paseo de la Castellana era un trasiego constante de gente que iba hacía sus puestos de trabajo.
En esta calle se concentraban los despachos de abogados más prestigiosos de toda España: Garrigues, Cuatrecasas, Uría Menéndez...y también NY, el despacho en el que trabajaba Darío de abogado penalista desde hacía dos años.
Llegó hasta el portón del edificio.
Observó la placa metalizada en la entrada: "Despacho NY" Planta 15, Puerta 7.
Se detuvo angustiado.
- No puedo hacerlo, no tengo fuerzas para enfrentarme a todos.
Comenzó a marearse.
Apoyó la espalda en la pared y se desabrochó la camisa por el cuello.
El móvil comenzó a sonar.
Se lo sacó del bolsillo.
"Llamada entrante Despacho NY"
- ¡Mierda! No me dejan en paz ni un segundo.
El portero le miró desde dentro de la portería.
Descolgó la llamada.
- ¿Si?
Era Leo:
- Darío ¿Viene usted? Don Juan dice que tiene que irse a un juicio pero quiere hablar con usted antes...
Darío guardó silencio.
Respiró hondo y se armó de valor.
- Pues dígale usted que no voy a ir.
- ¿Y eso? Me está diciendo Don Juan que venga inmediatamente o se arrepentirá.
- Estoy indispuesto y me voy a marchar a casa, ya hablaremos en otro momento.
Y colgó la llamada.
Comenzó a andar sin rumbo por el Paseo de la Castellana.
Dudó si ir a casa o pasear y finalmente optó por pasear sin rumbo.
Necesitaba que le diera el aire y ordenar su vida. No podía seguir así o caería enfermo. La ansiedad le asfixiaba: el corazón se le salía del pecho, la respiración se le iba por la boca...
- Primero un paso y luego otro... ya se me pasa... tranquilo... no sucede nada... olvida tus pensamientos... no los alimentes... Se aplicaba las técnicas que le había sugerido su terapeuta para la ansiedad.
Tuvo la sensación que todo el mundo le miraba...
- ¿Acaso se me nota que no me encuentro bien? Olvídate de la gente, son solo pensamientos, no los alimentes...
Llegó hasta el final de la Castellana.
Decidió ir al Parque del Retiro, a esas horas no habría mucha gente porque estaba todo el mundo en sus puestos de trabajo, todo el mundo menos él.
Le pareció que el Parque quedaba muy lejos pero aún así decidió ir.
Cuando llegó se introdujo entre los árboles: aquello si que era tranquilidad. Le gustaba perderse por el parque porque allí encontraba el remanso de paz que le faltaba a su cabeza.
Se sentó en un banco, respiró hondo y miró hacía el nublado cielo.
- Aspira... inspira... aspira... inspira... Otra vez... Cálmate, ya ha pasado todo...
Se sacó el móvil y lo dejó a su lado.
Puso música de relajación.
. Será mejor que deje de visitar esos pubs o me costará la vida. No puedo continuar llevando una doble vida... De día un afamado abogado, con una vida tradicional, complaciente, cortés, refinado... y de noche perderme por los peores pubs de la ciudad, emborrachándome, liándome con uno, con otro... ¡No dios! ¡No puedo caer tan bajo! ¡Voy a terminar loco!
- Aspira... inspira... aspira... inspira... Otra vez... Cálmate, ya ha pasado todo...
Se sintió más aliviado. Había sido buena idea ir al Parque.
Varios corredores pasaron frente a él haciendo footing.
- Parecen felices... ¿Y porque yo no? Si lo tengo todo, no puedo pedir nada más a la vida.
Siguió mirando alrededor.
Observó que un chico que estaba corriendo se detuvo frente a él.
El chico le miró.
A Darío le dio la impresión que le sonría.
Pero no le quitó importancia...
El chico se puso a hacer flexiones... una, otra... y continuaba mirándole pero esta vez de forma más descarada.
- Me está mirando y sonriendo... no sé quien es, no le conozco...
El chico se levantó, miró alrededor para comprobar si alguien miraba y disimuladamente se bajó la mano hacía el ajustado pantalón. Comenzó a tocarse, primero disimuladamente, luego palpándose más fuerte...
- Pero qué hace, está loco aquí en medio del parque.
El chico se fue hasta un árbol próximo para ocultarse.
Darío miraba disimuladamente: primero para la derecha, luego para la izquierda y de nuevo al chico.
- ¡Está empalmado! Uf me estoy poniendo cachondo... ¡Vaya rabo tiene!
Darío se levantó avergonzado del banco y comenzó a andar apresuradamente para huir de allí.
Divisó a lo lejos la salida del parque.
Volvió a mirar hacía atrás para comprobar si el chico había desaparecido.
Pero se equivocó: le estaba persiguiendo.
Continuaba empalmado.
Y Darío también.